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viernes, abril 22, 2016

'Toro', una oportunidad fallida

Eva fue una espléndida carta de presentación para Kike Maíllo. No era una película perfecta, pero sí una tremendamente llamativa, que confirmaba a su director como un espléndido emprendedor de género patrio. Por eso había bastantes expectativas puestas en este su segundo filme, Toro, pero el resultado final queda como una oportunidad fallida para que Maíllo se confirme en una primera línea. No es una mala película, ojo, no es un patinazo sin remedio, pero sí es por desgracia una cinta que deja mucho que desear en algunos aspectos que acaban resultando claves para que sus 103 minutos dejen algo frío y, sobre todo, con algo de perplejidad por la forma en que se han resultado algunas cuestiones que lastran bastante el filme. Toro tiene grandes ideas y podría haber sido un título más que notable, pero se queda en uno simplemente entretenido y con algunos defectos bastante palpables.

El principal hay que buscarlo en el guión. No precisamente por su apuesta por arquetipos y situaciones más o menos previsibles, porque de eso hay abundancia en el cine actual y tampoco es demasiado grave, sino porque hay momentos en los que Rafael Cobos (coautor del mucho más lúcido libreto de La isla mínima) y Fernando Navarro (uno de los nombres detrás de Anacleto, agente secreto) no se parecen haber tomado demasiadas molestias. Hay tantos elementos irreales en el filme (¿un arma de fuego en toda la película, y sobre todo en el clímax, una que además provoca más sorderas que sangre, cuando estamos hablando de una organización criminal supuestamente tan peligrosa?) y tantos comportamientos que no encajan en los personajes (el plano final de la primera secuencia y la misma resolución de la cinta) que siempre se tiene la sensación de que algo falla.

Y es una pena, porque hay un intento sincero de crear un thriller local con elementos muy interesantes. Maíllo le saca mucho partido, por ejemplo, a su reparto, destacando como casi siempre un Luis Tosar fantástico, también un José Sacristán calmado y complejo, e incluso aceptando el papel de Mario Casas como ¿héroe? granítico, pero también a una estética reconocible, que pasa por la llamativa desviación de unos créditos que se inspiran en los de los filmes de James Bond para encontrar una personalidad propia, la misma que Maíllo busca con el aspecto visual del filme. Para ello, no sólo no esconde sus escenarios, sino que presume de ellos. Hay valentía en esa decisión y Toro se beneficia mucho de ella. Pero la película se va derrumbando poco a poco por su inconsistencia y por su irregularidad, no sólo en el apartado cinematográfico sino también en el técnico, con escenas muy logradas y otras que no parecen de la misma cinta.

Maíllo sí demuestra que sabe moverse con cierta soltura, pero firma un segundo filme que está claramente por debajo del primero. No termina de encontrarle el punto perfecto para contar esta historia de venganzas y redenciones fallidas en la que demasiados elementos están por estar (la niña interpretada por Claudia Canal, hija del personaje de Tosar y sobrina del de Casas no tiene en realidad un papel definido) y en la que acaban sucediendo demasiadas cosas completamente inverosímiles que no encajan con los mismos personajes. Muy buenas intenciones, pero una ejecución muy por debajo hacen que Toro sea un filme un tanto extraño, que no termina de sacar todo el jugo de su dramático aunque manido poso ni del más que aceptable planteamiento con el que nace, y que el propio Toro echa por tierra cuando se le quiere convertir en el mayor de los antihéroes, un ángel de la venganza ensangrentado e imbatible, cuando en realidad, viendo lo que implica su comportamiento, es un simple ladrón de lo más torpe y descuidado. Lástima.

lunes, octubre 24, 2011

'Eva', preciosa lección de ciencia ficción

Una película española de ciencia ficción. Sí, Eva es una película española de ciencia ficción. Ya tenemos el primer tabú roto sólo con decir el género al que pertenece el filme, ya tenemos la primera gran noticia. Eva es una película preciosa, sensible, muy bien hecha y fantásticamente bien interpretada. Y eso es la segunda gran noticia. Juntas ambas cosas, lo que hay que decir de Eva es que da gusto que un director novel haya sabido entender que para hacer ciencia ficción hay que poner en pantalla mucho más que unos logradísimos y muy cuantiosos efectos visuales, que es un género que acepta con naturalidad las historias más humanas que se puedan llevar al cine. Porque eso es lo que ofrece Eva, una historia humana, muy humana, muy reconocible. Sólo que el envoltorio es futurista. Entender eso ya merece un sincero aplauso para Kike Maíllo, su equipo y sus actores. Pero es que además han hecho un filme realmente bonito, desde su inquietante primera escena a su hermoso final. El buen cine no depende del dinero que uno se gaste. No depende de géneros. No depende de nombres. Depende de las buenas ideas. Como ésta.

