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viernes, agosto 12, 2016

'Cazafantasmas', buen remake pero montado a machetazos

Últimamente, el negocio del cine se está poniendo un poco imposible. Sabemos demasiado de las películas antes de verlas y nos hemos tragado ingentes y nada fundamentadas polémicas que nos obligan a posicionarnos. Con Cazafantasmas ha sucedido algo así, hasta el punto de que es difícil saber si lo que hemos visto es la película que realmente quería hacer Paul Feig, la que Sony ha querido rehacer por si acaso, una mezcla de ambas o ninguna de las tres. Polémicas, desde luego, las justas. Esta Cazafantasmas no es sólo una película legítima, sino que como remake funciona bien. Lo que se ha rehecho, tiene fundamento. ¿El problema? Sobre todo, en esas dudas. ¿Qué hemos visto? ¿Por qué se nota tanto que faltan cosas, que otras se han añadido a última hora? La película parece cortada a machetazos, cosida entre la osadía del equipo y el miedo del marketing, y eso no sirve para enamorar ni a los fans de los Cazafantasmas originales ni tampoco a los de Feig o el cuarteto femenino protagonista.

Esto se ve de una manera tan clara que incluso los títulos de crédito finales, antes de una escena postcréditos que en realidad ahonda en la indefinición del proyecto, se forman fundamentalmente con una escena eliminada. Lo que tendría que ir al DVD, aquí se integra, a pesar de que se ha considerado que no funcionaba en el montaje de la película. Como poco, extraño. A Cazafantasmas, en todo caso, le pesa no tener clara una historia que enganche. Da la impresión de que la idea era soltar a Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon (que acaba siendo la mejor, la más divertida y con el personaje mejor definido), Leslie Jones y Chris Hemworth (elogiablemente delirante) y combinar sus improvisaciones con algún que otro chiste escrito previamente, unos efectos visuales que funcionan admirablemente bien y el habitual compendio de referencias y cameos que satisfagan al aficionado de los Cazafantasmas ochenteros. Y el cóctel a ratos funciona bien, es una película muy entretenida, pero se le ven las costuras a lo lejos.

Y el caso es que da rabia que sea así, porque se pierde una ocasión de haber hecho algo completamente diferente y a la vez deudor del espíritu original. Da la impresión de que Sony se ha dejado llevar por la polémica y ha querido reducir el riesgo al mínimo, pero por esta vía lo que ha sucedido es que ha quedado un guión más endeble de lo que prometía, y con unos personajes que se quedan en lo tópico y a medio camino a pesar de que la película llega a las dos horas. Quizá sea una forma demasiado dura de verlo, ya que en realidad no es un mal entretenimiento, pero el mal endémico del blockbuster hollywoodiendse exige que se siga lamentando el freno que se autoimponen directivos y creadores. No es que la película no acierte, porque hay muchos momentos en los que es obvio que lo hace, indicando que Feig y compañía conocían el camino para lograr que la gente se acostumbrara a una nueva generación de Cazafantasmas, y encima cambiando el género.

El resultado, en resumen, es bastante desigual. Al final, pueden más las luces que el carisma. Lo improvisado y lo cómico quedan algo apagados ante decisiones conscientes que se ven claramente equivocadas, que afectan sobre todo al segundo acto, y lo prometido no termina de ofrecerse del todo. Lo cierto es que acaba siendo una de esas películas de complicado juicio, porque hay un poco de todo para salir contento, pero se está lejos del entusiasmo. Hay fantasmas, muchos, hay escenas rehechas de la película original (la primera, sin ir más lejos), que convencen y mucho, hay bromas muy divertidas, hay muchos efectos visuales, e incluso los cameos más insustanciales (¿se puede considerar cameo el desaprovechado papel de Charles Dance?) acaban dejando una leve sonrisa en el rostro del espectador. Pero hemos perdido tanto tiempo hablando de tonterías que al final estas Cazafantasmas han quedado en un segundo plano. Y al menos merecen pasar un rato con ellas.

