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viernes, septiembre 04, 2015

'Dark Places', liar por liar

Las referencias son un claro enemigo del cine moderno, mucho más cuanto más alto se apunta. Encontrarse en el cartel de Dark Places que se trata de una película basada en otro libro de la autora "del Best-Seller Perdida" es una mala referencia, por enigmático que les parezca a los encargados de márketing. Porque, desde luego, el resultado de este filme de Gilles Paquet-Brenner, es bastante inferior al del sugerente trabajo de David Fincher aunque quiera partir de misterios y técnicas fácilmente emparentables. Pero la comparación es insostenible. Lo que en Perdida era un argumento diabólicamente orquestado, aquí es liar por liar, introducir elementos de una forma continua para alimentar un misterio que al final no es tan satisfactorio como debiera. Es casi una moda en el thriller moderno el optar por una complicación exagerada que, en realidad, no parece tan necesaria y que además provoca errores en el guión y que se acumulen situaciones clave que acaban siendo inverosímiles y afectan a todo el filme.

Y en el fondo es una pena, porque a Paquet-Brenner se le escapa entre los dedos un reparto espléndido, que acaba demasiado centrado en tratar de hacer creíble lo inverosímil mucho más que en construir personajes que puedan realmente vivir las situaciones que se describen. Charlize Theron es una actriz de intensidad enorme, y sobre todo su forma de entrar en la película es notable. Pero poco a poco, y eso es ilógico precisamente por tratarse de la protagonista, su personaje se diluye. Está, participa, habla, pero según pasan los minutos pierde toda profundidad emocional, algo que el guión intenta recuperar en la última escena, una que debe servir de explicación definitiva de todo lo que ha sucedido en la resolución de la trama y que en realidad ya no importa demasiado. Ese es el auténtico problema de Dark Places, que el interés por el fondo se pierde pronto y sólo queda contemplar el trabajo de los actores.

Aunque Theron es una intérprete fascinante, si hay alguien que merece ese calificativo en Dark Places es Christina Hendricks. La película, que está narrada en un doble espacio temporal (por un lado, el momento que desemboca en el asesinato que cambia por completo la vida de una niña, por otro la vida de esa niña ya convertida en una mujer sin sueños, sin ilusiones, sin vida en realidad), desaprovecha las mejores posibilidades de la película porque se limita a acumular secuencias, personajes y pistas, pero la misma realización (sobre todo un desconcertante plano con cámara subjetiva que el efecto que produce es el de estar ante un telefilme más que otra cosa) corta las alas de la película. Es verdad que siga quedando el disfrute con los actores, con las mencionadas Theron y Hendricks, pero también Nicholas Hoult (aunque su personaje encabeza la parte más inverosímil y desperdiciada de la película), Chlöe Grace Moretz o Corey Stoll.

Dark Places es una oportunidad malograda de crear un buen thriller, pero que se pierde en casi todos los niveles. Se pierde ya desde el guión (el libro en el que se basa lo escribió Gillian Flynn tres años antes que Perdida), también en la dirección y da la impresión que en el montaje, porque hay espacios de la cinta que apenas están desarrollados y que seguramente habrían resultado mucho más satisfactorios con alguna escena más, sin esfuerzos demasiado grandes y sin estirar demasiados los 104 minutos finales (la duración que figura en las webs de cine es de 114, ¿está ahí lo que falta?). Pero Paquet-Brenner no consigue avanzar más y la película deja una sensación bastante vacía, inferior al potencial de su reparto e incluso del misterio que quiere plantear. La película se verá en VOD y no llegará a los cines. Quizá ahí tenga un terreno más indicado para que encuentre su público.

jueves, marzo 19, 2015

'Young Ones', grandes ideas que demandan una historia más compleja

No se puede decir que Young Ones, el primer filme de Jake Paltrow, llegue a decepcionar, pero tampoco llega a enamorar. No le faltan las grandes ideas narrativas y visuales para montar un western de ciencia ficción llamativo e interesante, pero sí adolece de una historia más compleja y ambiciosa que le hiciera más justicia. Y no hay que infravalorar el espléndido reparto que ha sabido conformar, pero no termina de colmar sus aspiraciones sobre todo en el caso de un personaje femenino, el de Elle Fanning, que sabe muy a poco. Quizá una mejora de ese personaje habría bastado para que esta historia fuera una muestra de género mucho más completa, e incluso rompiera por completo las sensaciones de intrascendencia que sí puede dejar en algunos momentos. Young Ones no termina de ser la película que podría haber sido, aunque sí es suficiente para que el nombre de su director se anote por encima de ser el hermano de Gwyneth Paltrow.

