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lunes, julio 07, 2014

'Bajo la misma estrella', lágrima fácil

Cáncer. Ya está, basta la simple mención de la enfermedad para conseguir una amplia atención. Bajo la misma estrella juega a lo mismo. Su historia de amor se base en dos enfermes de cáncer, adolescentes prácticamente y con el ánimo, explícito desde el principio, de contar un relato triste. Es decir, lacrimógeno. Y eso, volviendo de nuevo a la palabra inicial, lo tiene más que conseguido. Nada que reprochar por ese lado, es una propuesta clara, blanca y sincera que logra exactamente lo que quiere. El debate, en todo caso, estaría en la dificultad que ofrece ese proceso. Probablemente sea mucha para los actores que tengan que meterse en la piel de esos enfermos o en los de sus familiares, algo que también dependerá de su propio bagaje personal. La misma explicación vale para cada espectador que vea la película. Pero en realidad es fácil, muy fácil. Todo está ya conseguido con el uso de la enfermedad y un mínimo de sinceridad en su narración. Tarde o no en llegar, la lágrima es inevitable.

Obviamente, no estamos ante una mala película. Josh Boone, ya con la experiencia de su primera película como director, la deliciosa (pero igualmente previsible) Un invierno en la playa, rueda con bastante oficio y evita una excesiva sensiblería. Los actores, principalmente Shailene Woodley y Ansel Elgort, ofrecen simpatía, dramatismo y carisma desde sus entregados trabajos, y el guión es lo suficientemente correcto como para que no llevarse las manos a la cabeza. Pero incluso aunque el trabajo sea intachable en términos generales, hay que ser honestos y admitir que esto no es más que un telefilme de sobremesa realizado con un par de nombres conocidos, más el de ella que el de él, aunque ambos coincidieron en ese irregular remedo de Los juegos del hambre que era Divergente, y con un par de actores veteranos (curioso, la misma fórmila que ya usó Boone en la mencionada Un invierno en la playa), Laura Dern y sobre todo Willem Dafoe.

El guión juega con cierta habilidad con los momentos dramáticos y los más divertidos, lo que significa que nada se sale de lo más previsible, de lo que los cánones indican que va a pasar y de los guiños que funciona irremediablemente para ésta y para cualquier relato que quiera seguir sus pasos. Se ve venir a la legua todo lo que va a ir aconteciendo en el filme, a pesar de que se pueda tener la impresión de que hay una enorme sorpresa para el último tercio de la historia. Lo dicho, un trabajo fácil desde fuera, desde todos los elementos que sirven como paso previo al trabajo de los actores. Sobre ellos recae al final lo más importante, que no es otra cosa que la conexión con el espectador. Si ellos son creíbles para el público, antes y en más cantidad llegarán las lágrimas que busca la película. Y sí, Woodley y Elgort están francamente bien y salen más que airosos en los dos campos que han de tocar, el romance y el drama.

Se suele aducir que un cine que no engaña a nadie merece cierto reconocimiento, pero en el fondo hay que aclarar que eso sólo es así hasta cierto punto. Cinematográficamente, Bajo la misma estrella no aporta gran cosa que se salga del trabajo de sus intérpretes y en su guión, aunque entretenido en todo momento y lacrimógeno como se le pide sobre todo al quizá muy alargado final, hay alguna que otra cuestión un tanto inverosímil. Pero seguramente tendrá su público y éste pensará que es una muy buena película que les da exactamente lo que quieren cuando compran una entrada o se sientan delante del televisor. En cualquier caso, seguirá siendo un trabajo relativamente fácil, que con la temática y la mención al cáncer ya se ha ganado más público del que tendría la misma historia de amor, con el mismo final y un desarrollo parecido (en el que juega un papel el homenaje literario, otra vez como en Un invierno en la playa).

miércoles, junio 19, 2013

'Un invierno en la playa', la deliciosa reescritura de la vida

Un invierno en la playa es una película sobre la reescritura de varias vidas interconectadas, las de una familia de escritores y aspìrantes a serlo. Es una pequeña película de corte independiente y reparto deslumbrante (más allá de los nombres más conocidos, destacan también los más jóvenes, lo que da una frescura muy agradable) que se gana la complicidad del espectador desde el principio. Quizá con algunos lugares comunes y estrategias narrativas demasiado repetidas en el cine que se rueda lejos de los grandes estudios, incluso con un guión que deja cabos sueltos y ocasiones perdidas, pero con una deliciosa empatía que hace que los personajes traspasen la pantalla y, aunque sólo sea durante poco más de hora y media, sean el padre, la madre, el hijo, la hija, el hermano o la novia que todo el mundo podría haber tenido. Y es que Un invierno en la playa es un precioso pedazo de vida, que conecta además con la maravillosa capacidad de escribir.

Bill (Greg Kinnear) es un escritor divorciado de Erica (Jennifer Connelly), que se marchó con un hombre más joven. Ambos son padres de dos hijos, a los que él ha ido educando para que sean escritores como él. Samantha (Lily Collins) no cree en el amor, y así se lo intenta hacer ver a Lou (Logan Lerman) a pesar de sus intentos de que le conceda una cita. Rusty (Nat Wolff) sí cree, es un romántico idealista que convierte a Kate (Liana Liberato), una compañera de clase, en el ángel de sus poemas. Hay en Un invierno en la playa media docena de razones para disfrutar: su reparto. La comicidad humana y realista de Kinnear sigue siendo tan divertida como cuando se coló hace ya 16 años entre Jack Nicholson y Helen Hunt en Mejor... imposible. Y la versatilidad de la espléndida y quizá a veces algo infravalorada Jennifer Connelly encuentra aquí un papel espléndido para demostrar lo gran actriz que es. Pero hay más.

Porque aunque Kinnear se erija en protagonista de la película, lo cierto es que ésta crece gracias a la frescura de sus rostros más jóvenes. Lily Collins es la que más peso aguanta, y lo hace con una simpatía y un realismo al que no apuntaba precisamente en la insulsa Blancanieves que protagonizó. Logan Lerman confirma las buenas sensaciones que apuntó en Las ventajas de ser un marginado, porque incluso para interpretar a dos adolescentes con ciertos puntos de conexión se pueden incorporar matices diferentes. Aunque tiene ya algunos papeles en su filmografía, el descubrimiento de la película es Nat Wolff. Y junto a él está Liana Liberato, una joven actriz que deslumbró en Trust, una película incomprensiblemente inédita en España. Lástima que su personaje y el de Kristen Bell queden algo desdibujados, sobre todo al final, siendo estas inconsistencias en un guión en general bien llevado el principal problema de la película, escrita y dirigida por el debutante Josh Boone.

La impresión que deja la película es fantástica por todo lo relatado, porque enlaza momentos tiernos, divertidos, personales y dramáticos con soltura y emulando a la propia vida real, pero lo del título es para ser analizado aparte. El que tendrá la película en España, Un invierno en la playa, es horrendo porque no se corresponde en absoluto con la película. En la pantalla, al inicio del filme, el que aparece es Writers, mucho más acertado aunque poco preciso. Y uno va a IMDB y se encuentra con que el título original de la película es Stuck in Love (algo así como Atascado en el amor, probablemente más acertado en plural), y que está traducido como El novelista, dejando los tres escritores que hay en la película en uno solo, se sobreentiende que el interpretado por Greg Kinnear. Así que no sé cómo llamar a la película, que parece condenada a ser la Greg Kinnear y Jennifer Connelly. Pero, aunque sea así, merece la pena por ser un fresco retrato realista sobre la familia, el amor y la posibilidad de reescribir nuestras vidas.