'Cazafantasmas', buen remake pero montado a machetazos

Últimamente, el negocio del cine se está poniendo un poco imposible. Sabemos demasiado de las películas antes de verlas y nos hemos tragado ingentes y nada fundamentadas polémicas que nos obligan a posicionarnos. Con Cazafantasmas ha sucedido algo así, hasta el punto de que es difícil saber si lo que hemos visto es la película que realmente quería hacer Paul Feig, la que Sony ha querido rehacer por si acaso, una mezcla de ambas o ninguna de las tres. Polémicas, desde luego, las justas. Esta Cazafantasmas no es sólo una película legítima, sino que como remake funciona bien. Lo que se ha rehecho, tiene fundamento. ¿El problema? Sobre todo, en esas dudas. ¿Qué hemos visto? ¿Por qué se nota tanto que faltan cosas, que otras se han añadido a última hora? La película parece cortada a machetazos, cosida entre la osadía del equipo y el miedo del marketing, y eso no sirve para enamorar ni a los fans de los Cazafantasmas originales ni tampoco a los de Feig o el cuarteto femenino protagonista.

Esto se ve de una manera tan clara que incluso los títulos de crédito finales, antes de una escena postcréditos que en realidad ahonda en la indefinición del proyecto, se forman fundamentalmente con una escena eliminada. Lo que tendría que ir al DVD, aquí se integra, a pesar de que se ha considerado que no funcionaba en el montaje de la película. Como poco, extraño. A Cazafantasmas, en todo caso, le pesa no tener clara una historia que enganche. Da la impresión de que la idea era soltar a Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon (que acaba siendo la mejor, la más divertida y con el personaje mejor definido), Leslie Jones y Chris Hemworth (elogiablemente delirante) y combinar sus improvisaciones con algún que otro chiste escrito previamente, unos efectos visuales que funcionan admirablemente bien y el habitual compendio de referencias y cameos que satisfagan al aficionado de los Cazafantasmas ochenteros. Y el cóctel a ratos funciona bien, es una película muy entretenida, pero se le ven las costuras a lo lejos.

Y el caso es que da rabia que sea así, porque se pierde una ocasión de haber hecho algo completamente diferente y a la vez deudor del espíritu original. Da la impresión de que Sony se ha dejado llevar por la polémica y ha querido reducir el riesgo al mínimo, pero por esta vía lo que ha sucedido es que ha quedado un guión más endeble de lo que prometía, y con unos personajes que se quedan en lo tópico y a medio camino a pesar de que la película llega a las dos horas. Quizá sea una forma demasiado dura de verlo, ya que en realidad no es un mal entretenimiento, pero el mal endémico del blockbuster hollywoodiendse exige que se siga lamentando el freno que se autoimponen directivos y creadores. No es que la película no acierte, porque hay muchos momentos en los que es obvio que lo hace, indicando que Feig y compañía conocían el camino para lograr que la gente se acostumbrara a una nueva generación de Cazafantasmas, y encima cambiando el género.

El resultado, en resumen, es bastante desigual. Al final, pueden más las luces que el carisma. Lo improvisado y lo cómico quedan algo apagados ante decisiones conscientes que se ven claramente equivocadas, que afectan sobre todo al segundo acto, y lo prometido no termina de ofrecerse del todo. Lo cierto es que acaba siendo una de esas películas de complicado juicio, porque hay un poco de todo para salir contento, pero se está lejos del entusiasmo. Hay fantasmas, muchos, hay escenas rehechas de la película original (la primera, sin ir más lejos), que convencen y mucho, hay bromas muy divertidas, hay muchos efectos visuales, e incluso los cameos más insustanciales (¿se puede considerar cameo el desaprovechado papel de Charles Dance?) acaban dejando una leve sonrisa en el rostro del espectador. Pero hemos perdido tanto tiempo hablando de tonterías que al final estas Cazafantasmas han quedado en un segundo plano. Y al menos merecen pasar un rato con ellas.

martes, julio 14, 2009

10 PELÍCULAS... 10 coches inolvidables

Los coches son para muchos casi una forma de vida, y es que hay quien quiere más a su coche que a cualquier otra cosa o persona en su vida. En el cine hemos visto muchos de esos. Vehículos de cuatro ruedas que quitan el hipo, que en manos de los actores se convierten en objetos de auténtico culto o motores imprescindibles de algunas películas. El cine ha sabido usar los coches de mil y una formas, y muchos han pasado a la Historia. Se quedan muchos en el camino a esta selección final, pero estos son diez de los imprescindibles, de los que permanecerán siempre en nuestra memoria como parte inseparable de las películas.

