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viernes, enero 13, 2017

'Underworld. Guerras de sangre', sí hay quinto malo

Vaya por delante que tiene un mérito indudable que una saga llegue a su quinta película. Mucho más si hablamos de una serie como Underworld, en la que realmente ninguno de sus títulos previos se puede considerar como un hito en el cine fantástico. Pero sí, en contra de lo que reza el saber popular, sí hay quinto malo y Guerras de sangre, que así se titula esta cinta, que por desgracia parece que no va a ser la última a tenor de esa última escena de esta entrega. A esa escena se llega después de 91 minutos en los que no pasa gran cosa, que arrancan con un recordatorio excesivamente largo de lo que hemos visto en las películas precedentes y en el que asistimos a un olvido bastante absurdo de algunas tramas, al desarrollo a veces hasta ridículo de otras y al poco esfuerzo de hacer que haya algo nuevo, si acaso el nuevo aspecto de la Selene a la que da vida Kate Beckinsale que los pósters de la película ya se han encargado de reventar.

El caso es que Guerras de sangre tendría que ser una película pensada para fans de Underworld. Estamos ante la quinta película de la serie, no podría ser de otra manera. Y el caso es que no, que da la sensación de dar demasiadas explicaciones que no se necesitan, tanto sobre las tramas como sobre el desarrollo, con unas transiciones entre escenas tan torpes que llegan a ser incomprensibles, como los planos del tren o de Selene y el David de Theo James... montando a caballo, animales que estarían muy tranquilos sabiendo que sus compañeros de viaje son vampiros sedientos de sangre... aunque en realidad hay muy poca sed de sangre. Y poca inteligencia. Eso, en el fondo, es lo que molesta de una película como esta, que no se toma en serio a sus personajes a un lado de la pantalla ni a sus seguidores en el otro. Y así, con villanos que tampoco están a la altura ni sobre el papel ni en la pantalla, el naufragio resulta inevitable, porque no hay un progreso ni nada nuevo. Sólo rutina.

Y rutina, además, que no tiene mucho sentido. El problema de partida está en el guion de Cory Goodman, firmante de otros dos guiones horrendos como los de El sicario de dios o El último cazador de brujas, que da vueltas sin llegar a ningún sitio, que hace desfilar personajes a veces sin sentido, con acciones difícilmente explicables (¿una fortaleza impenetrable de la que se escapa rompiendo una verja con un coche y en la que se entra desmantelando la seguridad apretando un botón?; ¿para qué demonios quieren los licántropos la sangre de la hija de Selene si el personaje no tiene ninguna trascendencia en la película ni condiciona nada de lo que sucede en ella?) y, sobre todo, con giros argumentales tan fáciles de ver que casi provocan sonrojo. Es facilísimo saber qué personajes van a morir y cuándo. Eso si se llega a mostrar, porque de alguno, de cierta importancia, apenas se atisba cómo acaban en la película.

El caso es que la excusa principal para seguir viendo Underworld sigue siendo la misma, Kate Beckinsale. La actriz, que nunca ha llegado a tener una progresión real en su carrera y que nunca ha logrado ser una heroína de acción más allá del personaje de Selene aunque tenía la capacidad para ello, sigue cumpliendo con lo que se le pide, tanto en el plano físico como en el dramático, pero las películas le dan tan poco margen para hacer algo destacado que ese esfuerzo queda algo diluido. Como la presencia de Charles Dance, que casi se antoja irrelevante aunque preste algo de enjundia al asunto. ¿Suficiente? En absoluto. Tanto Beckinsale como Dance se ven arrastrados por este trabajo de andar por casa que reduce la escala de lo que tendría que se runa gran guerra a unos cuantos disparos en un escenario cerrado, a un par de peleas de coreografías más o menos resultonas o a unos efectos digitales que no destacan demasiado. Y aún así, habrá sexta película. Que el dios de los vampiros y el de los licántropos nos pille confesados.

