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jueves, agosto 16, 2012

'Prometheus', preciosista confusión

Prometheus es, probablemente, una de las películas más complejas de analizar de este año. Es, puede que con diferencia, la que más disparidad de criterios provocará. No creo que haya muchos que lleguen a tacharla de obra maestra o que equiparen su nivel al de Alien, película de inevitable aunque parcialmente esquivada referencia, pero sí será fácil encontrar espectadores que caigan rendidos ante su inmensa y preciosista fuerza visual, incluso ante las ideas que incorpora al tapiza de la mitología de la saga en la que quiere introducirse. Y tan fácil, incluso más, será encontrar detractores, gente que la vea pretenciosa, vaga, mal construida. Hay un poco de todo en dos horas que, eso sí, parecen estar lejos de la pérdida de tiempo, son necesarias para entender el devenir de este tipo de cine y de la carrera de su director, un Ridley Scott que, una vez más, demuestra que tiene pocos equivalentes cuando se trata de ofrecer un portentoso espectáculo visual pero que se topa con un guión que en ocasiones parece a medio hacer... o reclamando su ya habitual Director's Cut.

Más que nunca en su carrera, Ridley Scott ha hecho un salto al vacío cuyas consecuencias no son fáciles de predecir. Alien era una saga en absoluto y progresivo declive, que encontró niveles absolutamente vergonzosos ya en su cuarta entrega, Alien resurrección, y que incluso empeoró en las innombrables mezclas con otra de las franquicias de la Fox, Predator. Por eso, que Scott recogiera la mitología de Alien era una noticia de calado y un elemento de esperanza para todos los que llevamos años soñando con recuperar el elevadísimo nivel que tenía la ciencia ficción cinematográfica hace no tantos años. ¿Pero esto es realmente Alien? Sí, lo es. Indiscutiblemente. Que nadie espere ver una precuela directa, o que el final de Prometheus enganche directamente con el comienzo de Alien, pero sí que hay sobradas referencias (desde las musicales hasta la grafía del título, pasando por nombres y conexiones temáticas y argumentales) que evidencian que estamos hablando del mismo universo. Pero, al mismo tiempo, quiere ser algo diferente. Radicalmente diferente.

Alien era un cuento de terror de incontables ramificaciones posibles. Aliens, de James Cameron, era tan buena porque cogía sólo una de esas ramificaciones y creaba algo totalmente diferente a su predecesora. De algún modo, Prometheus quiere ser algo parecido, seguramente basándose en una de las obsesiones de Ridley Scott, el Jinete Espacial muerto que encontraban los tripulantes del Nostromo en la película original. El planteamiento argumental de Prometheus es mucho más ambicioso que el de cualquier película de Alien, habla de la creación, del origen de la raza humana, de clásicas preguntas existencialistas que, por raro que parezca, encajan a la perfección en la mitología de la saga, al igual que en el género de ciencia ficción en general. Pero estos elevados objetivos chocan con un problema que no está lejos de llevarse por delante todas las buenas intenciones y las grandes ideas que esconde la película: su guión. En todo momento da la sensación de faltarle una o dos reescrituras, ofreciendo resoluciones torpes, comportamientos absurdos y giros inverosímiles, además de unas cuantas cuestiones bastante mal explicadas y que no conviene detallar por no arruinarle la película a nadie.

Esos flagrantes fallos en el guión sorprenden en una producción de esta envergadura. Es cierto que a Ridley Scott siempre le han cortado sus películas hasta alcanzar una duración estándar con el fin de estrenarlas en cines. También lo es que sus posteriores Director's Cut para las ediciones en vídeo son mejores que sus películas estrenadas. Pero por momentos da la sensación de que faltan demasiadas cosas, de que se han quedado explicaciones en el camino, de que hay escenas clave que no hemos visto. Eso crea desconcierto y, sobre todo, destroza el ritmo de la película, inexistente en muchos momentos y mal medido en otros. Las elipsis que ofrece son francamente inexplicables y lo que pueden parecer interrogantes sin resolver son, en algunos casos, preguntas mal formuladas y respuestas torpes. Se corre así el riesgo, insisto, de pensar que el ambicioso planteamiento no es más que un envoltorio vacío. No lo es, pero sí que está mal forrado.

