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miércoles, septiembre 29, 2010

Robert Rodríguez, cine decadente

Nunca he sentido simpatía por Robert Rodríguez. El apadrinado de Quentin Tarantino (por el que, vaya, tampoco siento simpatía) no ha conseguido convencerme con ninguna de sus películas. Casi coinciden en la cartelera su último trabajo como director, Machete, y un título en el que ha ejercido de productor, Predators. Ninguno de los dos merece grandes elogios y sí dejar claro el pesar que producen por el aire decadente que desprenden ambas, especialmente la primera.


Todo en Machete suena a decandente. No en el sentido que podría haber dado más juego artístico, sino en el de la sensación de estar viendo un producto caducado, viejo, ajado y baldío, pasajero como él solo y olvidable en el más benevolento de los juicios que me atrevo a hacerle. Violento como sólo Robert Rodríguez puede ofrecerlo (en realidad no, forma parte de una escuela muy extendida en el moderno cine norteamericano de acción), pero decadente, muy decandente. Lo asombroso es que se sigan buscando excusas argumentales (en este caso, la inmigración ilegal desde México a Estados Unidos) para completar productos idénticos, clónicos y repetitivos. Porque Machete no es otra cosa que gente matando y gente muriendo, por motivos que no importan lo más mínimo (no ya al espectador, que también, sino al propio director o eso parece), con sangre y miembros volando de un sitio a otro.

Para narrar esta sucesión de asesinatos (puede que la única forma entretenida que hubiera tenido de ver esta película fuera contarlos, pero no lo hice), Rodríguez encuentra un reparto también decadente. Danny Trejo, protagonista de la función, hace de sí mismo pero más serio y pétreo. Es un tipo querido por los fans de este tipo de cine, y en realidad es lo más decente de la película. Luego da miedo ver a Robert De Niro arrastrándose una vez más por la pantalla. Hollywood no está siendo consecuente ni responsable con su genialidad, como tampoco lo está siendo él mismo. Por eso hace más de una década que no se ve al gran De Niro en el cine. Sólo se ve a alguien que toma prestados su cara y su voz. O eso prefiero pensar. Steven Seagal no es que se arrastre. Es que es Steven Seagal, pero con unos años y kilos más que los que acostumbraba a tener en las películas que le lanzaron a la fama. Decadante, sí.

Decadente es también que Robert Rodríguez se repita/imite/homenajee, porque llega un momento en que ya no importa si estás viendo Desperado, El mariachi, Sin City, Planet Terror o The faculty. Con las mismas explosiones, asesinatos, irreverencias y desmanes, lo único que cambia son algunas caras. Y cuerpos, porque cuando se trata de sumar actrices a estos proyectos eso es lo único que parece contar. Veinteañeras que hacen carrera en Hollywood sólo por la belleza hay muchas y siempre las habrá. Jessica Alba proclamó hace años que jamás se desnudaría en una película. Lo hace aquí, de la forma más absurda, en una escena intrascendente. Y decadante, como la carrera de esta actriz. Lindsay Lohan también aparece sin ropa ante la cámara, y de forma más explícita. No hará falta que insista en el adjetivo para que quede claro lo que opino de ella, pero igual la presencia de ambas sin ropa es motivo para que alguien vea la película. Michelle Rodríguez no llega a tanto, pero casi. Da lo mismo.

El caso es que hay seguidores para esta película, para este tipo de cine, para estos actores e incluso para este director. Yo, desde luego, no soy uno de ellos.