· BULLIT (1968)
En manos del gran Steve McQueen, este Ford Mustang del 68 es una joya impagable. Con él, Bullit protagonizó la escena de persecución más extensa rodada hasta el momento, casi diez minutos, y aún hoy una de las más impresionantes y emocionantes que se han visto nunca. Quizá sea porque el director de la película pidió a los especialistas velocidades de hasta 130 kilómetros por hora y éstos llegaron hasta los 175. Quizá sea porque es la mejor postal que se ha visto nunca en el cine de la ciudad de San Francisco (aunque las autoridades locales prohibieron que se rodara esta secuencia en el Golden Gate). Se usaron dos Mustangs distintos y uno fue destruído al finalizar el rodaje. ¿La película? Uno de los mejores policiacos de los 60. Y sale Steve McQueen. ¿Qué más se puede pedir?

· AMERICAN GRAFFITI (1973)
Una de las pasiones de George Lucas en su juventud fueron los coches. Y las carreras. Pasión peligrosa, ya que tuvo incluso un accidente muy severo. Pero eso no le impidió realizar su propio canto de amor a los coches, a las carreras y a los años 60 con American Graffiti. Muchos son los coches que aparecen en la película, pero este Ford Coupe del 32 modificado y pintado de un amarillo chillón tiene un encanto especial. Sobre todo en la matrícula, THX 1138, un auto-homenaje de Lucas a su primer largometraje, del mismo título, guiño que aparece en todas sus películas de distintas maneras. Se publicaron anuncios para pedir a los dueños de coches anteriores a 1962, fecha en la que se desarrolla la acción de la cinta, que cedieran sus joyas de cuatro ruedas para el proyecto. Respondieron más de mil personas y en el filme se utilizaron más de 300 coches.

· GRANUJAS A TODO RITMO (1980)
Jake y Elwood, los Blues Brothers, no pueden moverse en cualquier coche. Necesitan su Bluesmóvil, un vehículo capaz en sus manos de las más prodigiosas acrobacias, imprescindible para huir de los agentes de la Ley que no cesan en su persecución y el medio indispensable para cumplir la misión divina que tienen que cumplir. ¿Y qué mejor que un coche de policía para hacer ese papel? La (en el mejor de los sentidos) delirante película de John Landis, a medio camino entre el musical (portentosa banda sonora de la película), la comedia y el cine de culto (es una cinta muy de su época, no todo el mundo sabrá apreciarla en su justa medida hoy en día), es inolvidable en muchos aspectos. Uno de ellos son sus persecuciones. Hasta doce Dodge Monaco del 74, todos ellos modificados con equipo policial auténtico, fueron usados para la película. El Bluesmóvil original todavía existe, lo tiene el cuñado de Dan Aykroyd.

· CHRISTINE (1983)
Los accidentes de coche pueden matar, pero este coche puede hacerlo sin necesidad de accidente alguno. De la mano de Stephen King (que vendió los derechos del libro incluso antes de ser publicado), hasta un coche tiene la capacidad de convertirse en un psicópata asesino. El vehículo en cuestión es un Plymouth Fury (llamándose Furia, ¿qué se podía esperar...?) de 1968 que tiene la curiosa capacidad de repararse a sí mismo de forma instantánea. Para mostrar en pantalla esas fantásticas cualidades, hubo que destrozar en el rodaje al menos una docena de las 25 unidades que se usaron. Los fanáticos del Fury pusieron el grito en el cielo porque sólo se construyeron 5.300 y son un auténtico objeto de coleccionista. Stephen King tenía pensando que el coche tuviera cuatro puertas, pero tuvieron que dejarlo en dos cuando investigaron y descubrieron que ningún Plymouth Fury del 58 tenía cuatro. No es de lo mejor de John Carpenter, pero se deja ver, sobre todo para los fanáticos del terror.

· CAZAFANTASMAS (1984)
Si encuentas un espíritu en el barrio, ¿a quién vas a llamar? A los Cazafantasmas, obviamente. Y estos se presentarán en tu casa con su Ecto-1, un Cadillac Miller-Meteor de 1959, una vieja ambulancia modificada para su nuevo trabajo, previo pago de 4.800 dólares de 1985. Toda una ganga que sólo alguien tan alegre, optimista y despreocupado como Ray (Dan Aykroyd) estaría disupuesto a adquirir. En el guión original estaba previsto que el coche mantuviera el color negro con que aparece por primera vez en pantalla, pero se cambió de planes debido a que la mayoría de las escenas en las que iba a aparecer el vehículo (que, por desgracia, tampoco fueron demasiadas) eran nocturnas. Así destaca más, sin duda alguna. Sobre todo en cuanto se escucha su única, inimitable e inconfundible sirena, que se deja oír en esta película, una de las mejores comedias fantásticas de la historia, y su secuela.