viernes, septiembre 14, 2012

'Total Recall', otro remake inferior

Empecemos por lo bueno. El remake de Desafío total dirigido por Len Wiseman y que en España se estrena con su título original, Total Recall, ofrece una propuesta visual completamente diferente a la del filme de 1990 de Paul Verhoeven. En la narrativa, en cambio, pasa de la más que evidente fotocopia (mover algún elemento de sitio no es sinónimo de originalidad) al alejamiento más evidente del relato corto de Philip K. Dick en que están basadas ambas películas. Y es que, y aquí es donde llega el palo para los amantes tanto de aquel relato como de la película de Verhoeven, Marte no aparece en este Total Recall. Normal, por tanto, que el enfoque visual esté tan alejado del de la película original. La apuesta de Wiseman es una película con mucha y muy lograda imagen por ordenador y mucha acción para que se luzcan como héroes y villanos sus tres actores protagonistas, Colin Farrell, Jessica Biel y, sin duda la mejor de los tres, toda una reina tardía pero en alza de este género, Kate Beckinsale.

Es un remake y, como tal, es obligado compararlo con la original. Y es evidente que sale perdiendo. Desafío total es un clásico y Total Recall se queda en una película entretenida que anda todo el rato peleando entre la inevitable tentación de respetar situaciones y diálogos de aquella con la necesidad de innovar y ofrecer alfo diferente. Visualmente sí consigue el objetivo de ser una película independiente, pero narrativamente no hasta el final (por cierto, absolutamente prescindible su absurdo epilogo), cuando ya parece tarde para remontar el vuelo en ese sentido. No es Total Recall, ojo, una mala película, o una que deje una sensación de fiasco, en absoluto. Tenía todas las papeletas para serlo y, sin embargo, es un videojuego entretenido, que solventa con eficacia las escenas de acción y que sabe explotar el trabajo de los animadores por ordenador para recrear un futuro más que atractivo. Además de eso, lo que multiplica con respecto al original es la acción. Wiseman elimina diálogos, personajes y secuencias para meter más persecuciones, más tiros, más caídas y más explosiones. Se nota mucho, en ese sentido, que han pasado 22 años entre una y otra.

¿En qué falla entonces? Como decía, en que anula buena parte del encanto del Desafío total original por dos modificaciones de base. La primera, la ya mencionada ausencia de Marte en la trama más allá de un guiño pasajero. Desafío total, el de Verhoeven y Arnold Schwarzenegger, era la lucha por el aire en el planeta rojo, era la creación de mutantes por el aire contaminado, era el conflicto por el control de la colonia extraterrestre. Y todo eso aquí no está. Aquí se habla de un conflicto entre las dos zonas en las que ha quedado dividida la Tierra, con un gobierno autoritario en una y una colonia oprimida en la otra. Se meten unas gotas de terrorismo, se agita un poco el cóctel y ya parece que hay una trascendente cuestión política de fondo. Tampoco es eso, pero se intenta. Y eso, cuando el foco está tan desacaradamente puesto en la acción y en el trío protagonista, no es más que un detalle trivial. La segunda modificación está en que la historia es lineal. El encanto de romperse la cabeza pensando si la aventura del Quaid interpretado por Arnold Schwarzenegger es real o la ilusión implantada en Memoricall (Rekall en el original) aquí no está presente. Lástima.

Pero es que el cine de acción moderno es así. Si hay un remake, prima el guiño al original (abundante, muy abundante en Total Recall) y la acción desenfrenada por encima del guión. Sólo así se pueden entender fallos tan de principiante como convertir al líder del pueblo dominante, el Cohaagen interpretado por Bryan Cranston (muy inferior al de Ronny Cox de hace dos décadas), en un oponente físico que pelea con el doble agente Quaid/Hauser de Colin Farrell. Y más teniendo en cuenta que la inclusión más importante de la película (parcialmente desaprovechada y no siempre contada con coherencia) es la de un ejército de androides de combate. En cualquier caso, eso sucede en la segunda mitad de la película, cuando Total Recall intenta alejarse del guión de la original y, mucho más todavía, del relato de Philip K. Dick. La acción por la acción es lo que es y no hay que pedirle más, pero tiene sus ventajas, eso sí. Y es que sus escenas están muy logradas, las interpretadas por los actores, las orquestadas por los dobles (Kate Beckinsale tiene una doble que quita el aliento) y las preparadas en el monitor del ordenador.

