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miércoles, enero 01, 2014

'El único superviviente', Peter Berg no es Ridley Scott

Hay dos problemas que El único superviviente no consigue resolver. El primero, que quiere ser de forma descarada una especie de actualización de Black Hawk derribado. Y emular lo que ofreció la mejor película de guerra moderna (indudablemente por su aspecto bélico, porque ninguna otra cinta ha sido capaz de introducir al espectador en un conflicto contemporáneo con semejante fuerza) es prácticamente imposible. Más si es Peter Berg el que tiene que alcanzar lo que hace un autor tan discutible como se quiera pero con semejante dominio del arte de la dirección. El segundo, que ésta es claramente una película de homenaje, a los Navy Seals como cuerpo y a los protagonistas de esta historia, precedida del tan temido cartel de "basada en hechos reales". Y eso comporta peajes importantes. Dos problemas que no supera, pero, aún así, una buena muestra de cine bélico actual con dos partes claramente diferenciadas, la que busca la empatía por los personajes y la que se centra en la guerra como concepto.

El caso es que en ambas hay momentos muy conseguidos, aún con sus defectos. La primera mitad tiene el grave problema de comenzar con un prólogo hecho con imágenes de archivo que más parece un anuncio de reclutamiento para los Seals creado por el Gobierno norteamericano. Y el patriotismo probablemente venda, pero también es cierto que puedo retrotraer al público fuera de los Estados Unidos. Lo que sigue, aún con música fanfárrica y triunfalista que provoca un efecto parecido, merece la pena, porque humaniza al soldado, hace que el espectador pueda conectar con personajes que, en teoría, están emocionalmente muy lejos. Quizá nada nuevo sobre el horizonte, pero sí muy efectivo. Para quien piense que esta es sólo una película bélica, sí se puede indicar que el primer disparo no suena hasta la hora de película. Después la guerra se apodera de la película, pero hasta entonces lo que se busca es la construcción de los personajes.

Con acierto, además, aunque sin tanta profundidad como seguramente hubiera querido Berg. Al director de películas como La sombra del reino (claro referente en su filmografía para El único superviviente), Hancock o la infumable Battleship se le escapa algo el filme por todo lo que comporta que quiera ser un homenaje. En la segunda mitad, y aunque mejora el algo escaso resultado de la mencionada La sombra del reino, Black Hawk derribado se antoja un referente demasiado elevado para lo que ésta consigue. En cualquier caso, es apreciable el esfuerzo de Berg, de su reparto (correcto Mark Wahlberg, inquietante Ben Foster, escaso Eric Bana) y de su equipo. El único superviviente ofrece un buen espectáculo bélico, muy bien rodado a pesar de algún que otro exceso, crudo y directo, quizá demasiado evidente en algunos momentos pero muy efectivo casi siempre.

Casi da la impresión con estas líneas de que hay más aspectos negativos que positivos en El único superviviente y en realidad no es así. La conexión con los personajes es buena y la acción bélica está bien rodada, lo que, además, supone para Berg una redención de la confusa Battleship, porque los efectos visuales están muy conseguidos y la presencia de helicópteros en dichas escenas forma parte de lo mejor que ofrece el filme. Alargar la primera hora viene a ser un intento de mejorar el único defecto que tenía Black Hawk derribado, la difícil individualización de los personajes. Aquí es obvio que se quiere conseguir esa sensación, y a pesar de que se trata de un hecho real y de que eso sea lo que en definitiva marca la historia, por eso el número de protagonistas es menor y por eso se incide tanto en aspectos personales de cada uno de ellos. Funciona razonablemente bien durante las dos horas que dura, aunque es verdad que podría haber sido mucho mejor película. Pero, como decía más arriba, Peter Berg no es Ridley Scott.

miércoles, mayo 09, 2012

'Battleship', infumable remedo de 'Transformers', 'Independence Day'... y un juego de mesa