· REGRESO AL FUTURO (1985)
Uno tiembla sólo de pensar que la máquina del tiempo de Doc Brown iba a estar en un principio... en un frigoríco. Regreso al futuro no sería el icono que es hoy sin su DeLorean, porque ese es el coche, de entre todos los que han aparecido jamás en una película, que todos los treinta y veinteañeros de hoy en día hemos querido conducir. La elección de este DeLorean DMC-12 de 1981 no fue casual, sino que fue el afortunado por tener las puertas abatibles que le daban, para las escenas de los años 50, un aspecto futurista. Hubo que añadirle un reactor nuclear en la parte trasera, porque, como todos sabemos, la máquina del tiempo no funciona sin plutonio. Ni el propio DeLorean sin gasolina, como descubrimos en la tercera entrega gracias a la flecha de un indio que alcanza el depósito de combustible. El condensador de fluzo, esa invención que Doc Brown vio como una revelación al golpearse la cabeza, es ya una leyenda imborrable del cine fantástico de los años 80.

· BATMAN (1989)
Este es el coche que todo friki ansía con locura. El Batmóvil del Batman de Tim Burton. Sin duda alguna. Fue en su día un sueño hecho realidad ver al Batmóvil moverse por las calles de Gotham. No es un ningún coche conocido, sino un diseño de Anton Furst que construyó General Motors para la ocasión. Se fabricaron dos modelos totalmente funcionales, de seis metros de largo, una distancia de 2,4 metros entre ejes y un peso de una tonelada y media. Todo un monstruo cuya velocidad máxima no llegó a comprobarse en el rodaje y que incluye elementos tan fantásticos como dos ametralladoras laterales y un blindaje protector (éste sí producto de los efectos visuales). La llama del tubo de escape, quizá homenaje al también inolvidable Batmóvil de los años 60, completa un diseño sencillamente perfecto, parte esencial de la asombrosa imaginería visual que tiene la particular visión de Tim Burton del Señor de la Noche. Tan bueno era el diseño, que no se tocó para la segunda entrega.

· DÍAS DE TRUENO (1990)
El coche de carreras por excelencia del cine moderno es este Chevrolet Lumina Nascar que condujo Tom Cruise en Días de Trueno, una película que casi se fue escribiendo según se rodaba y a pesar de todo (o quizá por eso) entretiene lo suyo (y que sirvió para que Cruise conociera a Nicole Kidman, la que durante algunos años fue su esposa). Parte del metraje de esta cinta se rodó en la auténtica Daytona 500 de 1990, en la que se incluyeron dos coches más en la cola del pelotón para que fueran las estrellas del climax de la película. Sobra decir que no compitieron realmente y, de hecho, salieron de la pista tras las primeras 40 vueltas, las primeras 100 millas. No deja de ser curioso que a Tom Cruise le pusieran una multa por exceso de velocidad durante la producción de esta película (iba a 135 kilómetros por hora en una carretera en la que el límite era de 90).

· THELMA Y LOUISE (1991)
Si hablamos de coches, es indispensable incluír en esta selección una road movie. Y una de las grandes de los últimos tiempos es Thelma y Louise, de Ridley Scott. ¿Y qué clase de road movie por las inacabables y polvorientas carreteras americanas se puede realizar sin echar mano de un coche antiguo? El Ford Thunderbird descapotable de 1966 es sencillamente perfecto para la ocasión. El coche se convierte por derecho propio en el medio en el que dos mujeres emprenden el viaje de sus vidas. Lo que iba a ser un fin de semana de descanso se acaba convirtiendo en la expresión de su libertad y su perdición. En su asiento trasero, Brad Pitt hace la mejor interpretación de su vida. Delante, Susan Sarandom y Geena Davis lograron sendas nominaciones al Oscar por bordar sus personajes. Se utilizaron cinco modelos idénticos de T-Bird para el rodaje de la película.