Le falta mucho espíritu a este Total Recall, pero es más producto de un guión sin pausa que del trabajo de los actores, bastante competente en todos los casos. Sobresale Kate Beckinsale, que de un tiempo a esta parte, curiosamente también desde la muy inferior saga de Underworld donde está dirigida por Wiseman, su marido, está opositando muy seriamente para ser considerada como la reina del género, muy por encima de otras actrices de más nombre. Su personaje es una fusión de los que hacían Michael Ironside y Sharon Stone en el original, y la combinación es sumamente atractiva. Colin Farrell le da un toque algo más realista que Arnold Schwarzenegger a su papel y Jessica Biel cumple con las exigencias del guión, incluida la ya casi siempre inevitable pelea de mujeres (por cierto, fue Desafío total una de las primeras películas en darle un protagonismo inusitado a esos duelos de féminas con el de Sharon Stone y Rachel Ticotin). No es Total Recall mejor que Desafío total, eso es evidente. Pero son dos horas de ciencia ficción y acción palomiteras bastante dignas, sin duda lo mejor que ha hecho Wiseman junto a La Jungla 4.0 pero el mismo problema de rozar el exceso en muchas ocasiones. Pero entretiene, que no es poco.

Aquí, otra crítica de la película en Suite 101.

jueves, abril 19, 2012

'Al borde del abismo' y 'Contraband', muestras de thriller rutinario

La premisa de Al borde del abismo hace albergar esperanzas de ver un thriller original, pero al final esas expectativas se derrumban cual castillo de naipes y dejan al espectador con la más que seria posiblidad de hacer chistes sobre el título de la película y su resultado final. La película presenta a un tipo subido a una cornisa que amenaza con tirarse. La intriga por conocer sus motivos, qué pretende conseguir llamando la atención de tanta gente y por qué interactúa con el resto de personajes de la película apunta elementos de interés. Pero se caen por su propio peso en una trama que roza el absurdo en algunos momentos y que está tan cogida con alfileres que es fácilmente desmontable en demasiados tramos de la película. Quizá es la penitencia que se paga por tener director (Asger Leth) y guionista (Pablo F. Fenjves) debutantes en la gran pantalla, pero parece un peaje excesivo.

El reparto también hacía pensar en algo interesante, pero su trabajo es como el resultado de la película, rutinario. A Sam Worthington tanto le da subirse a una cornisa que pelear contra el Kraken en Furia de titanes, pero da cierta pena ver a Ed Harris, casi siempre enorme durante tantos años, con un personaje tan plano y previsible, o a Jamie Bell como simple comparsa. Lo que sí resulta chocante es el personaje de Elizabeth Banks. Dando vida a una negociadora que acaba de perder a un suicida, es el mayor atisbo de profundidad psicológica que se encuentra en Al borde del abismo, aunque casi parece por casualidad. Al final queda la sensación de que su presencia en la película, por mucho que su interpretación sea la más solvente de todo el reparto, no es más que la triste cobertura de la cuota femenina.

