La comedia y yo nos llevamos cada vez peor. Me pasa como con el cine de terror, que no es capaz de provocarme miedo, sólo que aquí lo que apenas aparece son las risas que, se supone, tendría que provocar una comedia. 30 minutos o menos es el ejemplo perfecto de lo que es la comedia moderna. Es decir, que quien disfrute del género y de los títulos que ha dado en los últimos años es bastante posible que la disfrute. Yo sólo he encontrado algún que otro momento suelto para la sonrisa dentro de una historia bastante convencional de equívocos y personajes odiosos e histriónicos. Un marine millonario y su hijo que quiere matarle, un repartidor de pizzas que está liado con la hermana de su mejor amigo, un asesino a sueldo y un atraco forzado a un banco son el gancho de esta película. Suena a ya visto. Y el humor que le sirve de base, también. Así que sólo queda disfrutar con los actores (si es que caen bien, esencial en la comedia) y contar los escasos 83 minutos que dura el filme.
Bienvenidos a Zombieland es la referencia más clara que tiene esta película. Es el anterior trabajo de su director, Ruben Fleischer, que también trabajó en aquella con el protagonista de 30 minutos o menos, Jesse Eisenberg. Este actor es, precisamente, el mejor reclamo de la película, sobre todo después de su espectacular actuación en La red social. Sin embargo, decepciona. Moviéndose en el mismo registro, casi con el mismo personaje, de Bienvenidos a Zombieland, gustará a quien disfrutara con aquella. Esperemos que esto no sea un síntoma de que la magnífica recreación del creador de Facebook fue una excepción en su carrera. Bien pensado, es que 30 minutos o menos no es más que una reunión de amiguetes que ruedan una película y se lo pasan de miedo, independientemente del resultado que llegue a la gran pantalla. Es un más de lo mismo cambiando el género. De la parodia del terror, pasamos a la parodia de los atracos.
La idea de este tipo de películas es siempre la misma, juntar a un grupo de actores más o menos divertidos (el mencionado Eisenberg; el cargante Danny McBride de Caballeros, princesas y otras bestias; el cargante Aziz Ansari, cómico televisivo; Nick Swardson, quizá el más entonado de todos ellos; y un desatado Michael Peña, ese actor de rasgo hispano al que siempre le dan papeles... de hispano), incluir a una actriz atractiva (la paquistaní Dilshad Vadsaria) y crear una trama lo más descabellada posible (que, paradójicamente, dicen que es muy similar a un hecho real) para concatenar equívocos y chistes fáciles. En realidad, todo en esta película es muy sencillo, no hay tensión alguna y casi todos los giros que adopta el guión son extremadamente fáciles de adivinar, con lo que sólo queda desconectar el cerebro y reaccionar visceralmente a algunos de los chistes. Con ese planteamiento, y olvidando que ya se han visto cosas así, la escena del atraco es bastante divertida, lo mejor sin duda de la película.
El guión es de lo más sencillito, y casi parece presto a la improvisación de los actores. Tiene algunos agujeros bastante importantes (algunos de los cuales, por cierto, se resuelven después de los títulos de crédito) y, en realidad, no aporta gran cosa al desgastado género de la comedia absurda. Perdido el gancho de los zombis del anterior filme de Fleischer, lo cierto es que 30 minutos o menos se ve con muchos menos alicientes. No termina de enganchar su tono paródico ni de marcar una diferencia con respecto a las docenas de comedias disparatadas que se estrenan cada año. A pesar del uso y abuso de palabras malsonantes y de bromas soeces, nada hay de rompedor, más bien al contrario. Con todo, seguro que esta comedia tiene su público Debe de tenerlo, porque para mí es una de las muchas que hay idénticas, con las mismas pretensiones y con el mismo tipo de personajes. Yo no termino de conectar con estas comedias, y por eso lo único que saco de ellas son algunas sonrisas esporádicas.