A nivel visual, en cambio, Prometheus es todo un espectáculo intachable. Su 3D está más que justificado y sirve para meterse con una facilidad inusitada en el interior de los claustrofóbicos escenarios de la película, deudores en todo momento de la imaginería que diseñó H. R. Giger para el primer Alien. Sus hallazgos visuales usando los efectos por ordenador son asombrosos, hermosos, cargados de imaginación. Y su aspecto general coloca esta película en un plano diferente al de Alien. Lo que allí era sucio y gastado, aquí es luminoso y reluciente. Lo que allí era opresivo, aquí es espacioso. Las sensaciones son diferentes y hablan, cerrando el círculo, de las diferentes ambiciones de una y otra película. Lo malo en realidad es entrar en comparaciones irresolubles precisamente por ese motivo, porque las aspiraciones no son las mismas. Michael Fassbender fascina por sí solo, sin necesidad de compararle con el Ash de Ian Holm en Alien o el Bishop de Lance Henrikssen en Aliens. Charlice Theron evidencia que ha nacido para interpretar papeles oscuros sin pensar en otros referentes y Noomi Rapace encaja como su propio personaje, a pesar de los claros ecos a la Ripley de Sigourney Weaver que desprende.

Prometheus es una película confusa que deja esa misma sensación en el espectador, sin que eso sea algo necesariamente negativo. La torpeza de su guión en algunos momentos (desde la constante explicación para espectadores tontos al inverosímil comportamiento de algunos de sus personajes) amenaza con resquebrajar los grandes temas que aborda y que no son en absoluto baldíos o fruto de una filosofía barata con la que vender un producto comercial. En Alien encajan esas grandes preguntas que ofrece Prometheus. El enganche con lo mejor de la saga original está ahí, aunque no siempre le haga justicia. Algunos personajes son un relleno injustificado. Otros, como el de Guy Pearce, una expectativa no satisfecha. Y la propia Prometheus, como película, deja sensaciones tan contradictorias que no es fácil decidir si es un título realmente notable, como sugieren algunas de sus partes y de sus planteamientos (algunos temáticos y todos los visuales) o si es una obra deslabazada y descuidada que no cumple con lo que se presumía de ella. Creo que un segundo visionado aclararía percepciones, pero el simple hecho de querer volver a verla ya indica que para mí es una obra preciosista que merece revisión y recuerdo. Aunque ahora mismo todavía me tenga sumido en la confusión de no saber qué pensar sobre ella con rotundidad.

martes, diciembre 22, 2009

10 PELÍCULAS... del uno al diez

Los números son parte de nuestra vida y el cine no es una excepción. Hagamos una particular cuenta del uno al diez a través de títulos de películas. Podrían haber sido otros muchos filmes, porque los números abundan en los títulos, pero estos son los escogidos.

1. Uno de los nuestros
Para muchos, una de las mejores películas de Martin Scorsese, aunque es difícil saber cuáles son las mejores en una filmografía tan impresionante, y pese a todo una de las que menos parece haber calado en la gente. Todo el mundo recuerda Taxi Driver, pero pocos tienen en la memoria escenas de Uno de los nuestros. Lo que sí es impresionante es ver cómo el trío formado por Robert De Niro (¿cuándo dejó de ser este actor inconmensurable...?), Ray Liotta y Joe Pesci componen uno de los grupos más inolvidables del cine de mafiosos. Violenta como ella sola, incluso en lo verbal (la palabra “joder” se pronuncia 296 veces en sus 146 minutos... y casi la mitad las dice el personaje de Pesci).

2. Dos hombres y un destino
Antes de El golpe, dos de las grandes estrellas del momento, Robert Redford y Paul Newman, se unieron para protagonizar un atípico western. Atípico por sus protagonistas, dos ladrones de bancos cuya historia no se refleja con absoluta fidelidad a los personajes reales, y también por su insólito, poético y hermosísimo final (absurdamente adelantado por el absurdo título en castellano de Butch Cassidy and the Sundance Kid). Maravilloso guión de William Goldman. Quien no haya visto la escena de la bicicleta bajo los acordes del Raindrops sep fallin’ on my head (canción ganadora del Oscar), tiene pendiente todo un clásico, recomendable para todo el mundo, le guste o no el western.

3. El tercer hombre
¿Qué no es inolvidable en esta película de Carol Reed? Sobresalen las actuaciones de Joseph Cotten y del gran Orson Welles, pero todos brillan de la mano del prodigioso guión de Graham Greene (mejor que la novela que escribió previamente con el libreto cinematográfico en la mente). Inolvidable la aparición de Welles en escena, saliendo de las sombras y arqueando la ceja. Pero también es inolvidable la música de cítara de Anton Karas. O el opresivo ambiente de la Viena dividida en cuarto sectores. O la escena y el diálogo en la noria. O ese inigualable plano secuencia final (que Scorsese homenajeó en Infiltrados). O el clímax en las alcantarillas. O todo. Qué obra de arte.

