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viernes, marzo 08, 2013

'Oz, Un mundo de fantasía', Sam Raimi sale airoso

Qué difícil se antoja decir algo contundente y definitivo sobre Oz, un mundo de fantasía. ¿Es una mala película? No, no lo es, por supuesto que no, aunque tiene defectos clamorosos en unos diálogos que se prestan tanto a dobles interpretaciones o a risas inadecuadas que acaban naufragando en determinados momentos. ¿Pero es una buena película? Dan ganas de decir que sí, lo merece viendo el gran despliegue visual que orquesta Sam Raimi, muy superior al que mostró Tim Burton en Alicia en el País de las Maravillas, o lo conseguidas que están algunas secuencias, emocionantes y divertidas, pero es que la comparación con El Mago de Oz es tan palpable en cada momento, en cada escenario y en cada personaje que se convierte en un fantasma que ahoga esta precuela. Al final, y a pesar de las distraídas interpretaciones de algunos de los actores de más renombre y de un exceso digital que en ocasiones empalaga, la sensación es que Raimi sale airoso de un trance realmente complejo, que es el de superar a una leyenda de Hollywood cuando el público contemporáneo ya no está tan dispuesto a creerse las dosis de almíbar y buenos sentimientos que hizo del cine de la edad dorada de Hollywood algo tan hermoso.

Oz luce con esplendor en las manos de Raimi, que decide seguir las mismas pautas que el clásico mundo en el que está basado. Es decir, inicio en Kansas en blanco y negro (y en formato 4:3 y no panorámico) para después provocar en la pantalla el estallido de color y escenarios imposibles que no consiguió Burton con su Alicia. A pesar de que hay elementos más que logrados en cuanto a las referencia al conocido musical El Mago de Oz (en especial, en el clímax final) quizá sea un error querer hacer la misma traslación de personajes del mundo real al de Oz, porque en la deliciosa película de Victor Fleming que protagonizó Judy Garland aquello tenía una razón de ser y era completa, mientras que aquí es demasiado parcial, enfocada en apenas un par de personajes y no funciona... especialmente en la versión doblada, pues la correlación afecta a algún personaje digital. Es la imaginería visual, y en la hermosa correlación musical que establece Danny Elfman, donde Oz (curioso, por cierto, que el título haga referencia originalmente al Mago, grande y poderoso, y el español a la tierra, un mundo de fantasía) alcanza sus cotas más logradas.

En el escenario y en el protagonista. James Franco, una figura extraña de analizar por lo dispar de su carrera y por aquel fracaso como presentador de los Oscar, disfruta con su papel de mago tramposo y tunante, mujeriego y algo cínico, convirtiéndose, más incluso de lo que habría sido previsible en una producción en la que los efectos especiales tienen tanto que decir, en el centro absoluto de la función. Sin embargo, y he aquí la mayor decepción de la película, el trabajo de las actrices que le acompañan es frío y rutinario. Mila Kunis, Michelle Williams y Rachel Weisz están fuera de su elemento, no son capaces de actuar con comodidad ante tanta pantalla verde y se quedan muy lejos de lo que podrían haber conseguido con sus personajes. Muy lejos de verdad. Kunis es la actriz que más evidente hace esa sensación, ya que la química que manifiesta con Franco es sensiblemente inferior que la que éste consigue con un mono alado digital que se convierte en uno de los mejores hallazgos de la película y, de largo en lo más divertido de la película, que se alarga hasta los 130 minutos.

Aunque a los diálogos de Oz puede que les falte una revisión o dos, lo cierto es que da la impresión de que fallan en boca de estas actrices más que en el papel. A la hora de entrar en un universo de fantasía, que sus intérpretes se crean lo que están diciendo, por imposible que parezca, es esencial. No hay más que ver películas como la ya mencionada El Mago de Oz, Willow, La princesa prometida y tantas otras. ¿Son menos creíbles los diálogos de Oz, un mundo de fantasía? Probablemente no, pero suenan peor. Eso no impide reconocer el espléndido trabajo de dirección artística y efectos especiales, ni resta méritos al esfuerzo cómico y carismático que hace James Franco durante toda la película, ni elimina secuencias tan bien construidas como el hallazgo de la figura de porcelana o tan divertidas como la presentación al Mago de los pueblos de Oz (con la inevitable y divertidísima referencia musical), pero sí limita el resultado final, que podría haber sido mucho más ambicioso y conseguido.

