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lunes, febrero 25, 2013

Oscars 2013, una noche algo extraña

Fue una noche algo extraña... hasta el gran final. Porque antes de que un Jack Nicholson tan pasado de vueltas como ya se espera de él diera paso a Michelle Obama para que anunciara el premio más importante desde la Casa Blanca, parecía que la ganadora de la noche iba a ser La vida de Pi. Y el caso es que a mí no me dice gran cosa esa película, lo que sumado a algún que otro enfado que me provocaron algunas decisiones más de los académicos hacía que la cosa pintara francamente mal. Me perdonarán los seguidores de Ang Lee, pero no termino de encontrarle la genialidad. Cierto que La vida de Pi tiene un final bonito y cargado de significado para añadir muchos matices a la película, pero el conjunto me pareció largo y menos impresionante visualmente de lo que cabía esperar. A otros directores que llevan años manejándose con acierto en la creación de mundos que entran por los ojos se les ningunea con la misma facilidad con la que se quiso alabar a Lee. Pero Michelle Obama abrió el sobre, dijo "Argo" y la cosa se arregló... aunque sólo en parte.

Viendo las nominaciones, me pareció incomprensible que Ben Affleck, un director que crece película a película y que ya es uno de los imprescindibles del cine contemporáneo, no estuviera entre los cinco directores elegidos. Viendo el resultado de la ceremonia, lo entiendo aún menos. Los Oscars premiaron a una película por sus méritos globales, por su guión y por su montaje. Pero no a su director. No, no entiendo el concepto. Más detalles: Argo derrotó a La vida de Pi en la categoría de guión adaptado. Y por si faltaba algo, y aunque ahora paso a hablar de algunos de ellos, tres de los cinco directores nominados tuvieron a sus películas entre las perdedoras de la noche. ¿Por qué Ben Affleck no subió también a recoger la estatuilla al mejor director? Supongo que es una de esas cosas que pasará a la historia dentro de las clásicas injusticias de unos premios como éstos. Pero Argo ganó al Oscar a la mejor película y esa satisfacción fue muy, muy grande.

Aunque sea un efecto colateral de esa victoria, lo que nunca terminaré de entender es por qué mira tan mal la Academia a Steven Spielberg. Le profeso auténtica admiración a un director que me parece único, que hace lo que quiere en la pantalla, que domina tantas facetas que acaba construyendo películas memorables. Pero la Academia no termina de reconocérselo, incluso cuando sí le pone en la pista de los posibles premiados con las nominaciones. Sí, está su triunfo con La lista de Schindler, pero ninguno más. Y eso, con una filmografía como la suya, viene a ser sangrante. Sin el Oscar a Daniel Day-Lewis y la sorpresa que fue el de su dirección artística, Lincoln se habría acercado mucho a una humillación histórica, la que la Academia le hizo a Spielberg con El color púrpura, que logró once nominaciones, entre las que no estaba la del director... y le negó todos los premios. Con Lincoln, dos de doce. ¿Era el mejor Spielberg? No, eso está claro. Pero tampoco hablamos del mejor Ang Lee, y creo que en eso incluso estarán de acuerdo hasta muchos de sus seguidores.

Los actores premiados vinieron a hacer justicia a las películas nominadas. Daniel Day-Lewis es el alma de Lincoln, Anne Hathaway es el reconocimiento esencial a Los miserables (que, con todo, se llevó dos premios más, hasta un total de tres, y protagonizó uno de los grandes y más brillantes momentos de la noche, con todo su reparto cantando en el escenario). Y aunque da pena que Bradley Cooper no lograra el mismo reconocimiento, el Oscar a Jennifer Lawrence premia a El lado bueno de las cosas en su conjunto (los premios le sientan mal a esta espléndida actriz; rompió su vestido al subir a recoger el Globo de Oro y se cayó por su bellísimo pero aparatoso vestido cuando iba a buscar el Oscar). Lo que no termino de entender es lo de Christoph Waltz. Hubo ya una cierta injusticia al nominarle como secundario cuando es protagonista de Django desencadenado. Pero es que, además, su papel es un refrito del de Malditos bastardos... que ya le dio el Oscar. Con lo que había nominado en esa categoría, normal que ni se lo creyera cuando subió al escenario. Dos nominaciones, dos premios. Pensar en leyendas que no tienen Oscar hace aún peor este premio.

