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viernes, septiembre 04, 2015

'Anacleto: Agente secreto', demasiado viejo para esto

En más de una ocasión, el Anacleto que interpreta Imanol Arias dice "soy demasiado viejo para esto". Y efectivamente, lo es. No Imanol Arias, por supuesto, porque él es de largo lo mejor de esta adaptación del personaje de tebeo creado por Manuel Vázquez Gallego en los años 60 del pasado siglo. Pero Anacleto: Agente secreto es una película extraña, porque la apuesta de Javier Ruiz Caldera es demasiado moderna como para entender lo que realmente habría funcionado. Un Anacleto con Imanol Arias hace veinte años habría sido sensacional. Cada vez que él sale en pantalla, deja esa sensación. Hay un esfuerzo por mantener elementos que vinculen la película a la historieta, pero al final todo eso se ve devorado por el humor más moderno, por la necesidad de cameos, por buscar un humor mucho más actual que el que realmente funcionaba en las aventuras de Anacleto. Y por eso la película no termina de arrancar nunca, a pesar de algún momento notable.

Sorprende que la fórmula para llevar a Anacleto al cine haya sido la de envejecer al personaje y darle un hijo (interpretado por Quim Gutiérrez) que por supuesto tendrá que seguir al agente secreto en una de sus locas aventuras. Sin haber probado siquiera el potencial de Anacleto, el cine español ya le ha fulminado, como hizo por ejemplo con aquella rocambolesca idea de fusionar cuatro novelas del Capitán Alatriste para que luciera el cine, matando las posibilidades de hacer una franquicia exitosa. Anacleto comete el mismo error (¿recordamos las furibundas críticas que recibió George Lucas por dar un hijo a Indiana Jones?), pero lleva la broma demasiado lejos, y eso pesa, especialmente en su final. Y sorprende más cuando precisamente se ha hecho lo más difícil, encontrar a un actor que encaje en los zapatos de Anacleto, aunque sea un Imanol Arias que habría sido sencillamente perfecto hace algunos años.

La película, en todo caso, tiene un ritmo extraño que no siempre funciona. Hay momentos muy divertidos, tampoco demasiados (y eso es un grave problema cuando lo que se está adaptando es una historieta humorística), y más interés en el relevo, en la pareja joven que forman Gutiérrez y Alexandra Jiménez, en realidad un trío si contamos a Berto Romero (de su personaje sólo disfrutarán los incondicionales de su humor), que en el propio Anacleto. Tan irregular es, que incluso uno de los cameos, el de Rossy De Palma, proporciona algunas de las carcajadas más honestas de toda la película. Y en el fondo no deja de ser una pena que el foco del filme se vaya precisamente a elementos ajenos al personaje al que se quiere honrar. Gutiérrez intenta robar la película a Arias en todo momento, apostillando cada frase con una respuesta humorística, y eso no funciona casi nunca, y Arias siempre está por encima. Él, hay que insistir, en ello, es lo mejor.

Y eso que Ruiz Caldera no rueda nada mal la película, saca partido de la acción y elabora unas coreografías de pelea muy verosímiles, incluso cuando las protagoniza el propio Imanol Arias a sus 59 años. Se mire como se mire, lo mejor de la cinta es lo que rodea a su protagonista y el resto, a pesar de que el montaje apenas supera los 90 minutos, se mueve entre lo superfluo, lo simplemente correcto e incluso lo aburrido, porque hay algunas escenas de la película que bordean esa peligrosa frontera. Anacleto: Agente secreto es una ligera decepción que no siempre es fiel al material que adapta, que ha optado por un guión simple que está lejos de satisfacer por completo tanto al lector clásico de las aventuras del personaje como a quien se aproxime a la película sin conocimiento alguno del personaje. Hay detalles, hay un espléndido actor al mando, pero el resto es bastante inofensivo o no termina de arrancar.

jueves, diciembre 05, 2013

'3 bodas de más', demasiado gag

Javier Ruiz Caldera, responsable de Spanish Movie y Promoción fantasma, es el último director en sumarse al trillado mundo de las comedias sobre bodas. La originalidad del director en 3 bodas de más, que así se titular el filme, se centra en llevar las situaciones al exceso más propio del humor patrio y a lanzarse de cabeza al gag como forma de construir la película. Hay historia detrás de esos gags, menos probablemente de lo que hubiera sido necesario para que la película despegara por encima de la norma habitual en este tipo de producciones. Y el gag lleva irremediablemente a la irregularidad. Los hay muy buenos y también algo más fallidos, los hay escatológicos (parece que no se puede hacer una comedia en nuestros días sin alguno de estos) y sexuales (aquí, por su temática, con algo más de sentido que en otras películas). Pero sobre todo hay mucho, demasiado gag. Y eso devora por momentos la historia, que, en su sencillez, llama más la atención en algunas escenas que el gag puntual.