· CASINO ROYALE (2006)
Hay dos elementos imprescindibles y casi igualmente icónicos en una película de 007: la chica y el coche. Y el coche de James Bond siempre debería ser un Aston Martin, aunque durante algunas películas coqueteó con los BMW. ¿Por qué elegir Casino Royale de entre todas las películas de Bond? Porque es aquí donde vemos el origen de la pasión de Bond por los Aston Martin, aquí el modelo DBS, que la propia marca calificó como el eslabón perdido entre el DB9 de carretera y el DRB9 de carreras (el primer Aston Martín, el D5, lo usó Sean Connery en Goldfinger). No está el mítico Q para modificarlo, pero sólo ver al agente secreto más famoso del mundo sentado en uno de estos ya compensa el trabajo de hacer otra película más (y ésta, además, es buena). El accidente que sufre entró en el Libro Guinness de los Récords por ser el choque de cine en el que más vueltas de campana daba un vehículo. Nada menos que siete. Los amantes de los Aston Martin seguro que derramaron una lágrima al ver el amasijo de hierros en que quedó convertido el coche.

viernes, mayo 08, 2009

Tres posibles ¿y esperados? regresos

Se dice con mucha frecuencia que Hollywood sufre una alarmante sequía de ideas y que eso es lo que provoca el regreso una y otra vez a títulos de gran éxito en el pasado. No estoy del todo de acuerdo con esa afirmación, creo por un lado que antes como ahora se hacía buen y mal cine y por otro lado que muchos universos cinematográficos son tan interesantes que sí merece la pena regresar a ellos, sea en forma de secuela, precuela, remake o lo que ahora se ha puesto de moda llamar reinterpretación. En cualquier caso, estas tres noticias alimentarán las teorías en uno u otro sentido...

Alien podría contar con una nueva secuela. Tras cuatro películas sobre este bicho asesino del espacio (la primera, una obra maestra de ciencia-ficción y terror; la segunda, Aliens: el regreso, un portento de cine de acción; la tercera, Alien III, un noble e infravolarado de continuar la saga con dignidad; la cuarta, Alien resurrección, un fiasco sin paliativos que supuso la muerte de la franquicia) y dos mezcladas con otra de las franquicias de ciencia ficción de la Fox, Depredador, se busca reflorar una serie que nació nada menos que en la década de los 70. ¿Y quién mejor para hacerlo que el hombre que la inició? La Fox quiere que Ridley Scott dirija la nueva película, que sería una especie de precuela que narraría los eventos previos a las peripecias que vimos a bordo del Nostromo en el filme original.

Ni siquiera con la mención de Ridley Scott puedo decir que el proyecto me ilusiona. Y más después de los tres últimos fiascos en este universo. La Fox quiere ahora desvelar los misterios de aquel Jinete Espacial que aparecía en Alien con un agujero en su pecho, el que nos daba las primeras pistas de lo que iba a ser el bicho que nos esperaba. Nadie sabía quién era, de dónde procedía o cuáles eran sus intenciones. Y no sé si quiero saberlo. El misterio era buena parte del encanto de aquella criatura. Quizá esta película sólo podría ser útil a la saga si fuera valiente hasta el extremo: nada de seres humanos en todo el metraje y, a ser posible, ni una sola palabra en un idioma inteligible. Si Mel Gibson nos puede llevar a culturas antiguas sólo con la lengua (La pasión, Apocalypto), ¿por qué no podría hacerse lo mismo con culturas alienígenas? Eso sí podría merece la pena. Otra cosa me daría el mismo pánico que eso que llamaron Alien resurrección.

Robert Zemeckis se está planteando volver al universo de Roger Rabbit. La película forma parte de la historia del cine por ser una prodigiosa mezcla de imagen real y dibujos animados. Nunca antes se había visto algo a esta escala (aunque Disney hizo intentos décadas antes como Mary Poppins o Los tres caballeros) y el resultado fue sencillamente magnífico. La película se hizo hace veinte años y todavía hoy uno se pregunta cómo fueron capaces de conseguir ciertas escenas. Y no sólo merece la pena por el prodigio técnico que supuso. ¿Quién engañó a Roger Rabbit? es una película espléndida, con un ritmo trepidante, con muy buenos gags, con fantasticas interpretaciones y diálogos imponentes (inolvidable cuando la voluptuosa Jessica Rabbit dice: "no soy mala, es que me han dibujado así"; imprescindible escuchar a la femme fatale Kathleen Turner en la versión original).
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¿Merece la pena volver a ver el mundo de los dibus? Sí, sí y mil veces sí. Pero siempre y cuando la historia merezca la pena. El asombro tecnológico no puede ser el mismo ahora que el producido hace dos décadas. El cine nos ha enseñado ya tantos avances visuales que será difícil que un Roger Rabbit II nos muestre algo que nos deje con la boca abierta. Así que lo importante es que el guión no deje un poso de decepción. El universo es interesante y divertido, los personajes memorables, los guiños al cine negro más clásica inagotables y el talento de quienes formaron el equipo que hizo la película original suficiente como para ofrecer una secuela digna y al menos al mismo nivel que aquella. Lo malo es que es bastante probable que esta será una película muy costosa de hacer, con lo que, dado que Zemeckis está empezando a desarrollar el proyecto, tardaremos mucho en verla...