Esto es lo que pasa cuando tienen el éxito que tienen películas como Transformers, y sus secuelas, cada una peor que la anterior y todavía amenaza Michael Bay con una cuarta entrega. ¿Y qué pasa? Pues que siempre sale algún entendido en marketing que se cree que ha encontrado la gallina de los huevos de oro y quiere fotocopiarla para seguir ganando dinero. Battleship es heredera directa de Transformers, en su ¿estilo? y en su ¿historia? Pero, es además, una mezcla de varios centenares de tópicos, de películas como Independence Day (vapuleada en su día pero que ahora, casi dos décadas después, igual ya se puede decir que era la más honesta y divertida de todas estas megasuperproducciones infantiloides) y, lo que faltaba por oír, de un juego de mesa. Pásmense los que no lo sepan todavía, Battleship es la adaptación a la gran pantalla de lo que en España se conoce como hundir la flota. Eso sí, el modo en el que los guionistas logran incluir las características del juego en la película es algo digno de ver.

Ver una película como Battleship sin tener claro de antemano que se va a ver un filme malo de solemnidad es un craso error. La clave para salir más o menos cabreado de su visionado es directamente proporcional a las vueltas que le queramos dar a la cabeza con este subproducto multimillonario. Será que me puede la ingenuidad, pero sigo convencido de que es posible hacer un cine épico y espectacular que no tome al espectador por un imbécil descerebrado, que es lo que hace Battleship desde el principio hasta el final, desde el facilón homenaje patriotero a los veteranos de guerra a la imprescindible inclusión de personajes tan variopintos como la rubia ex modelo de prominente escote y camiseta de tirantes (Brooklyn Dekker), el secundario cómico supuestamente inteligente, el protagonista bueno para nada que acaba salvando al universo y ganándose el reconocimiento del mundo entero (Taylor Kitsch), o el negro de turno (aquí encima con el añadido de no tener piernas, lo que añade una segunda minoría a contentar). Como los tiempos cambian, ya es necesario dar un toque de globalización y amistad entre razas y naciones.

Llama la atención que Battleship haya tenido un razonable éxito de taquilla, sobre todo si tenemos en cuenta que el otro gran vehículo de acción que protagoniza este año Taylor Kitsch, John Carter, ha sido un rotundo fracaso tanto de crítica como de público. Y, la verdad, las aventuras del héroe de Edgar Rice Burroghs en Marte son infinitamente más entretenidas que las de este combate de hundir la flota. Kirsch sigue siendo un actor que no transmite carisma a sus personajes, ni siquiera aunque aquí Peter Berg se tome una larguísima media hora en presentarle, con todas sus torpezas y debilidades para que al final nos asombremos aún más de sus hazañas. Battleship también confirma que este tipo de cine debe de dar mucho dinero a sus intérpretes. Si no, es imposible entender la presencia de Liam Neeson. O la de Rihanna, a la que le vendría mucho mejor volcarse en una carrera artística suficientemente satisfactoria con la música que tener papeles tan lamentables (y multiusos, sabe hacer de todo) como éste.

Visualmente sí es una película medianamente digna. Los efectos, al nivel de lo esperado, cumplen razonablemente bien. Pero ni las naves ni las criaturas aportan algo novedoso o arriesgado. Tanto se parece todo a Transformers que, en realidad, parece un intento de Hasbro de continuar al éxito de los robots transformables sin necesidad de depender de Michael Bay. Reconozco que encontré memorable un detalle: la forma en la que han adaptado los pivotes con los que marcábamos los tocados en nuestros barcos. Ese "memorable" seguramente se puede tomar por el lado más irónico, para qué nos vamos a engañar. Sobre todo si tenemos en cuenta que el lamentable guión de Jon y Erich Hoeber (no es extraño que su anterior trabajo sea RED) deja una historia mediocre y unos diálogos lamentables, que van desde el trilladísimo "no me alisté para esta mierda" que suelta el militar de turno hasta el "esta es una idea estúpida" que se convierte en el mejor resumen posible de esta película, insisto, adaptación al cine de hundir la flota. Con eso está todo dicho.