Como guionista y director del filme, Paltrow peca de poco ambicioso cuando todo parecía jugar a su favor para lanzarse sin reparos a contar su historia desde el punto de vista más valiente posible. Traza con bastante acierto un mundo cuasiapocalíptico en el que el agua se ha convertido en el bien más preciado por su escasez y donde el entorno recuerda al del viejo oeste, no sólo por esas áridas llanuras y rocosas colinas en las que acontece la historia sino también por la violencia que hay en ese mundo. La tecnología, que es lo que indica que estamos ante un escenario propio de la ciencia ficción, no se manifiesta en las armas sino en la especie de droides que se utilizan. El planteamiento es, como poco, interesante. Y que Paltrow quiera desarrollar en él una historia sobre la familia y sobre la paternidad es hasta audaz. Pero no termina de evolucionar tanto como la historia necesitaba y eso minimiza el efecto que provoca la película.

Es el personaje de Fanning el que mejor ejemplifica que Young Ones no llega hasta debería. La última escena que comparte con un fantástico Nicholas Hoult, que sigue construyendo una filmografía de lo más interesante, es la prueba de que su personaje daba para mucho más. Pero se convierte en un eslabón muy débil, en el lado quebrado de un cuadrado emocional que sobre el papel se antojaba fascinante. Y no por la labor de la actriz, que por momentos encuentra los picos de intensidad que requiere el personaje, sino porque este está completamente desdibujado en el guión. Ahí es donde falta ambición. Quizá también en la primera de las tres partes en las que Paltrow divide la película, muy expositiva de un mundo con indudable atractivo y un personaje, el de un siempre imponente Michael Shannon, pero poco incisiva en realidad, a pesar de que es ahí donde se gesta todo lo bueno de la película.

Eso parece llegar en el tramo medio y en el final, pero para entonces ya ha quedado claro que la historia no va a ir demasiado lejos, al menos no tanto como podía haber ambicionado. Dicho esto, quizá esté quedando la impresión de que Young Ones es peor película de lo que realmente es, cuando se trata de una atractiva incursión en la ciencia ficción, muy superior a otras muchas que sí consiguen llegar a los cines (se estrena en el mercado de vídeo y bajo demanda), que además cuenta con un sensacional reparto, elemento que por sí solo ya justifica la cinta. No, no es mala película en absoluto, está bien planteada y bien rodada, con un atractivo uso del montaje y con una arriesgada elección de puntos de vista, incluso con unos efectos especiales bastante resultones para ser una cinta de bajo presupuesto. Pero da cierta rabia que su calidad quede por debajo de lo que merecía llegar y de lo que cabía esperar. Interesante, pero algo escasa.

(Young Ones se estrena en vídeo y plataformas de alquiler)

viernes, abril 19, 2013

'Memorias de un zombie adolescente', sorprendentemente simpática

Que una película se titule Memorias de un zombie adolescente casi parece una razón de peso para no verla. El título es, efectivamente, horrible. No es una traducción del original (Warm Bodies), no responde a lo que cuenta la película, es facilón y parece abocar a una película de saldo que quiera aprovechar el tirón de los monstruos de terror rebajados a lo Crepúsculo. Y resulta que no así. Para nada, de hecho. Memorias de un zombie adolescente es una película simpática, que encuentra el tono perfecto para no caer en el ridículo, para que sus protagonistas sean atractivos y para que la comedia funcione a todos los niveles, desde su romanticismo hasta su parodia del cine de terror, pasando por la música, a veces excepcionalmente escogida. Hay claros errores en las normas que plantea y un desarrollo algo precipitado que restan credibilidad al conjunto final, en el que también chirrían los efectos visuales, pero las risas hacen que esto quede en un segundo plano. Sorprendentemente, pero así es.