Al borde del abismo tenía el argumento, el escenario y en muchos casos los actores adecuados para ser un thriller al menos intersante. Y aunque en algunos instantes da el pego, en cuanto queda meridianamente clara la trama todo pierde interés a marchas forzadas. Sus intentos de rodear a la historia principal de otros elementos más trascendentes (como la crítica a la prensa sensacionalista) sí que son un fracaso. Sin llegar al desastre absoluto precisamente porque en cierta medida traza unas interesantes relaciones personales que sostienen la trama durante algunos minutos, lo cierto es que es una película decepcionante. Sirve para pasar el rato y muy poquito más, porque cuando llega el final tanto da que el protagonista hubiera saltado antes o que el robo del siglo fuera verdad. ¿O era mentira? Insisto, da lo mismo.
Contraband tiene una factura más cuidada, pero tampoco llega a compensar las casi dos horas de visionado. Comienza su historia cinematográfica con una curiosa paradoja. El filme es un remake de un título islandés, Reykjavic-Rotterdam, protagonizado por Baltasar Kormákur, director de la película norteamericana. Sin conocer el original es imposible comparar, pero Contraband se pierde en lo rutinario, en lo ya visto, en la sencillez más pobre de la trama y de los personajes. En realidad, es una de esas películas que se están convirtiendo en el modo casi único de afrontar el thriller en Hollywood. Tienes un grupo de protagonistas que están al otro lado de la ley, que son ladrones o, en este caso, contrabandistas profesionales, pero la historia quiere forzar al espectador a que le caigan irremediablemente bien. Son buenos, son graciosos, quieren mucho a sus familias y se merecen el final feliz. Muy visto.

Lo que más sorprende en Contraband es un tipo de violencia muy concreto, y es el que sufre la mujer. Kate Beckinsale, muy lejos de los habituales papeles de heroína en los que tan cómoda se siente, se mete aquí con cierta destreza en la piel de una madre de familia casada con un ex traficante, que lo ha dejado y que ahora vive de las rentas y de un trabajo honrado. Ella es su punto débil, es el medio por el que se le puede chantajear, dándole así la película un papel muy secundario y algo anticuado. Lo curioso es que en esta película las amenazas son más reales y violentas que en la mayoría de las ocasiones. Ni bueno ni malo, ni mejora ni empeora la película, es simplemente un detalle chocante y que desmarca Contraband de la rutina más absoluta en la que caen sus escenas de acción, sus momentos de coleguego o, ya mencionado, su previsible final.

Mark Wahlberg está desaprovechando por desgracia el prestigio que le dio su brillante papel secundario en Infiltrados, la película que le dio el Oscar a Martin Scorsese, y se fotocopia de película en película sin que se note demasiado la diferencia entre una y otra, con excepciones sin tirar cohetes como The fighter. Lo que él hace es interpretar al protagonista y nada más. Ni matices ni historia. El resto del reparto hace lo propio. Los malos son muy malos, los buenos son muy buenos. Y no procede decir quién es cada uno, aunque todo se ve venir con cierta facilidad, por no destrozar esas pocas sorpresas que puede plantear al guión. Kormákur rueda con cierta eficacia pero sin deslumbrar. Y así se construye un thriller más con el que adornar la cartelera previa a la temporada de verano.

miércoles, febrero 01, 2012

'Underworld. El despertar', intrascedente más de lo mismo

Hay un momento en el que Underworld. El despertar parece que va a ser algo diferente. Recapitulemos. Es la cuarta entrega de una saga en la que los vampiros y los hombres lobo mantienen un milenario enfrentamiento que tiene su último campo de batalla en nuestros días. Diferente no parece así de partida. Pero hay un momento, digo, y además llega bastante pronto, en que El despertar parece que va a aportar algo diferente. Pero no lo hace y se queda en una historia intrascendente. Lo diferente se queda en la escena de apertura de la película y se diluye para volver al mismo camino de siempre. Es un camino que sus responsables conocen y que aplican con la misma corrección que capacidad de olvidar o prever lo que se ve. Es decir, que entretener sí entretiene, pero no ofrece nada nuevo que degustar. Una heroína atractiva, mucha acción imposible, peleas entre vampiros y licántropos y un festín de efectos especiales que cada vez parecen más dibujos animados. Eso sí lo ofrece. Y el tan inevitable como superfluo 3D.