Hace 20 años que no sabemos nada de ellos, pero los rumores sobre su vuelta han sido contantes en estas dos décadas. Y ahora parece que sí, que los Cazafantasmas pueden volver, después de protagonizar dos películas muy lejanas en el tiempo, con Bill Murray, Dan Aykroid y Harold Ramis (del cuarto cazafantasmas, el negro, Ernie Hudson, se olvidaban hasta el cartel de la primera película). Ya lo han hecho en forma de videojuego, y ahora es posible que se les vea de nuevo en la gran pantalla. El proyecto, que ya tiene luz verde, se basará en mostrarnos el relevo generacional. Los Cazafantasmas originales estarán en la película pero, obviamente, son ya demasiado mayores para llevar reactores nucleares a sus espaldas para salvar el mundo de cualquier tirano ultraterrenal que quiera hacer acto de presencia en nuestro mundo. Y lo que se espera es contar con un nuevo equipo, joven y plagado de mujeres. No hay nombres definitivos pero uno de los rumores apunta a Eliza Dukshu (ha trabajado con Joss Whedon en la serie de Buffy y ahora es la protagonista de Dollhouse)

Me da miedo el concepto que se maneja. Cazafantamas es una de las comedias fantásticas más divertidas de aquella década mágica que fueron los 80. Sustituir ese planteamiento por un grupo de chicas estupendas en monos ajustados y escotados no creo que sea una buena forma de seguir con la historia de los Cazafantasmas. Y me da que eso es lo que se busca. Hoy las heroínas de ficción tienen que ser más floreros que personajes interesantes., lo que degenera en subproductos y películas lamentables. Las adaptaciones de cómic han padecido este mal cada vez que han querido colocar a una mujer como protagonista (Catwoman y Elektra, las más destacadas). No querían un personaje, querían curvas. Y si eso es lo que pretenden hacer con Cazafantasmas, mal asunto. Eso sin contar con la más que previsible presencia de la hija de los personajes de Bill Murray y Sigouerney Weaver (¿alguien se apuesta algo...?).

martes, febrero 06, 2007

'Cazafantasmas 3'... en animación por ordenador

Cazafantasmas, aquel éxito de los años 80, tendrá una tercera parte. Pero, ojo, será una película de animación por ordenador. Dan Aykroyd, uno de los protagonistas de la película, lo anunció en una entrevista que concedió a una emisora de radio norteamerciana, la CSIN. Según explicó, Bill Murray ha accedido a prestar su voz al personaje al que dio vida en los filmes de 1984 y 1989. Al parecer, Murray, cuya negativa ha sido el principal motivo por el que esta tercera entrega no se ha realizado antes, sólo accedería a regresar si la película es de animación.

Aykroyd explicó que "con animación por ordenador y la forma en que se hacen estos dibujos animados, podemos hacer cualquier cosa que aparezca en el guión por mucho menos dinero". Así que podemos esperar una historia épica, con el tono de comedia de los Cazafantasmas, aunque la película vaya también para un público infantil por ser de animación. La historia llevará a los Cazafantasmas a un Nueva York diabólico donde tendrán que hacer frente a un magnate demoníaco llamado Luke Sifler (que se pronuncia de forma muy parecida a Lucifer). Aykroyd adelantó que habrá minotauros azules que harán las veces de policías, que Central Park estará plagado de demonios verdes y que los edificios estarán rodeados de monstruos alados.

Otro rereso más de la cultura de los años 80... En los últimos tiempos, aquella década (prodigiosa en lo que a la fantasía y la ciencia ficción se refiere) está resurgiendo con fuerza. Y nos quedan todavía muchos títulos míticos de entonces por volver a ver en el cine, empezando por Cristal oscuro, cuya secuela sigue en marcha, para su estreno en 2008, a pesar de los rumores que hablaban de que el proyecto se había cancelado. O la cuarta entrega de Indiana Jones, que también está prevista para 2008.