El arranque de la película, su primera secuencia, ya consigue esa sensación de estar viendo una película consciente de lo que es. El zombie protagonista, con el muy maquillado rostro de Nicholas Hoult (Jack el caza gigantes o X-Men. Primera generación) y una actuación convincente, cuenta exactamente eso, que está muerto y vagando sin rumbo como tantos otros. ¿Que cómo lo cuenta si es un zombie? Primer hallazgo simpático de la película que funciona, lo cuenta él mismo mediante una muy bien insertada voz en off, que ni se hace pesada ni se cuela en momentos en que no sea necesaria, además de lograr algunos de los puntos más divertidos de la película. Una vez presentado el mundo de los zombies (memorable esa primera conversación entre el protagonista y su mejor amigo), le toca el turno al de los supervivientes. Nada demasiado original por ese lado, pero necesario para entender la historia romántica que presenta a continuación.

Ni la película ni sus carteles esconden que lo que vamos a ver es un relato de amor entre un zombie de aspecto adolescente y una joven humana. ¿Original? Tampoco demasiado, la verdad, pero no importa, porque Jonathan Levine, director y guionista del filme basándose en la novela de Isaac Marion, encuentra el punto exacto para casi todo. Acierta con el gag, convierte la música en un elemento más de la diversión y esconde con cierta habilidad las flaquezas de la película. Pero existen y hay que decirlas. La esencial, un desarrollo demasiado precipitado, que rebaja considerablemente lo especial que tiene la relación entre el zombie de peculiar nombre y Julie (Teresa Palmer; guapa pero demasiado sosa y previsible, hasta el punto de desperdiciar alguna buena escena y a ratos incluso la química necesaria). Pero la combinación entre lo fantástico y lo romántico está conseguida, y sólo queda levemente afeada por los efectos digitales de las criaturas más fantásticas, unos zombies mucho más demacrados y violentos, que casi parecen animaciones para un videojuego de hace algunos años.

Quizá se puede achacar a Memorias de un zombie adolescente una falta de valentía para explorar en profundidad aspectos transgresores (como quién es la última víctima humana del protagonista y los efectos que eso tiene en su vida) o aspectos visuales como que la Julie tenga siempre unos dientes tan blancos y un pelo tan aseado en un mundo tan apocalíptico. Pero es que el filme es condenadamente simpático, y eso basta hasta para olvidar que John Malkovich esté en esa fase en la que aceptará cualquier papel por poco exigente que parezca. Superando los prejuicios que puede provocar la película, la experiencia es francamente divertida. Es delirante, sin duda, y todo un reto para todos aquellos espectadores, aficionados o no al cine de terror, que detesten el trajo vejatorio hacia las criaturas más clásicas del celuloide. No son estos, obviamente, zombies aterradores aunque tengan sus momentos de salvaje desenfreno, pero ofreciendo tanta diversión es difícil resistirse a este simpático entretenimiento. Pero lo del título habría que mirarlo. Engañará a algún adolescente, pero da una imagen que no se corresponde con la película.

viernes, marzo 15, 2013

'Jack, el caza gigantes', entretenido tópico digital

Me huelo que Jack, el caza gigantes va a ser devorada por la crítica. Y, francamente, no creo que lo merezca. Sus puntos débiles saltan a la vista de forma inmediata. Le falta tensión al guión, le sobra imaginería digital que se lleva por delante algunos logros visuales de la película, pierde en las comparaciones con otras películas (¿con Oz, con la que compartirá cartelera? Con esa no tanto...), y habría sido más agradecido que no se vieran tan fácilmente los progresos de la historia. Cierto es que Warner se ha gastado 200 millones de dólares en este juguete de Bryan Singer, y las cifras de su arranque en Estados Unidos y otros mercados internacionales indican que será complicado que los recupere, pero, olvidando estos detalles, lo cierto es que como divertimento palomitero cumple sobradamente. Buenas escenas de acción, un mundo de fantasía aceptable, y un entretenimiento digno que, además, se convierte en una de las pocas películas basadas en un cuento que se limita a contar un cuento, sin necesidad de modernizarlo, idiotizarlo, sexualizarlo o ponerlo patas arriba. Y eso también tiene mérito en el cine actual.