Oz, un mundo de fantasía es un filme atractivo y divertido, pero precisamente por esas limitaciones algo inferior a lo que podría haber sido. Funciona mucho mejor que otras fantasías recientes porque Raimi es un director ya experimentado en estas lides que hace funcionar ideas alocadas y que consigue un buen equilibrio entre los personajes reales y los secundarios y los escenarios creados en el ordenador (aunque, insisto, pueden antojarse excesivos). Y da gusto que un director como Raimi, muy conocido por la trilogía de Spider-Man o por sus experimentos de terror tan excesivos como divertidos en Arrástrame al infierno o la saga Evil Dead, sepa moverse como pez en el agua en otro tipo de fantasía, manteniendo al mismo tiempo constantes que hacen de su trabajo algo especial (como el necesario cameo de Bruce Campbell, difícil de reconocer si no se está muy atento). Al final, la película es una bonita fantasía amable en la que chirrían elementos como algunos diálogos malinterpretables (¿quizá es algo buscado?) o Mila Kunis con su asombroso sombrero de fiesta.

miércoles, septiembre 02, 2009

'Arrástrame al infierno' no es 'Posesión infernal'

Sam Raimi vuelve al terror, tras un largo paréntesis en su carrera dedicado a Spider-Man, con Arrástrame al infierno. Muchos esperaban este regreso porque el precedente es una de las sagas más populares que mezclan el cine de terror y el humor más macabro, la que inició con Posesión infernal hace ya casi tres décadas. Pero este regreso se produce sólo a medias. No hay en Arrástrame al infierno las dosis de humor a las que nos acostumbró Raimi en sus inicios como director, y, así, su última película se arrastra en demasiadas ocasiones en el tópico más tópico del cine de terror, en lo previsible del cine moderno y en lo simple de un guión al que le faltan un par de vueltas. Entretiene y asusta (¿qué sería del cine de terror sin el susto acentuado por la música?; o, dicho de otra forma, ¿por qué todos los directores caen en una forma tan fácil y tramposa de asustar a la audiencia?), pero podía haber dado más de sí. ¿Se habrá ascotumbrado Raimi definitivamente al cine más comercial y habrá enterrado su faceta más gamberra? No del todo, pero lo que está claro es que no estamos ante Posesión infernal.

Seguimos las andanzas de Christine Brown, una joven empleada de banco (Alison Lohman, la quinceañera que utilizó Ridley Scott en la interesante Los impostores, ya convertida en veinteañera). El primer toque gamberro, quizá el más inteligente y quizá, por desgracia, el que más desapercibido pasa en la película, es que su pesadilla comienza gracias a una hipoteca. ¿Quería Sam Raimi hacer una metáfora de la crisis económica actual? No lo sé, seguramente no, pero quizá no estaríamos en la situación en la que estamos si más de un banquero se enfrentara a la odisea que esa hipoteca le hace vivir a esta muchacha. También es apasionante el retrato familiar y, sobre todo, el del mundo laboral. La joven atractiva y el trepa inmigrante luchan por un puesto. Y la decisión está en manos de un jefe tan inepto como personalmente sobornable. Una pena que la película no nos quiera contar esto, más allá de la introducción. Pero, claro, es difícil encajar demonios, maldiciones y muertos en un cuento económico de terror. ¿O no...?