Depredador es un pequeño clásico de ciencia ficción y acción de los años 80 y una de las más notables películas de Arnold Schwarzenegger delante de la cámara y del director John McTiernan detrás de ella. Con los años, la franquicia no ha hecho sino vivir una decadencia en la que se acaba de cruzar Robert Rodríguez como productor Durante mucho tiempo, de hecho, se asociaba el proyecto a su nombre más que al del director. Flaco favor le hicieron al personaje las películas de Alien vs. Predator y muy flaco favor le hace este Predators que dirige Nimrod Antal, un realizador que apenas tiene un par de películas no demasiado destacables entre las que está Habitación sin salida. Con esos mimbres, cabía temer lo peor. Y lo peor es lo que ha salido, una especie de remake alocado y bastante vergonzoso del Depredador original, con una horrible puesta en escena, con un guión delirante y plagado de imposibles giros y sin un solo momento memorable que perdure, ni siquiera para el más acérrimo seguidor de la franquicia.

Sorprende de partida el planteamiento de la película, que va en contra de la esencia del personaje que se vio en los buenos títulos (tanto el original como su infravalorada secuela) como en los malos (las dos entregas de ese horrible cruce con los aliens). Tenemos una raza de criaturas que caza por disfrute, pero que lo que busca son presas en sus propios ambientes. Esa es la gracia. Pero aquí no. Aquí tenemos una especie de reserva para que estos depredadores den rienda suelta a su afición. El sentido del honor que caracteriza a estos seres no está aquí por ningún lado. Tampoco hay interés por ver quién gana el combate (y más cuando llega la delirante escena en la que un yakuza japonés se dedica a pelear, espada samurai en mano, con uno de los depredadores). Todo se mueve entre el absurdo y el tópico. Porque tópico es que entre los protagonistas tenga que haber por decreto un negro, un hispano, un asiático, un ruso y una mujer (sólo una, no nos pasemos).

La película es un torpe ejercicio de rutinario cine de acción (ciencia ficción se ve poca a pesar de todo), en el que la única baza nueva radica en el plural del título (sin alardes, salen cuatro depredadores; ¡qué lejos queda la referencia del Aliens de James Cameron, donde el plural sí significa algo). Torpe porque introduce elementos (los perros o esa especie de ave extraterrestres) que luego no vuelve a sacar. Rutinario porque hasta copia algunos pasajes del Depredador original. Y absurdo porque quiere establecer una conexión argumental con la película de McTiernan y se olvida de casi todos los hallazgos de aquella. Con redecorar los cascos de los depredadores parece que tiene suficiente en el pretendido afán de actualización de la saga. Y todo esto con un Adrien Brody también en absoluta decadencia protagonizando la función. Qué poco queda ya de aquel actor que maravilló en El pianista. Y para recordarnos que, sí, Robert Rodríguez está detrás del invento, uno de los actores, aunque se le ve mucho menos de lo que seguro que esperan sus seguidores, es Danny Trejo.

Una perfecta muestra de cómo enterrar para siempre una franquicia que en su nacimiento alcanzó cierto prestigio y de cómo Hollywood, de vez en cuando, intenta con todo el descaro del mundo sacar dinero al espectador con productos de ínfima calidad. Y sin rubor alguno.

viernes, enero 11, 2008

Requiem para dos grandes sagas

Los chicos de marketing de Fox me dan la clave para empezar a hablar de Aliens vs. Predator 2. En Estados Unidos, la película en cuestión se estrenó con un subtítulo que en España ha desaparecido para dejar paso a ese 2. Ese subtítulo era Requiem. Y eso es exactamente lo que es este experimento, el requiem de dos de las mejores sagas de fantasía de las últimas décadas, un despropósito de hora y media (menos mal que no dura más) ridículo, inverosímil, desastroso, tópico hasta la extenuación y muy violento. No se le puede aplicar el término infantil (en su más peyorativo significado) precisamente por esa extrema violencia. Lo único bueno es que no tuve que pagar por verla, porque el precio de una entrada es muy doloroso después de ver esto...

Vayamos por partes y haciendo historia para que la gente sepa donde situarse a la hora de entender esta mi opinión. Alien es una de las cumbres de la ciencia ficción, Aliens una muy estimable continuación de la saga, Alien 3 una cinta interesante (y muy mejorada en su director's cut, disponible en DVD) y Alien Resurrección una locura sin pies ni cabeza que acabó por enterrar esta saga. Depredador es un pequeño clásico de la ciencia ficción de los 80 y Depredador 2 una intensa, violenta y buena secuela. La unión de ambas franquicias, Alien vs. Predator (¿porque lo llaman Predator cuando en España siempre ha sido Depredador...?), es una película bastante mala. Pero la secuela es incluso peor.

