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viernes, mayo 29, 2015

'Son of a Gun', tan poco original como entretenida

Hay quien dice que en cine está ya todo inventado. Sin ser eso cierto del todo, sí es verdad que hay clichés que se repiten una y otra vez. Eso, en realidad, no es lo que marca la frontera entre una buena y una mala película. Son of a Gun es de las buenas. No de las memorables, pero sí de las que tienen la dignidad de cumplir con esa función de entretener con solvencia. Eso no impide que su propuesta, debut en la dirección del también guionista del filmem Julius Avery, sea poco original. No lo es, da la impresión de que sí va a innovar aunque sea ligeramente con un arranque carcelario interesante, pero con el salto a la vida fuera de los muros de la prisión se va adentrando en terrenos cada vez más conocidos e irregulares. Eso sí, la película deja unas buenas escenas de acción, controladas pero competentes, y especialmente un buen reparto, encabezado por un Ewan McGregor que a veces da la impresión de que si se soltara algo más podría llegar a ser mejor actor de lo que suele mostrar.

Son of a Gun cuenta la historia de un chaval de 19 años al que encierran en prisión. Sólo seis meses, en realidad nunca se llega a decir la causa, pero le bastarán para meterse en problemas. Se los solucionará uno de los líderes de los presos, a cambio por supuesto de su ayuda cuando esté fuera. Así se entabla una curiosa relación con la que la película juega acertadamente, a medio cambio entre la del jefe y el subordinado, el padre y el hijo y unos socios al mismo nivel. Puede que, en realidad, no haya demasiada profundidad entre los personajes (a excepción de su última conversación, que quizá dice más de ellos que todo lo anterior), pero fluye bastante bien dentro de la historia de atracos y criminales que propone Avery. Y sí, todo eso forma parte de los tópicos en los que cae, pero resulta evidente que su director no ha querido correr demasiados riesgos, sólo hacer que todo funcione (o parezca funcionar, que de todo hay) para llegar a los mínimos exigibles.

Eso lo hace con bastante facilidad. Primero, porque deja que los actores se hagan con los personajes, respetando los clichés pero sin hacerlos demasiado evidentes, apostando por la solidez del grupo aunque se pueda destacar a sus tres protagonistas. A Ewan McGregor da gusto verle en este papel casi de antihéroe, con toques al mismo tiempo de mentor y de criminal, alejado de los toques de comedia que tanto le suelen gustar y abriéndole horizontes en los que no suele moverse, y la joven pareja protagonista, la que forman Brento Thwaites (protagonista de La señal) y Alicia Vikander (Ex Machina o El séptimo hijo) se desenvuelve bien en lo que les toca. En segundo lugar, Avery no rueda mal, especialmente cuando tiene que mostrar algo más que unos personajes hablando entre sí. Tiene una pieza de acción cumbre en la película, la escena del atraco en su conjunto, y la lleva con bastante nervio, dando la impresión de sacar algo más de lo que habría sido normal con los medios que tenía.

No hay que esperar nada rompedor en Son of a Gun, ni en la historia ni en la forma en que Avery la ha llevado a la pantalla, pero sí que hay que reconocer una solvencia más que interesante. Aún teniendo sus altibajos, que los tiene y quizá sean más de los que a su director le habrían gustado, la película nunca pierde el interés, funciona francamente bien en su introducción como drama carcelario y con cierta holgura a partir de ahí como aventura de ladrones que planean grandes robos para poder sostener el lujoso estilo de vida que es obligado mostrar para envidia del espectador. Tópica, sí, incluso en una resolución que, como suele ser habitual en el cine moderno, exige una gran benevolencia por parte del espectador. Pero es al mismo tiempo un thriller agradablemente entretenido en el que además se puede encontrar a un buen McGregor haciendo algo que para él sí parece diferente.

viernes, febrero 13, 2015

'La señal', querer no es poder

William Eubank tiene buenas ideas y quiere hacer una buena película con ellas, pero La señal no llega tan lejos como pretendía. Es un perfecto ejemplo de que querer no es poder. Eubank quiere pero al final da la sensación de que no puede. No por falta de medios, el hecho de que sea un filme modesto e independiente no afecta en absoluto al resultado final, porque la técnica es precisamente lo que hace que La señal se sostenga con bastante dignidad durante buena parte del metraje. Pero siendo una película tan supeditada a la sorpresa final, tiene un referente demasiado evidente como para que sorprenda tanto como debería. El referente, por supuesto, no se mencionará aquí para no arruinar la experiencia del visionado, pero sí se puede decir que este filme se queda muy por debajo de aquel en todo. Y además hay un cierto descuido en los detalles, que se supeditan tanto al funcionamiento de las ideas que da la sensación de que hay algunas incoherencias, por no hablar de lo discutible que son incluso algunos de los temas y situaciones de base.

La señal, no obstante, no es en general una película mal llevada. La tensión, el misterio y los giros son lo que mantiene el interés, incluso aunque las respuestas no acaben siendo todo lo satisfactorias que podrían haber sido. Es verdad que hay algunos detalles que, madurándolos tras ver la película, encuentran explicación en las imágenes de Eubank y en el guión que coescribe, pero otros muchos no, y es ahí donde se le escapa la cinta. Lógicamente, entrar en detalle en estos aspectos exige haber visto la película o asumir spoilers de forma innecesaria (¿existe realmente una situación en la que eso sea necesario?), así que lo mejor es dejarlo ahí y que cada espectador decida, pero sí se puede decir que queda una leve sensación de decepción por ver que la película no explota todas sus posibilidades, no sólo por su final, que de alguna manera era la única opción lógica que le quedaba a la historia desde muchos minutos antes, sino porque en realidad hay demasiadas cosas que parecen aleatorias.

Lo que sí se puede contar es que la película arranca con tres estudiantes de informática que están en un viaje, Nic (Vrento Thwaites) y Haley (Olivia Cooke) son pareja, y Jonah (Beau Knapp) es el mejor amigo de ambos. Además de los problemas emocionales que surgen y que motivan ese viaje, por el camino se van enfrentando a un hacker que les reta continuamente. Y ese es el punto de partida de un problema todavía mayor al que tendrán que hacer frente, y en el que juega un papel fundamental el personaje interpretado con un curioso sosiego por Laurence Fishburne. Aunque por momentos parece que la película quiere explorar la diferente forma en que responden según su personalidad y circunstancias, lo cierto es que esa idea tampoco es consistente. Lo que queda es el misterio, la tensión de no saber lo que está sucediendo y la diversión de ir enlazando pistas. ¿Pero y si no hay misterio? ¿Y si se resuelve la gran pregunta antes de que la película ofrezca la respuesta? Entonces queda claro que el andamiaje no es tan sólido como debiera.

En realidad lo que hace que La señal se mueva a uno y otro lado de la línea de la satisfacción está en los detalles. Estos dejan algunas dudas, demasiadas lagunas, incluso más de una incoherencia, y por eso no es fácil dar el aplauso a Eubank, incluso reconociendo los méritos que tiene su modesta película. Entre estos no está el salto estilístico que da en cierto momento de la película para abrazar de forma innecesaria el found footage al estilo de El misterio de la Bruja de Blair, en una escena que aporta más bien poco a la película. Sí destaca el buen uso de los escasos medios para crear una buena atmósfera de género, un reparto adecuado y un interesante uso de los efectos visuales, que incluso abren más posibilidades no utilizadas dentro de una historia que gusta, intriga, pero no termina de dar el paso que podría haber dado para completar sus elevadas y no demasiado bien asentadas aspiraciones intelectuales.