4. Los Cuatro Fantásticos
¿Cómo conseguir que naufrague y a la vez entretenga una adaptación de cómic? Ésta es la respuesta. Logra lo más difícil, y es conseguir que los personajes cobren vida (al menos la mayoría de ellos; el Doctor Muerte es una triste caricatura del villano original), pero después se queda a medio camino en casi todo. Le falta espectacularidad, le falta espíritu, le falta un guión a la altura (la batalla final tampoco hubiera estado mal mejorarla, pero fueron necesarios cambios de última hora porque Los Increíbles había llegado antes a los cines). Pero al final resulta que entretiene. Una de esas películas con la que no muchos cinéfilos confesarán haber disfrutado. Igual de mala y a la vez de entretenida que su secuela.

5. El quinteto de la muerte
Cuando cinco atracadores intentan dar el golpe a un banco a través de la habitación que le alquilado a una anciana viuda, todo es posible. Con Alec Guinness y Peter Sellers a la cabeza, lo único que se tiene asegurado es la carcajada. Una divertidísima comedia británica que triunfa porque mezcla humor negro, irónico, inteligente y el más puro gag. Muchos han querido ver en la película una metáfora sobre la caída del Imperio británico y, aunque nunca fue un tema presente en la escritura del guión, así lo confirmó en su momento su director, Alexander MacKendrick, que aquí alcanzó la gloria y cotas que nunca repitió. Y luego llegaron los hermanos Coen y realizaron un remake vergonzoso que el único humor que supone incorporar a la delirante y desternillante historia original fue el escatológico.

6. El sexto sentido
La película que lanzó al estrellato al director M. Night Shyamalan. Una preciosa historia de amor (sí, de amor) y suspense, condicionada por una sorpresa final que a estas alturas todo el mundo conocerá y que en su momento fue todo un bombazo. Y por eso mismo, es el momento de reivindicar nuevamente este drama sobrenatural, porque aún conociendo el desenlace es casi seguro el disfrute con este filme. Popularizó para siempre la frase de “en ocasiones veo muertos”. Bruce Willis convence (a pesar del tupé de esa escena) y el chaval Haley Joel Osment nos demuestra que el talento no tiene edad (¿o lo que tiene en algunos casos es fecha de caducidad?). Un pequeño clásico.

7. Seven
Qué difícil es revolucionar un género, pero justo eso es lo que hizo David Fincher con Seven. El thriller policiaco se estaba convirtiendo en algo rutinario y anodino hasta que apareció este John Doe que asesina basándose en los siete pecados capitales. Brillantes Kevin Spacey y Morgan Freeman (como si alguno de los dos pudiera estar mal...). Brad Pitt casi estropea la película, sobre todo en la tensa, enigmática y llena de suspense escena final. Fincher crea una atmósfera oscura y lluviosa ya imitada hasta la saciedad, rueda un guión espeluznante y preciso, sorprendente desde el primer hasta el último minuto. ¿Ya han pasado quince años desde que se estrenó...?

8. Alien. El octavo pasajero
Un escenario cerrado, siete seres humanos... y el octavo pasajero. En realidad tendría que ser el décimo, si contamos al gato y al ordenador de la nave, la mítica e inolvidable Nostromo. ¿Qué se puede decir que no se haya dicho ya de este clásico inmortal? Quizá que es la mejor película de Ridley Scott, con permiso de Blade Runner. Quizá que es más una historia de terror que de ciencia ficción, a pesar del envoltorio. Quizá que cuenta con el extraterrestre más intrigante y original que jamás se haya visto en una pantalla de cine (¿visto? Sólo al final...). Quizá que, puede que sin saberlo, creó a la heroína moderna de ficción en la piel de Sigourney Weaver. Quizá que quien no la haya visto todavía tiene ante sí un tesoro que me encantaría volver a descubrir por primera vez.