Eso es porque Inma Cuesta está más cómoda en la historia que en el gag. El gag llega de la larga lista de secundarios, cómicos profesionales como es el caso de Berto Romero o Paco León (que con su acento va recordando y olvidando alternativamente el pretendido origen vasco de su personaje), y actores de marcada vis cómica como Quim Gutiérrez o Rossy De Palma. Llega también del guión, de la variopinta selección de bodas que aporta a la trama, pero sobre todo de los actores. Y aunque Inma Cuesta descubre sus posibilidades en el mundo de la comedia, se intuye más comodidad en su papel cuando hay elementos realistas con los que trabajar. Y en realidad en la película importa más el desarrollo de su personalidad, apocada y asertiva (como queda de manifiesto en la primera escena del filme y en algunas de las secuencias con Martín Rivas), que el gag. Pero el gag domina y lo otro, lo que podría marcar la diferencia, apenas queda bosquejado en algunas escenas. Poco para lo que podría haber dado de sí.

Como el gag manda, el resultado final de la película queda más supeditado que nunca a la conexión entre las bromas y el sentido del humor de cada espectador. En general, el resultado es satisfactoriamente divertido y para algunos puede ser incluso tronchante por momentos. Es una comedia muy de su época, la actual, y probablemente también muy de su país, España. Con esas señas, es fácil que cada espectador sepa si va a disfrutarla, independientemente del encaje que tenga cada escena o personaje en la película. Las dudas sobre ese encaje quizá queden de manifiesto con mucha claridad en el papel de Rossy De Palma. ¿Divertido? En general, sí. ¿Necesario? Eso es más complicado de afirmar. Para el lucimiento personal suyo, sí, y probablemente las risas estén aseguradas con su presencia, pero realmente las suyas son escenas algo desconectadas de la película, y no son las únicas. Esa es la irregularidad que se desprende de la dependencia del gag, que es claramente la apuesta de la película.

Esa, y el buen rollo predominante. 3 bodas de más es una película muy limpia y clara, nada truculenta, con una protagonista femenina que es a la vez heroína y damisela en apuros, tratando de encontrar su sitio en el complicado mundo del amor Y por todo eso, el entretenimiento parece asegurado, máxime si nos concentramos en los momentos cómicos que mejor funcionan y pasamos de puntillas por alguna torpeza más o menos evidente del guión (por ejemplo, la absurda manera en la que se introduce en la historia la tercera de las bodas). No es una reflexión tan profunda como se podría haber conseguido sobre el amor, la soledad y la dependencia porque quiere detenerse en la anécdota de las bodas, y no consigue escenas tan memorables como le habría gustado (como el final o la boda surfera), pero, con todo, entretiene. Eso sí, conviene lanzar una dura reprimenda a quien ha montado trailers, anuncios y avances. El mejor gag de la película (junto con el epílogo del filme), hacia el final, completamente reventado gracias al márketing. Qué se le va a hacer.

(A título personal, añado una nota más. En la película aparece esta canción de Niccó, una artista a la que adoro profesional y personalmente, y a la que le doy la enhorabuena por este pasito)

viernes, marzo 29, 2013

'Los últimos días', ágil y conseguido cine de género

Alex y David Pastor, hermanos, saben lo que hacen en el cine de género. Los últimos días refrenda una forma de acercarse a él que ya apuntaron en la menos redonda Infectados y crean una fascinante Barcelona postapocalíptica en cierto sentido (aunque no hay un apocalipsis definible como tal) y aterradora en todas las miradas posibles. Lo hacen con las mejores armas que pueden exhibir en una película como ésta: personajes carismáticos que estén por encima incluso de los estereotipos que hay en el guión y una desasosegante puesta en escena que, salvadas las primeras casualidades difíciles de explicar que hay en este tipo de cine casi por norma y la secuencia habitual de secuencias que se sigue casi al pie de la letra, zambulle por completo al espectador en este singular universo de ficción. Y eso, hablando de cine español y en español, es una noticia espléndida. Que levante la mano quien no haya pensado que ya puede haber alguno ejecutivo de Hollywood que quiera comprar los derechos para el remake.