Aunque parezca un detalle trivial, puede que sea justo eso lo que más me atrae de Jack, el caza gigantes. Es un cuento, contado como un cuento y que no se sale de su escenario de cuento, algo a lo que contribuye la música de John Ottman ya desde los logotipos de los estudios involucrados en la película. ¿Tan difícil es? Por lo visto sí, y el ejemplo más reciente de como sentirse en la obligación de modificarlo todo para acabar haciendo una película escasamente satisfactoria es Hansel y Gretel, cazadores de brujas. Lo más probable es que sea precisamente éste uno de los motivos por los que la película no termine de cuajar como le hubiera gustado, y es que el público ya no parece dispuesto a aceptar un cuento por lo que es, al menos no en el cine y en este tipo de producciones, pero para mí supone un valor añadido. La pega es que, habiendo construido un buen armazón en torno a la historia más clásica, le falta bastante nervio para que se sostenga por sí sola y sin necesidad de atender a sus muy grandilocuentes efectos visuales.

Esos efectos, de hecho, acaban jugando más en contra que a favor de la película en su bagaje final. Y es que  la película arranca con la narración de la leyenda en dibujos animados... y luego resulta que la "acción real" no marca tantas diferencias con respecto a ese prólogo, lo que resta credibilidad a los gigantes, e incluso a la famosa planta que surge de las habichuelas mágicas. No es que chirríe tanto elemento digital, por otra parte muy bien integrado con la imagen real y los actores de carne y hueso, pero sí satura en buena medida porque parece ya la única opción para recrear mundos de fantasía en el cine. ¿Impide eso que la película entretenga? La verdad es que no. La forma de encarar el filme de Singer es sincera y hay que agradecerlo. Busca una aventura para toda la familia, que consigue enmascarar con acierto la abundante violencia que hay en la historia para que sea un filme asequible prácticamente para todo el mundo. Y consigue que los personajes, a los que les falta carisma, sí enganchen lo suficiente como para seguir la historia con agrado hasta el final.

Hay que rebuscar en el guión para encontrar el origen de ese problema de carisma, que no procede del trabajo de los actores, pues el reparto consigue mucho más ante tanta pantalla verde, por insistir en la comparación, que las actrices del Oz de Sam Raimi. Nicholas Hoult y Eleanor Tomlinson son los clásicos actores jóvenes a los que le dan el protagonismo de una superproducción de efectos digitales y que cumplen con su cometido, dejando para los más populares Ewan McGregor y Stanley Tucci los momentos más divertidos y logrados procedentes del trabajo del reparto. Incluso es interesante ver los rasgos y la voz (sólo en versión original, obviamente) de Bill Nighy como el general de los gigantes. Aunque efectivo, todo es tópico, e incluso se pierde alguna ocasión de mostrar elementos socialmente más rompedores. A partir de ahí, lo que queda es el disfrute de las secuencias de acción, del salvajismo de estos gigantes y de lo logrado que está el tramo final de la película (que es tan atractivo como demostrativo de que aquel clímax bélico, aún insuperable, de El retorno del rey... y ya ha pasado una década), por tópicos que puedan ser algunos de sus registros.

Jack, el caza gigantes es un producto entretenido, montado desde su base con oficio. ¿Original? No demasiado, no al menos más allá de volver a las raíces de la historia como fábula (que, insisto, me parece algo novedoso en los tiempos que corren) o de interpretar la búsqueda de la dama en apuros que planteaba King Kong dentro de ese escenario de cuento, pero tampoco hace falta buscarle tres pies al gato. Cierto que es una película que sorprende en la filmografía de Bryan Singer por muchos motivos pero especialmente por la escasa profundidad que adquieren sus personajes (algo que predominó incluso en sus otros grandes espectáculos palomiteros, sus dos entregas de X-Men y Superman returns) o por el giro que parecía haber supuesto Valkiria para alejarse precisamente de productos como éste. Pero su habilidad como director basta para ofrecer una película más que aceptable, mucho más honesta y sabedora del alcance de su propuesta que otras similares, que habría crecido con un libreto más conseguido y que, en el fondo y a pesar del disfrute, hace echar de menos una forma de hacer cine más artesanal que ésta.