El caso es que Sam Raimi se decanta, como es lógico, por los derroteros que ya apunta en el prólogo aterrador y misterioso de la película. Los prólogos se están convirtiendo en una remora en la que caen casi todas las películas del género. Quizá buscan impresionar como hizo El exorcista hace ya muchísimos años, pero en realidad acaban desvirtuando sus propias películas. Aquí sucede. Aquí vemos en dos minutos lo mismo que a la protagonista le sucede en hora y media, y eso resta credibilidad al resto. Claro que, bien pensado, la credibilidad no es el objetivo de esta película. ¿Y cuál es? Supongo que pegar un par de saltos en la butaca mientras el director disfruta haciendo sufrir a la protagonista. Y eso lo consigue. ¿Empatía con Christine? A ratos. Yo la perdí en la escena más desaprovechada de la película, cuando la joven averigua que puede transmitir la maldición que le acosa a cualquiera otra persona y se plante a quién pasársela. El debate filosófico de a quién condenarías al infierno para librarte tú mismo se diluye como un azucarillo.

Los puntos fuertes de Arrástrame al infierno están en el Sam Raimi gamberro que los viejos fans de sus películas quieren ver. En escenas enteras (la lucha entre Christine y la anciana en el coche es de lo mejor que ha rodado Raimi, una secuencia tan absurda y desquiciada, tan propia de Posesión infernal -y de su protagonista, Ash, interpretado por un Bruce Campbell que por desgracia no tiene cameo en esta película como suele ser habitual en el cine de Raimi-, como aterradora) y en pequeños detalles (el director del banco, bañado en sangre de su empleada, preguntando "¿me ha entrado algo en la boca?"). En el Raimi más gamberro, en el director que nos ofrece un final (algo previsible, eso sí) que encaja perfectamente en el cine con el que él disfruta. También es notable el juego visual de sombras (que no se había explotado tanto desde que Francis Ford Coppola lo convirtiera en base imprescindible de su maravilloso Dracula), en la línea más clásica de enseñar al monstruo lo menos posible.

El guión, obra del propio Raimi, está escrito desde que el director finalizó El ejército de las tinieblas, tercera entrega de la saga de Posesión infernal. Pero aunque se marque alguna broma privada (¿no recuerda demasiado a la casa de su mítica saga la que el novio de Christine le describe para pasar un fin de semana...?), no parecen obras consecutivas. Se nota mucho que Raimi se alejó de su gamberrismo de terror hace más de quince años para abrazar la maquinaria de Holywood. No es que Arrástrame al infierno sea una película políticamente correcta, ni mucho menos, y de hecho, la base de usar sangre y otros líquidos para generar angustia sigue de lo más presente (la dentadura de la anciana da su juego...), pero, insisto, no es Posesión infernal. Parte del encanto se ha perdido también con el mundo digital. El Raimi gamberro necesita trucajes físicos, no unos ojos digitales que se salen de las órbitas.

Con todo, entretiene. Es exactamente lo que uno va a ver. Una película de terror con el sello Raimi, con algunos (menos de los deseados) toques de humor macabro y un castigo continua a una protagonista interesante. Los debates morales que la historia puede abrir no le interesan a Sam Raimi. Probablemente tampoco a la mayoría de sus espectadores potenciales. A mí me hubiera gustado ver algo más de eso. Pero se ve a gusto. ¿O es a disgusto...?

lunes, abril 23, 2007

'Spider-Man 3', la mejor adaptación de cómic de la historia

Soy uno de los privilegiados que ya ha podido ver Spider-Man 3, a pesar de que su estreno no se producirá hasta el día 4 de mayo. Hoy han tenido lugar los pases para la prensa y he estado allí. Antes de nada, quiero avisar a quien esté leyendo esto que no voy a revelar ningún detalle esencial para la historia, así que podéis continuar sin peligro. Sé cuánto molesta que a uno le cuenten cosas de una película que es mejor no saber hasta que uno la ve... Lo primero, la conclusión: Spider-Man 3, aunque para ser justos habría que decir que toda la saga, es la mejor adaptación al cine que se ha hecho nunca de un cómic. Y ahora desgrano...

La base de la película es la historia del traje negro que en el cómic se publicó entre los años 80 y 90. Impresionante ver a Spider-Man con ese atuendo. Impresionante ver a Peter Parker convertido en un ser lleno de odio por su culpa. Impresionante la lucha con el simbionte (que es el nombre que se daba en el cómic y también en la película a la criatura). Impresionante el nacimiento de Venom, el mejor villano contemporáneo del trepamuros. Y muy impresionante la batalla final entre Spider-Man y Venom. Yo he crecido con esos cómics. Y confieso que se me caía la baba viendo las imágenes en pantalla grande.