Eva está ubicada en un futuro no demasiado lejano, a mediados del presente siglo. En su realidad (de hermosos paisajes naturales), conviven diseños inspirados en los años 70 y 80 con robots de dos clases. Por un lado, máquinas que se ve que lo son a simple vista. Por otro, androides, a los que en teoría es fácil distinguir por su forma de moverse y de comportarse aunque tengan aspecto humano. A pesar del título, que luego cobra la importancia que reivindica desde el cartel, el protagonista de la historia es Alex (Daniel Brühl), un científico que vuelve a casa para terminar un proyecto que inició diez años atrás. Ese proyecto consiste en dotar de emociones humanas, las de un niño, a un androide. Buscando niños que puedan prestar sus emociones al trabajo que está desarrollando, Alex se topa con Eva (Claudia Vega), una niña especialmente alegre, risueña, despierta e inteligente para su edad. En su pueblo, además, se reencontrará con su hermano, David (Alberto Ammann) y la mujer que enamoró a ambos años atrás, Lana (Marta Etura), y que cierra el lógico triángulo amoroso de la historia. Es decir, una mezcla interesante entre una historia cotidiana (muy bien aportados en pequeñas dosis los datos sobre el pasado) y un relato de ciencia ficción.

En España hemos tenido cine de terror y cine de fantasía. La ciencia ficción es todavía un reino por explorar. Eva triunfa en los dos caminos que explora. Visualmente, y sin necesidad de agolpar en la pantalla grandilocuentes efectos especiales, es una pequeña maravilla que lleva al espectador de golpe al escenario propuesto. Es un trabajo formidable que puede presumir de ser barato en comparación con lo que se gastan en Hollywood en efectos. Nadie diría que el gato robótico que acompaña a Alex no lo han animado ILM o Weta. El encaje con la estética retro, sobre todo de los vehículos, es algo más discutible, pero funciona con cierta corrección. A nivel de historia, Eva alcanza todos los territorios que se propone. Es una hermosa historia de amor, de distintos tipos de amor. Es, al mismo tiempo, una interesante reflexión sobre la condición humana (¿acaso no son las películas que tratan estos temas con brillantez joyas de la ciencia ficción?). Y la lástima es que no se pueda profundizar en las influencias que se atisban en esta película (el director confiesa que la idea se le ocurrió viendo un episodio de Doctor Who, pero a mí me vienen a la cabeza otras muchas) porque supondría destripar demasiado del contenido de este filme. Baste decir que recoge con brillantez grandes legados de la ciencia ficción.

Da gusto, además, que esta lección de cómo interpretar la ciencia ficción desde una cinematografía como la española la ofrezca un director debutante en el mundo del largometraje. Kike Maíllo, tras un par de largometrajos y mucho trabajo en publicidad, rueda con una soltura fascinante (y encuentra mucho apoyo de su equipo técnico, en la música de fabula burtoniana de Evgueni y Sacha Galperine o en la fotografía de Arnau Valls Colomer). Indiscutiblemente, un nombre a seguir. Como el de la joven Claudia Vega, que se mueve durante casi toda la película con una soltura fascinante, hasta el punto de hacer creer casi siempre (quizá cuando menos lo consigue es en su primera escena, y eso siembra algunas dudas que en seguida se revelan equivocadas) que es esa niña especial y única que ha de servir como patrón para el robot que está construyendo Alex. Eso no es fácil de encontrar y Eva lo tiene. Claudia Vega trabaja con absoluta naturalidad junto a actores que ya tienen carreras muy consolidadas, replicando con muchísimo desparpajo, provocando risas, en la mayor parte de las ocasiones a Brühl, pero también a Etura, Ammann o a Lluís Homar, quien se enfrenta al caramelo de dar vida a un androide con un enorme acierto.

Lo patrio suele tirar mucho entre la crítica, pero me da miedo que Eva no cuaje en algunos sectores precisamente por ser una película de ciencia ficción. Y es que mucha gente, como le sucede a la animación, no toma en serio a este género. No toma en serio, en realidad, a cualquier película de género. Eva, no obstante, demuestra que el cine puede aparecer en cualquier envoltorio, porque es una película visualmente atractriva y narrativamente apasionante. Quizá caiga en algún tópico, pero los solventa con corazón, con alma y también con talento. Con eso que suele faltar tantas veces en el salto que hay entre las buenas ideas que se plasman en el papel y las imágenes que después se proyectan en una pantalla. Este filme no tiene ese problema, porque su espléndido guión, magníficamente bien rematado con un final hermoso y poético, acaba convirtiéndose en una espléndida película. Maíllo ha acertado de pleno con su debut, y a uno le viene a la cabeza el nombre de Duncan Jones y su debut con Moon. Eva no tiene nada que envidiar a nadie, porque es una preciosa lección de cómo hacer ciencia ficción y de cómo hacer cine de género en español. Bravo.