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viernes, noviembre 11, 2011
martes, junio 14, 2011
'Caballeros, princesas y otras bestias', un título de lo más adecuado
Si uno ve que una película se llama Your Highness, igual corre el riesgo de pensar que puede esconder algo digno. Si uno, en cambio, ve esa misma película con el título Caballeros, princesas y otras bestias, no le queda más remedio que comprender que lo que está a punto de ver es algo terrible. Pero, claro, si ese mismo espectador ve en el reparto nombres como los de James Franco o Natalie Portman puede pensar que igual no es tan malo el espectáculo que va a presenciar. Error. Craso error. Caballeros, princesas y otras bestias es horrible, una parodia sin gracia que sólo sabe encadenar sin ningún sentido chistes de índole sexual. Uno tras otro. Uno tras otros. Inagotables al desaliente. Y el siguiente con menos gracia aún que el anterior. Y, sí, con Natalie Portman, James Franco y otros actores de cierto prestigio paseando por este desaguisado sin pies ni cabeza en el que sólo cabe esperar que se lo hayan pasado estupendamente durante el rodaje para entender cómo se han metido en este proyecto. Esta vez es obligado dar las gracias a los traductores españoles por avisarnos. Me uno al aviso.La fantasía es un género que da mucha libertad para introducir elementos cómicos. Hasta la más seria, como El Señor de los Anillos (o incluso Star Wars), se permite la introducción de elementos que provoquen la risa o la carcajada del espectador, para aliviar la tensión dramática y encontrar momentos de paz entre la acción. Si hablamos de fantasía medieval, como es el caso, me vienen a la cabeza títulos tan inolvidables como Willow o La princesa prometida, que hacían del humor una herramienta más para maravillar al espectador. Su humor era variado, a veces simple, a veces más agudo. Lo que Caballeros, princesas y otras bestias intenta hacer es parodiar ese aspecto del género (hasta aparece un pájaro mecánico que, se supone, quiere hacer referencia a la original Furia de titanes). La acumulación de gags es tan torpe como grosera, pues la comedia moderna parece haberse olvidado de que hay más formas de hacer reír que el típico, tópico y manido tema del sexo, tan tópico ya que sobrepasa los límites de lo desagradable buscando parecer políticamente incorrecto. Que haya media docena de chistes en la película sobre el miembro viril de un minotauro pueda dar una idea de por dónde van los tiros.
La excusa para montar este horrendo show de chistes sexuales está en una fantasía medieval. Fabious (James Franco) y Thadeus (Danny McBride) son dos hermanos. El primero es el perfecto caballero, valiente, aguerrido y atractivo. El segundo es un cobarde y holgazán que sólo quiere disfrutar de los placeres de la vida pero está acomplejado por los logros de su hermano. Fabious vuelve de una sus cruzadas con una mujer, su futura esposa (Zooey Deschanel), pero, como es de esperar, es raptada por un mago (Justin Theroux). Los dos hermanos partirán en su busca y por el camino encontrarán a una mujer (Natalie Portman) que completa la colección de tópicos. Dirige David Gordon Green, cuyo mayor éxito hasta la fecha es Superfumados. Y que McBride, que coincidió con el director y con James Franco en la mencionada Superfumados, ejerza de productor y guionista da una idea de lo que se pretende en Caballeros, princesas y otras bestias. Ver el pobrísimo nivel visual de la película en casi todo, desde el vestuario hasta los efectos visuales, también ayuda a ponerse en situación.
Como los únicos gags posibles en esta película son los sexuales, es evidente que Natalie Portman se despojará en algún momento de la ropa. Pero ya lo hemos visto en el trailer (entonces hubo cierta polémica porque digitalmente se modificó el tanga que lleva en la escena para que hubiera más tela y menos carne), así que no encontrará nadie ahí un motivo para perder el tiempo. La verdad es que decepciona que Portman, después de la prodigiosa interpretación de Cisne negro, haya juntado una inane comedia romántica (Sin compromiso), un limitado drama (El amor y otras cosas imposibles) y este invento. La frase "del ganador de un Premio de la Academia" que tanto gusta decir en los trailers aquí encuentra un motivo de sonrojo. Por Natalie Portman y también por James Franco (nominado por 127 horas), quien parece tomarse la película como una continuación de la gala de los Oscars que presentó hace pocos meses. E incluso por Toby Jones (hizo un Truman Capote brillante en Historia de un crimen) o Damian Lewis (uno de los protagonistas de la magnífica serie Hermanos de sangre). Nadie encuentra aquí su lugar, ni siquiera dentro de la parodia más incontrolada, aunque intuyo que McBride estará satisfecho.
¿Y qué se puede decir bueno de Caballeros, princesas y otras bestias? Pues más bien poco por no decir nada. Yo, al menos, no encontré el más mínimo motivo para reírme en una comedia que llega hasta los 100 minutos. Supongo que con eso queda todo dicho. No hay nada original en el planteamiento ni el desarrollo, los actores no son creíbles, los efectos visuales son de andar por casa. Diciendo todo eso, no me extaña lo más mínimo que la película haya costado 50 millones de dólares y apenas lleve recaudados 22. Mejor pensado, es asombroso que esta película haya costado 50 millones de dólares. Será que los actores sí hicieron un buen negocio en este proyecto después de todo. Negocio económico, claro, porque lo que es la imagen queda por los suelos. Igual vale como película de videofórum de amigotes salidos. Pero en cualquier otro ámbito se me antoja imposible que encaje esta Caballeros, princesas y otras bestias. De nuevo, gracias por el clarificador título.
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