9. Nueve semanas y media
Todo un mito erótico del cine de los años 80. Cuando Kim Basinger se mostró al mundo, físico por delante, y cuando Mickey Rourke era una estrella, por mucho que eso pueda sorprender hoy en día (menos desde su regreso a la primera línea, aunque a mí El luchador me impresionara más bien poco). Lo que sí sorprende es que esta película del montón cobrara una fama inusitada en su momento y permitiera a Adrian Lyne hacer una y otra vez películas con el morbo como único argumento. Vale que la escena del striptease de Kim Basinger y la música de Joe Cocker se convirtieron en auténticos iconos eróticos, pero de ahí a pensar que ésta es una buena película, va un trecho. Un trecho inmenso. Pero es de esas que hay que ver, aunque sólo sea para criticarla. O compartirla.

10. Los diez mandamientos
Hubo un tiempo en el que el espectáculo en el cine tenía sólo un nombre: Cecil B. De Mille. ¿Película grandiosa y épica? Tenía que ser suya. Y así sólo él podía rodar la más ambiciosa versión de la historia de Moisés, después de haberla filmado él mismo, con menos medios y menos espectacularidad, más de tres décadas antes. Los diez mandamientos lo tiene absolutamente todo en sus casi cuatro horas de duración. Sobre todo un reparto brutal encabezado por Charlton Heston y Yul Brynner. Y unos efectos especiales que en su día eran el no va más. Hoy todo se haría por ordenador. Entonces requirió la mayor superproducción de la época. Cine con todo el sabor del Hollywood más clásico. Cine del que ya no se hace ni se hará nunca más, porque el ordenador ya lo hace todo.

lunes, agosto 03, 2009

SAGAS: Alien

Ya es oficial que habrá un nuevo Alien y también es oficial que su director no será otro que Ridley Scott. La noticia, magnífica y de gran trascendencia, apenas ha tenido difusión en España, lo que sorprende por aquello de tratarse de un icono de la ciencia ficción de los últimos 30 años, pero da a entender lo bajo que ha caído la saga de este ser estraterrestre, el asesino perfecto que nos descubrió el cine hace ahora tres décadas. Aprovechando la noticia y que hace un par de meses se cumplió la tercera década desde su estreno (a España llegó el 26 de septiembre de 1979), es buen momento para hacer un repaso a toda la saga.

· ALIEN (1979)
Un clásico con mayúsculas, y no sólo del género. Porque, para empezar, ¿de qué género es Alien? La tentación lógica es hablar de ciencia ficción, pero en realidad es una película de terror. En realidad, es puro cine. Del grande. Del que permanece en la memoria. Ridley Scott hizo maravillas escondiendo (como mandan los cánones del género) la criatura diseñada por H. R. Giger y haciéndonos temer por su aparición tras cualquier esquina de la mítica nave Nostromo. Apenas siete personajes, una criatura aparentemente indestructible y un gato formaron una de las tripulaciones más conocidas del cine contemporáneo. La genialidad narrativa de Scott, un reparto excepcional encabezado por Sigourney Weaver (que convirtió a Ripley en todo un icono del cine), una tensa música de Jerry Goldsmith y una imaginería visual pocas veces superada convierten a Alien en una referencia indispensable, en dos horas inolvidables y a las que hay que volver cada cierto tiempo con el mismo cariño y la misma reverencia de la primera vez.

· ALIENS. EL REGRESO (1986)
Si existe la secuela perfecta, es ésta y como tal debiera figurar en los manuales de cine, por la forma y por el fondo. James Cameron recogió un peliculón e hizo otro... que en realidad no tenía nada que ver con la anterior. Si Ridley Scott apostó por el terror, él lo hizo por el cine bélico, manteniendo el escenario de ciencia ficción y profundizando, como está mandado, en los personajes. Cogió la historia en un punto cercano al final de la primera entrega y expandió el universo con respecto a la película original. La incorporación de la reina Alien es una genialidad, como también la de Bishop, el personaje interpretado por Lance Henriksen o la niña Newt, una superviviente del ataque de los aliens. Tanto como la portentosa banda sonora que compuso James Horner. O el impresionante final, uno de los más emocionantes de la década, con un inolvidable duelo de titanes entre la mujer y la reina Alien. En realidad, todo. Para muchos, la mejor de la saga. Yo me sigo quedando con la primera. Aliens fue una de las primeras películas en tener un Director's cut.