Comienza esta tercera entrega en el mismo punto donde acaba la segunda. Y completa el círculo. Ahora Peter Parker, y también Spider-Man, es feliz. Las cosas le van bien en la vida. Pero le van bien por un cúmulo de circunstancias que han colocado su vida en un equilibrio muy difícil de mantener. El héroe se engaña, se le sube a la cabeza el éxito. Y la caída es durísima. Tanto que se ve inmerso en una espiral de odio que deja las secuencias más duras y crueles de toda la trilogía del superhéroe arácnido. Ojo, es una película muy violenta aunque no especialmente explícita. No hace falta ver sangre para que lo sea.

Pero si alguien cree que sólo va a ver una peliculita de acción que sólo satisface a los frikis, está más que equivodado. El retrato de los personajes es preciso y complejo en la mayoría de los casos. Quizá el que queda más en el aire es el Hombre de Arena, un personaje que no termina de arrancar en toda la parte dramática de la película, aunque sí en la de acción. Quizá también sepa a poco la presencia de Gwen Satcy y de su padre, el capitán Stacy, aunque ver a Gwen (no deja de ser curioso que para interpretar a una rubia se contrate a la pelirroja Bryce Dallas Howard y para dar vida a la pelirroja Mary Jane se recurra a la rubia Kirsten Dunst; ambas están preciosas y muy metidas en sus papeles) es un viejo sueño de cualquier aficionado a los cómics de Spider-Man. Y tiene un par de escenas muy interesantes en las que sale a relucir la rivalidad con Mary Jane (Kirsten Dunst es una de las mujeres más atractivas que cirula por el cine moderno).

Tobey Maguire está espectacular como Peter Parker y como Spider-Man. Habrá quien piense que una película de este subgénero del cómic de superhéroes no deja margen para el lucimiento, pero aquí se demuestra lo contrario. Maguire ha hecho tan suyo este personaje que ha dejado el listón muy alto para cualquiera que piense en ponerse en el futuro la máscara de Spider-Man. Los momentos dramáticos son buenos y los cómicos también (como en la segunda película, hay un momento cómico-musical, esta vez para ilustrar el paso de Peter Parker al lado oscuro que le brinda su nuevo traje negro: espectacular).

La batalla final es de las que hacen época. Por los efectos especiales. Por lo pensados que están todos los planos y movimientos. Por la resolución de casi todas las historias (digo casi porque hay una que no me termina de convencer; no digo cuál...). Por la espectacularidad y la profundidad del momento. Por el homenaje que tiene a la ciencia ficción de los años 50 y 60, unas décadas irrepetibles en este género. Y, por qué no decirlo, por un final que huele a cierre de una trilogía pero que deja la historia lo suficientemente abierta como para saber que estamos ante un cómic. Ante el mejor cómic que se ha hecho nunca en el cine.

Y si encima uno se muere de risa con las apariciones (sobre todo la primera) de personajes clásicos como J. J. Jameson (un J. K. Simmons tal delirante como en las dos primeras entregas) y esboza una sonrisa de satisfacción al ver el nuevo cameo del creador de Spider-Man, Stan Lee (sí, un solo hombre puede marcar la diferencia...), entonces sólo se puede decir una cosa de esta película: que es una gozada, un entretenimiento difícil, muy difícil de igualar. Un sueño hecho realidad para un amante del cómic como yo.

¿Queréis algún pero? Pues además del ya mencionado de dejar un poco desbibujado a algún personaje (no es fácil plasmar en una película nada menos que un héroes, tres villanos, dos chicas y al menos media docena de secundarios con importancia) queda una duda. No sabría decir muy bien si buena parte de la primera hora de película hubiera encajado mejor en la segunda película. Puede ser también un acierto, porque evidencia que la saga tiene una cohesión envidiable, pero quizá se alarga en exceso la primera aparición de Spider-Man para situar el escenario en el que se va a desenvolver el resto de la película. Detalles de escasa importancia para una película tan entretenida como ésta.

