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viernes, febrero 13, 2015

'La señal', querer no es poder

William Eubank tiene buenas ideas y quiere hacer una buena película con ellas, pero La señal no llega tan lejos como pretendía. Es un perfecto ejemplo de que querer no es poder. Eubank quiere pero al final da la sensación de que no puede. No por falta de medios, el hecho de que sea un filme modesto e independiente no afecta en absoluto al resultado final, porque la técnica es precisamente lo que hace que La señal se sostenga con bastante dignidad durante buena parte del metraje. Pero siendo una película tan supeditada a la sorpresa final, tiene un referente demasiado evidente como para que sorprenda tanto como debería. El referente, por supuesto, no se mencionará aquí para no arruinar la experiencia del visionado, pero sí se puede decir que este filme se queda muy por debajo de aquel en todo. Y además hay un cierto descuido en los detalles, que se supeditan tanto al funcionamiento de las ideas que da la sensación de que hay algunas incoherencias, por no hablar de lo discutible que son incluso algunos de los temas y situaciones de base.

La señal, no obstante, no es en general una película mal llevada. La tensión, el misterio y los giros son lo que mantiene el interés, incluso aunque las respuestas no acaben siendo todo lo satisfactorias que podrían haber sido. Es verdad que hay algunos detalles que, madurándolos tras ver la película, encuentran explicación en las imágenes de Eubank y en el guión que coescribe, pero otros muchos no, y es ahí donde se le escapa la cinta. Lógicamente, entrar en detalle en estos aspectos exige haber visto la película o asumir spoilers de forma innecesaria (¿existe realmente una situación en la que eso sea necesario?), así que lo mejor es dejarlo ahí y que cada espectador decida, pero sí se puede decir que queda una leve sensación de decepción por ver que la película no explota todas sus posibilidades, no sólo por su final, que de alguna manera era la única opción lógica que le quedaba a la historia desde muchos minutos antes, sino porque en realidad hay demasiadas cosas que parecen aleatorias.

Lo que sí se puede contar es que la película arranca con tres estudiantes de informática que están en un viaje, Nic (Vrento Thwaites) y Haley (Olivia Cooke) son pareja, y Jonah (Beau Knapp) es el mejor amigo de ambos. Además de los problemas emocionales que surgen y que motivan ese viaje, por el camino se van enfrentando a un hacker que les reta continuamente. Y ese es el punto de partida de un problema todavía mayor al que tendrán que hacer frente, y en el que juega un papel fundamental el personaje interpretado con un curioso sosiego por Laurence Fishburne. Aunque por momentos parece que la película quiere explorar la diferente forma en que responden según su personalidad y circunstancias, lo cierto es que esa idea tampoco es consistente. Lo que queda es el misterio, la tensión de no saber lo que está sucediendo y la diversión de ir enlazando pistas. ¿Pero y si no hay misterio? ¿Y si se resuelve la gran pregunta antes de que la película ofrezca la respuesta? Entonces queda claro que el andamiaje no es tan sólido como debiera.

En realidad lo que hace que La señal se mueva a uno y otro lado de la línea de la satisfacción está en los detalles. Estos dejan algunas dudas, demasiadas lagunas, incluso más de una incoherencia, y por eso no es fácil dar el aplauso a Eubank, incluso reconociendo los méritos que tiene su modesta película. Entre estos no está el salto estilístico que da en cierto momento de la película para abrazar de forma innecesaria el found footage al estilo de El misterio de la Bruja de Blair, en una escena que aporta más bien poco a la película. Sí destaca el buen uso de los escasos medios para crear una buena atmósfera de género, un reparto adecuado y un interesante uso de los efectos visuales, que incluso abren más posibilidades no utilizadas dentro de una historia que gusta, intriga, pero no termina de dar el paso que podría haber dado para completar sus elevadas y no demasiado bien asentadas aspiraciones intelectuales.

'No confíes en nadie', bien interpretado thriller de sobremesa

Es difícil evitar la sensación de que No confíes en nadie no deja de ser un thriller de sobremesa con tres espléndidos actores encabezando el cartel. Su título en español, de hecho, alejadísimo en todo del original Before I Go to Sleep, lleva a ese referente. Y el caso es que hay buenas ideas en la película de de Rowan Joffe, sobre todo las que le sirven para exponer la trama de esta mujer que se despierta cada día sin recordar absolutamente nada de su vida presente como consecuencia de las lesiones sufridas en un accidente, pero la segunda mitad del filme va confirmando los agujeros en la trama (en realidad, la misma película parte de un escenario enormemente innecesario) y que no esconde demasiados elementos sorprendentes e innovadores. Funciona bien gracias a su lograda atmósfera de thriller psicológico, no aburre en ningún momento e incluso captura con acierto al espectador durante buena parte del metraje, pero sin su reparto probablemente sería una película mucho menos apreciable.

Los terrenos de la mente siempre son sugerentes para el cine. No confíes en nadie sabe interpretar las ventajas que le da ese escenario y aprovecha a sus actores para sacar partido de la trama. Nicole Kidman convence como la mujer amnésica que cada día tiene que enfrentarse a una vida que no reconoce, Colin Firth aporta matices interesantes a ese marido que día tras día tiene que explicarle a la mujer que duerme a su lado que es su esposa aunque no lo recuerde y Mark Strong aporta una muy agradecida calma en su papel de médico dispuesto a llegar al final para encontrar una cura al problema de su paciente. Cuando juega por ahí, No confíes en nadie es una película atractiva, bien rodada y montada, que genera la tensión necesaria para que ningún espectador se despegue de la historia. Pero si bien en este terreno la película funciona, no lo hace en cuanto se rinde a lo mundano, a lo cotidiano, a lo usual, porque eso es lo que desvela las trampas y los agujeros de la película.

Por supuesto, nada de eso se puede discutir en una crítica que no quiera hacer spoilers, pero sí se puede decir que hay demasiados elementos difíciles de creer que conforman un castillo de naipes que sólo se puede creer si no se sopla para derribarlo. Es decir, la película exige una credulidad excesiva por parte del espectador, desde la misma premisa hasta muchos de los detalles sobre las que Joffe construye el filme, del que también es guionista, hasta los detalles más pequeños, como la estratégica colocación física de los elementos que le van a ser útiles en algunas escenas. Si no se hunde, además de por la habilidad atmosférica de Joffe, es precisamente por la categoría del reparto. Ellos rellenan en muchas ocasiones los agujeros del guión para que el interés siga ahí, en realidad, hasta el largo epílogo de la película, quizás algo innecesario y todo un golpe al tono que iba llevando la cinta hasta ese momento.

De esta manera, No confíes en nadie es un thriller psicológico correcto, que no aprovecha del todo las numerosas e interesantes ramificaciones que plantea al problema de memoria que sufre la protagonista, pero es lo suficientemente satisfactorio por ese lado como para aunar una cierta originalidad (aunque los referentes de Joffe son inagotables) y una suficiente solvencia para que no se haga demasiado largo. Sin pensar demasiado en el detalle, incluso puede pasar por una película algo mejor de lo que es, sus trampas se pueden esquivar con más facilidad y las concesiones a lo convencional resultar algo menos molestas. Pero siempre y cuando quede claro que son los actores, Kidman, Firth (que, por cierto, coinciden de nuevo muy poco después de haber estrenado Un largo viaje) y Strong los que sostienen buena parte de lo que se nos cuenta. Ellos convencen mucho más que el conjunto de la película.