El misterio es la base de los primeros minutos de Los últimos días, así que prescindiré de reventarlos contando de qué va. Está, en todo caso, en cualquiera de las sinopsis de la película que hay por Internet. ¿Mi consejo? No las leáis. ¿El motivo? El de siempre: ¿por qué destripar momentos de una película que pretenden sorprender al espectador? Parece que sólo hay cierto respeto por los finales y, en ese sentido, yo no concibo la experiencia cinematográfica en base a las conclusiones de las películas, sino en torno al viaje que se me propone. Al principio no es del todo fácil comprar el que proponen los hermanos Pastor, también guionistas del filme, pero esa sensación se sacude muy rápido y con suma facilidad hasta convertirse casi desde el principio en una historia interesante, original y, sobre todo, muy bien plasmada en la pantalla. Volvemos ahí al recurrente tema de los medios. Esto no es Hollywood. Pero con talento, el dinero no hace tanta falta.

La sensación de esos primeros minutos es buena porque la atmósfera de la película es excelente, con un hermoso contraste entre la calidez del hogar del protagonista, Marc (Quim Gutiérrez), y su novia, Julia (Marta Etura), y la frialdad absoluta del entorno laboral, en el que destaca la figura de Enrique (José Coronado), claro antagonista de Marc por muchos motivos. Pero la película va creciendo poco a poco. Lo hace porque va proponiendo temas, cuestiones que dan para debatir y reflexionar. Y habla de la amistad, de la paternidad, de la empatía, de la esperanza, de la ilusión. Y ese crecimiento se desborda en las dos partes de que se compone la escena de la iglesia. La primera es espectacular y sorprendente. La segunda es la que da su verdadera dimensión a Los últimos días (un título que no me termina de parecer acertado para la historia que se cuenta). No es sólo una película de género, posición que ya merecería el más absoluto de los respetos en una cinematografía como la española,sino algo más. Los Pastor demuestran así que entienden lo que es en realidad el género.

Se le puede reprochar a la película que, en realidad, apueste por una estructura sencilla. Tanto por la doble narración que imponen los flashbacks como por la previsible concatenación de las escenas que cabe esperar en una historia de este corte, aunque el final de la película plantea una interesante ruptura en este aspecto. En todo caso, tampoco se puede negar que dentro de esos parámetros más o menos institucionalizados los Pastor se mueven con una aplastante solvencia. Cuentan con la colaboración de un buen reparto, que llena los carismáticos papeles que hay en el guión. Cuando José Coronado se encuentran con personajes con dobleces, se encuentra a sus anchas. Quim Gutiérrez tarda algo más en sentirse cómodo en el papel y Marta Etura y Leticia Dolera caen quizás algo más en el tópico, la primera de idealizada dama en apuros que ansía recuperar el protagonista y la segunda como decorativo relleno, pero eso llega con una mirada muy profunda, no necesariamente con la del espectador que simplemente busca un entretenimiento de calidad.

Los últimos días funciona a esos dos niveles, que en realidad están bastante más interconectados de lo que piensan quienes restan importancia a uno de ellos. Por un lado, como película de género. Por otro, como película de personajes. Hay una buena historia y hay un guión correctamente llevado. Hay una película solvente desde el principio y una que se eleva a algo más desde la mencionada escena de la iglesia. Y aunque el final pueda ser discutible para algunos (yo me limito a considerarlo como una sorpresa que aún no sé cómo encajar en el conjunto, pero que al mismo tiempo me produce ganas de volver a verla, con lo que mala no puede ser), no entorpece una evaluación bastante positiva de la película. Cuando la forma de buscar emociones es tan honesta y está tan conseguida de tantas formas diferentes, hasta se olvidan las pequeñas conveniencias que hay en la primera mitad de su guión. Y gracias a eso, tengo mucha curiosidad por saber en qué ambiente nos meterán la próxima vez los hermanos Pastor.