Decir de una película que es una cuarta parte suele retraer a quienes no hayan visto las tres primeras. Nada de que preocuparse por ese motivo, los primeros dos minutos de película son un resumen de las tres entregas anteriores. Y como así parece que tampoco es necesario saber nada más para lanzarse de lleno a esta cuarta parte, cabe preguntarse de qué sirvieron las casi seis horas anteriores, si en realidad todo era tan fácilmente resumible de esta forma. Lo mejor de El despertar está, además, en su prólogo, una escena contundente que podría haber abierto nuevos derroteros en la saga, acercándola, por ejemplo, a lo que supone X-Men para el cine de superhéroes. Pero no es el objetivo de sus guionistas (entre los que se encuentra J. Michael Straczynski, autor de cómics). Prescindiendo de contar lo que sucede en esa escena y lo que acontece a partir de ahí para no destripar nada, la película va de la pelea entre estas dos razas de criaturas sobrenaturales contada desde el punto de vista de la conocida Selene.

En los últimos años, el cine de acción de Hollywood ha intentado apostar por unas cuantas heroínas para protagonizar títulos que aspiran a romper taquillas. No lo ha conseguido, como tampoco una calidad sobresaliente, en muchos casos ni mínimamente decente (¿hacer falta recordar Catwoman o Elektra?) en este sector del género que compensara la práctica falta de cariño de los aficionados. Underworld es una pequeña excepción, y creo que su protagonista tiene mucho que decir en eso. Kate Beckinsale es la perfecta heroína de acción. Es sumamente atractiva, se beneficia de un disfraz de cuero negro que realza todas sus curvas, y tiene un personaje coherente en todas las películas. Dan ganas de ver a esta actriz en un filme que sí explote sus virtudes (¡ojalá hubiera conseguido ser Wonder Woman!). Y es que aquí no hay nada demasiado trascendente, porque en esta cuarta entrega, a pesar de las inmensas posibilidades abiertas, prima la acción descontrolada y el duelo con un villano (Stephen Rea) que tampoco termina de convencer demasiado. Pero Beckinsale se sostiene con dignidad por encima del andamiaje de la película.

Esta saga llega ya a su cuarta película sin haber ofrecido nada realmente memorable. El despertar lo intenta en algunos momentos en los que los lazos afectivos de Selene parecen encaminar la historia, pero rápidamente vuelve a lo de siempre, acción, vampiros y hombres lobo. No es que esté mal hecho, y para quienes no se hayan tragado las anteriores películas de la saga puede sonar hasta curioso (o casi una versión salvaje del Crepúsculo tan de moda), pero está muy visto. Y buscando que todo sea más grande que en las entregas precedentes acaba convirtiendo lo que antaño podía salvar una película como ésta, sus efectos especiales, en algo que juega en su contra. Llevamos años diciendo que el cine de animación está alcanzando unos niveles de realismo sublimes, pero con el cine de acción real pasa justo lo contrario: sus criaturas hechas por ordenador, con las excepciones que sí alcanzan el grado de excelencia, parecen cada vez más dibujos animados. Eso es lo que sucede con los hombres lobos de Underworld. ¡Si Lon Chaney Jr. levantara la cabeza o si Rick Baker viera esto!

Los suecos Mans Marlind y Bjorn Stein se hacen cargo de la dirección y entre lo poco que aportan, aunque dijeron que sería un filme diferente a los anteriores, está el movimiento. Demasiado. Y mucha oscuridad, lo que para el 3D es un enemigo de gran peso. El 3D, por cierto, encuentra aquí un nuevo argumento para sus detractores. No se puede justificar una película en este formato por tres o cuatro proyectiles disparados en dirección a la cámara. Pero se sigue haciendo y sigue colando. Así que a la hora de poner argumentos en la balanza, ganan los que juegan en contra del aprobado de esta película. El atractivo de Kate Beckinsale a muchos niveles, y no sólo en cuestiones índole sexual o de imagen sexualizada, pesa lo suyo, y tienen cierta gracia algunas soluciones a momentos de acción (ojo a cómo se libra Selene de un ascensor que le cae encima, sencillamente hilarante). Pero es que el guión es normalito y tiene inmensos agujeros. Los efectos son muy cartoon y el final abierto empieza a ser ya cansino en una película de género. Entretener, entretiene. Pero como tantas otras.