· ALIEN 3 (1992)
Como en las películas anteriores, la tercera entrega contó con un director no demasiado importante en su momento pero que se ha acabado consolidando: David Fincher. La diferencia es que ésta es la primera película de Fincher, y Scott y Cameron ya habían dirigido alguna cosa de más o menos importancia. Fincher sólo videoclips y anuncios. Y sale airoso del trance, lo que no es poco, pero su película se vio muy disminuida por la intervención de los productores. El director's cut es mejor que la versión que se estrenó en cines y aporta mucha información interesante. En todo caso, las nuevas características que otorgan al Alien no son muy del gusto de la mayoría de los seguidores de la saga. A mí no me chirrían tanto, pero prefiero la versión original. Fincher, en todo caso, toma como modelo el Alien de Ridley Scott y captura por momentos una atmósfera intersante, opresiva y gótica. Sigourney Weaver cerró la saga de Ripley con un buen y simbólico final, aunque en un desaprovechado entorno de una cárcel enteramente poblada por hombres. Mejor de lo que muchos creen, pero bastante inferior a las dos anteriores.

· ALIEN RESURRECCIÓN (1997)
En los manuales de cine, ésto tiene que aparecer como el mejor ejemplo de la desgracia de una saga. Nada que ver con el original, ni en la forma ni en el fondo, una realización torpe (de Jean Pierre Jeunet, lo que quizá influye en mi negativa visión de Amelie...), un guión malo de solemnidad y un desarrollo de la franquicia que roza la locura, con la invención de un ser híbrido entre humano y alien que mueve a la carcajada. La presencia de planos imposibles, marca de fábrica del director, contribuye al despropósito tanto como el imposible y absurdo regreso de Ripley, que para eso estaba mejor donde se quedó en la tercera película. Tiene una secuencia fascinante, una persecución de los aliens a los humanos bajo el agua, pero el resto de la película es no ya una pérdida de tiempo, sino un motivo para salir muy, pero que muy cabreado del cine ante tanto despropósito génetico-cómico. Tanto fue así que han tenido que pasar doce años para que alguien piense en hacer otra película de la saga. Por algo será.

· ALIEN VS PREDATOR (2004)
El cómic ya había unido previamente las dos franquicias de ciencia ficción más populares de la Fox, así que era cuestión de tiempo ver algo parecido en el cine. Y el resultado fue de lo más decepcionante. Un galimatías demasiado centrado en los humanos, en lugar de focalizar la acción en lo que importaba a los fans de ambas sagas: los aliens y los depredadores. La historia es tan tópica que da cierta risa, y eso que el flashback que ofrece toda la información, a pesar de todo, es lo mejor de la película. Eso y una sola de las peleas entre una criatura de cada raza, la única de todo el metraje en la que el espectador puede seguir lo que está sucediendo sin necesidad de marearse o sentir que no se está enterando de nada. Una pérdida de tiempo que, sorprendentemente y a pesar de su carácter de serie B cutre y moderna, con actores desconocidos, recaudó bastante dinero. Pero no se ganó el cariño de nadie.

· ALIENS VS PREDATOR. REQUIEM (2007)
Cuando cabía pensar que la saga había tocado fondo, llegó esto. Sus responsables aseguraron que con esta, y dada la decepción de la anterior, querían satisfacer a los fans. Y creo que no es descabellado decir que la secuela es todavía peor que la original. Ya es decir. Un ejercicio de lamentable cine gore, más de serie Z que de serie B, que no duda en reírse de los personajes a los que quería hacer justicia y con unos diálogos tan absurdos que parecen escritos por niños de tres años. Lo mismo vista entre amigos, con grandes dosis de palomitas y muchísimo sentido del humor, es posible sacarle algo positivo, aunque la verdad es que lo dudo. Cuando le pusieron el subtítulo de Requiem, sabían lo que hacían: esto era el clarísimo fin de una saga de corto recorrido, la mezcla de aliens y depredadores, que no ha generado ni el más mínimo interés y que ha enterrado un poco más el prestigio de las dos sagas matrices. Depredador la asumirá ahora Robert Rodríguez desde la producción.

viernes, enero 11, 2008

Requiem para dos grandes sagas

Los chicos de marketing de Fox me dan la clave para empezar a hablar de Aliens vs. Predator 2. En Estados Unidos, la película en cuestión se estrenó con un subtítulo que en España ha desaparecido para dejar paso a ese 2. Ese subtítulo era Requiem. Y eso es exactamente lo que es este experimento, el requiem de dos de las mejores sagas de fantasía de las últimas décadas, un despropósito de hora y media (menos mal que no dura más) ridículo, inverosímil, desastroso, tópico hasta la extenuación y muy violento. No se le puede aplicar el término infantil (en su más peyorativo significado) precisamente por esa extrema violencia. Lo único bueno es que no tuve que pagar por verla, porque el precio de una entrada es muy doloroso después de ver esto...