Esta secuela empieza justo donde acababa la primera película, viendo el nacimiento de una nueva criatura, el PredAlien (según la información oficial, el bicho es en un 80 por ciento Alien y en un 80 por ciento Depredador). Ahí empieza la matanza de esta hiperviolenta película. Seres humanos mueren muchísimos y en pantalla se pueden ver unas 30 muertes, la mayoría de ellos a manos de los múltiples Aliens y del PredAlien. Tampoco es que el Depredador se quede corto, pero en esta unión de sagas le ha tocado el papel de tipo más o menos bueno y más o menos aliado de los humanos...

¿Que por qué digo que la película es nefasta? Porque salí del cine con la sensación de que ninguno de sus responsables entendió a los personajes. Los hermanos Strause, debutantes responsables de esta película, se creen que con parodiar/homenajear/recrear/copiar algunas escenas de la saga tienen suficiente. Que con armar una escabechina en la pantalla (que no tengo nada en contra de las escabechinas, que nadie me entienda mal...) se contenta a los fans de los personajes. Pero cuando uno escucha decir a la rubia (siempre tiene que haber una rubia, y siempre tiene que haber una excusa para desnudarla parcialmente...) algo así como "no sobreviviremos, ¿verdad?" o al supuesto héroe de la película, rodeado por unos cuantos aliens, lanzar el grito de guerra "¡venid a por mí, cabrones!", queda claro que está viendo un bodrio de enormes proporciones.

Decir que esta película tiene guión es casi un guiño irónico. Es lamentable ver cómo se mezclan las historias supuestamente humanas y cotidianas de un pueblo americano con la guerra entre aliens y predators. Es triste ver que las cosas van pasando porque sí. El Depredador cambia de camuflado a no camuflado sin sentido alguno. Los aliens son implacables en unos casos y realmente torpes en otros. Los humanos son tan malos actores y ofrecen semejante repertorio de frases estupidas e inverosímiles que casi dan ganas de aplaudir con cada una de las muertes. El crecimiento de los recién incubados aliens es a conveniencia. Y si no tenemos suficientes facehuggers (que es como se llaman esos bichos que se pegan en la cara de los huéspedes para acabar engrendrando a un alien) como para justificar esa invasión... ¿qué más da? ¿Alguien los ha contado? Un aguafiestas, seguro...

Hay un par de secuencias que pueden resultar interesantes para el fan (sólo para el fan), como por ejemplo la primera pelea entre el Depredador y un grupo de aliens en las alcantarillas, pero se pierden en la inmensidad de un despropósito de colosales proporciones, que lleva entre otras cosas al macarra del pueblo a convertirse en un héroe de guerra porque sí. Es curioso, el primer Alien vs. Predator también tenía una sola secuencia de interés, y era una de las peleas entre ambas criaturas, perfectamente coreografiada y montada. Aquí el montaje es bastante más torpe, si cabe, que en la primera película, pero también es esa la única escena realmente a destacar. Bueno, también fue destacable la carcajada que soltó el cine entero cuando, en un alarde de perspicacia, uno de los personajes grita: "el Gobierno nunca nos mentiría".

Por algún extraño motivo, la primera película funcionó bastante bien en taquilla y esta segunda comentan por Internet que ha gustado más que su predecesora. Sus directores dicen que ese era el objetivo, contentar al fan que no salió satisfecho de la primera. Yo todavía estoy consternado por la forma de destrozar a estos personajes y por la triste posibilidad de que estos hermanos Strause se puedan hacer cargo de una tercera película de esta nueva saga híbrida. Conmigo ya que no cuenten...