Sam Raimi puede presumir de haber realizado una trilogía inmensa. La primera película era una muy buena introducción al personaje, una más que correcta película de origen que ya se situaba entre las mejores adaptaciones de un personaje de cómic. La segunda era una continuación natural, mucho más espectacular y divertida que la anterior. La tercera es la explosión, es el clímax de todo lo que se ha ido gestando durante las dos primeras películas. Y es que la saga de Spider-Man, como lo fue la de El Señor de los Anillos, ha sido un crescendo impresionante.

Reconozco que me mostré muy escéptico cuando se anunció el nombre del director del primer Spider-Man. ¿Un tipo que ha hecho Posesión infernal (con todo mi respeto a esta película cutre-gore de los años 80, hoy un clásico, pero muy alejado del espíritu de Spider-Man, se mire por donde se mire)?. Eso es lo que me pregunté. Y es curioso. Pensé lo mismo cuando se eligió a Peter Jackson para hacer El Señor de los Anillos. Sólo que su película gore se subtitulaba Tu madre se ha comido a mi perro (Braindead). Ambos me han dejado sin palabras y entusiasmado. Ahora dicen que quieren hacer otra trilogía de Spider-Man. O si no una trilogía, por lo menos sí llegar a la sexta película. Sam Raimi se ha ganado seguir al frente de esta saga.

martes, enero 16, 2007

¡Puede haber 'Spider-Man 4'!

Una de las películas de este año es Spider-Man 3. Aunque sólo sea porque se va a convertir en la cinta más cara de todos los tiempos, merece especial atención. Los avances que ya se han podido ver prometen emociones fuertes y un nivel de drama superior al que suele incluir el cine de superhéroes. Antes incluso de que se estrene esta tercera entrega, los fans se frotan las manos tras escuchar a Sam Raimi, que ha hablado de la posibilidad de que haya una cuarta parte.
"Me encanta Spider-Man y me encanta trabajar con Kirsten (Dunst), Tobey (Maguire), James (Franco)... Cuando termine esta película, tengo que estar seguro de que sigo fascinado con el personaje. En este momento, lo estoy", afirma en la revista Premiere el realizador, que también apunta que no se imagina que esa cuarta entrega pueda hacerse sin Tobey Maguire, el actor que ha puesto cara a Peter Parker y se ha enfundado la máscara de Spider-Man en las tres primeras. Y ese es el jarro de agua fría, puesto que Maguire ha dicho que no ve muy claro que pueda hacerse esa cuarta película. Nada que no arregle un cheque con unos cuantos ceros, supongo...
Aprovecho que me pongo a hablar de Spider-Man para reivindicar la saga y el género. Pocos se toman en serio una película cuando el protagonista es un superhéroe, a pesar de que son personajes con una larga historia y millones de seguidores en todo el mundo. La fantasía y la ciencia ficción suelen dejarse al margen de lo que la gente considera grandes películas o clásicos. Y me rebelo contra eso. El Señor de los Anillos ha hecho mucho por este mundo, sobre todo tras ganar la tercera entrega el Oscar a la mejor película, pero aún queda mucho por hacer para que la fantasía alcance el respeto de otros géneros, sigue habiendo demasiada gente que proclama que no le gustan las películas fantásticas o de ciencia ficción, como si eso ennobleciera sus gustos en el séptimo arte. Y, específicamente, dentro del género de superhéroes, la saga de Spider-Man ocupa uno de los lugares de honor. Las dos películas que ya hemos visto tienen aventura, acción, romance, drama, escenas que en otras películas hubieran sido para algunos ejemplos de cómo rodar una película... Spider-Man está marcando el camino a seguir para el género y dando unas horas de profunda emoción a todos los que hemos crecido con las aventuras de este personaje, el mejor de Marvel Comics y sin duda uno de los mejores que ha dado el noveno arte a la cultura popular del siglo XX, y ya del XXI.