Vayamos por partes y haciendo historia para que la gente sepa donde situarse a la hora de entender esta mi opinión. Alien es una de las cumbres de la ciencia ficción, Aliens una muy estimable continuación de la saga, Alien 3 una cinta interesante (y muy mejorada en su director's cut, disponible en DVD) y Alien Resurrección una locura sin pies ni cabeza que acabó por enterrar esta saga. Depredador es un pequeño clásico de la ciencia ficción de los 80 y Depredador 2 una intensa, violenta y buena secuela. La unión de ambas franquicias, Alien vs. Predator (¿porque lo llaman Predator cuando en España siempre ha sido Depredador...?), es una película bastante mala. Pero la secuela es incluso peor.

Esta secuela empieza justo donde acababa la primera película, viendo el nacimiento de una nueva criatura, el PredAlien (según la información oficial, el bicho es en un 80 por ciento Alien y en un 80 por ciento Depredador). Ahí empieza la matanza de esta hiperviolenta película. Seres humanos mueren muchísimos y en pantalla se pueden ver unas 30 muertes, la mayoría de ellos a manos de los múltiples Aliens y del PredAlien. Tampoco es que el Depredador se quede corto, pero en esta unión de sagas le ha tocado el papel de tipo más o menos bueno y más o menos aliado de los humanos...

¿Que por qué digo que la película es nefasta? Porque salí del cine con la sensación de que ninguno de sus responsables entendió a los personajes. Los hermanos Strause, debutantes responsables de esta película, se creen que con parodiar/homenajear/recrear/copiar algunas escenas de la saga tienen suficiente. Que con armar una escabechina en la pantalla (que no tengo nada en contra de las escabechinas, que nadie me entienda mal...) se contenta a los fans de los personajes. Pero cuando uno escucha decir a la rubia (siempre tiene que haber una rubia, y siempre tiene que haber una excusa para desnudarla parcialmente...) algo así como "no sobreviviremos, ¿verdad?" o al supuesto héroe de la película, rodeado por unos cuantos aliens, lanzar el grito de guerra "¡venid a por mí, cabrones!", queda claro que está viendo un bodrio de enormes proporciones.

Decir que esta película tiene guión es casi un guiño irónico. Es lamentable ver cómo se mezclan las historias supuestamente humanas y cotidianas de un pueblo americano con la guerra entre aliens y predators. Es triste ver que las cosas van pasando porque sí. El Depredador cambia de camuflado a no camuflado sin sentido alguno. Los aliens son implacables en unos casos y realmente torpes en otros. Los humanos son tan malos actores y ofrecen semejante repertorio de frases estupidas e inverosímiles que casi dan ganas de aplaudir con cada una de las muertes. El crecimiento de los recién incubados aliens es a conveniencia. Y si no tenemos suficientes facehuggers (que es como se llaman esos bichos que se pegan en la cara de los huéspedes para acabar engrendrando a un alien) como para justificar esa invasión... ¿qué más da? ¿Alguien los ha contado? Un aguafiestas, seguro...

Hay un par de secuencias que pueden resultar interesantes para el fan (sólo para el fan), como por ejemplo la primera pelea entre el Depredador y un grupo de aliens en las alcantarillas, pero se pierden en la inmensidad de un despropósito de colosales proporciones, que lleva entre otras cosas al macarra del pueblo a convertirse en un héroe de guerra porque sí. Es curioso, el primer Alien vs. Predator también tenía una sola secuencia de interés, y era una de las peleas entre ambas criaturas, perfectamente coreografiada y montada. Aquí el montaje es bastante más torpe, si cabe, que en la primera película, pero también es esa la única escena realmente a destacar. Bueno, también fue destacable la carcajada que soltó el cine entero cuando, en un alarde de perspicacia, uno de los personajes grita: "el Gobierno nunca nos mentiría".

Por algún extraño motivo, la primera película funcionó bastante bien en taquilla y esta segunda comentan por Internet que ha gustado más que su predecesora. Sus directores dicen que ese era el objetivo, contentar al fan que no salió satisfecho de la primera. Yo todavía estoy consternado por la forma de destrozar a estos personajes y por la triste posibilidad de que estos hermanos Strause se puedan hacer cargo de una tercera película de esta nueva saga híbrida. Conmigo ya que no cuenten...