Otro galardón que tampoco compartí es el de Quentin Tarantino. También me asombra la fascinación por este personaje, que se repite, que bucea lugares comunes, que comete errores evidentes en sus guiones y aún así sigue consiguiendo reconocimiento. No le veo la genialidad, pero la Academia se la reconoció anoche. Eso sí, no tenía rivales de peso en su categoría, porque la Academia no quiso arriesgar. Y es que a veces sucede eso, que no hay ganas de arriesgar. Sucede también, y lleva sucediendo con cierta frecuencia, en el Oscar a la mejor música. La más que previsible banda sonora de Mychael Danna para La vida de Pi se llevó propuestas mucho más originales y significativas. Y no, esta vez no voy a apostar por un John Williams que, con toda su genialidad y mitología, no destaca en Lincoln. Pero me asombra que Alexandre Desplat, con cinco nominaciones en siete años, aún no haya recogido ninguna estatuilla. O que en una noche en la que tanto homenaje se rindió a la música de James Bond, la de Thomas Newman para Skyfall no corriera la misma suerte ganadora que la canción de Adele.

A Michael Haneke era obvio que sólo le iban a compensar con el Oscar al mejor filme de habla no inglesa. Como también parecía obvio que Bestias del sur salvaje fue sólo una rareza de la Academia en las nominaciones que no se iba a llevar ningún premio (la única de las nueve nominadas a mejor película que se marchó de vacío). Y obvio era que La noche más oscura se iba a quedar muy lejos de la suerte que corrió la anterior película de Kathryn Bigelow, la sobrevalorada En tierra hostil. La Academia arriesga poco, sí. No se puede considerar la victoria de Argo como un riesgo, porque lleva dos meses recogiendo todos los premios posibles. Y tampoco hubo riesgo en otra de las decepciones de la noche, el casi obligado Oscar a Pixar. Brave no es la mejor película de animación del año pasado. Pero Disney, al parecer, no está tan bien vista. ¡Rompe Ralph!, ganadora en los Annie, los premios del mundo de la animación, merecía mejor suerte, incluso Frankenweenie. Pixar, geniales casi siempre y yo me sumo a esa consideración, tiene a todo el mundo encandilado hasta extremos ya fanáticos.

¿Y la ceremonia qué tal? Bien, la verdad. Fue muy musical, y creo que eso le da mucho colorido, aunque sea precisamente lo que más ralentiza la entrega de premios. Pero, sinceramente, yo prefiero una gala así, en la que el reparto entero de Los miserables ponga la piel de gallina sobre el escenario, Adele celebre de forma anticipada el Oscar que iba a ganar interpretando Skyfall, Barbra Streisand corone el In memorian realzando la desaparición en el último año de Marvin Hamlisch o el presentador, Seth MacFarlane, arranque su humor desde la música (como, por cierto, hizo Hugh Jackman hace un par de años para convertirse en el mejor presentador de los Oscars de la última década). MacFarlane estuvo menos gamberro de lo que algunos seguramente habrían querido, pero me pregunto si no estamos pidiendo demasiado al presentador de esta gala. Él estuvo correcto, divertido en muchos momentos, ácido en otros. A mí me gustó. Como me gustan los Oscars, esos premios de los que casi todo el mundo habla aunque sea para darles palos. Y como me gusta que Argo sea la ganadora, incluso sin ser la que más premios se llevó.

lunes, diciembre 31, 2012

2012, un año de cine

Se acabó 2012 y para el modesto autor de este blog ha sido, seguramente, el año más cinematográfico de su vida, pues he llegado a ver 119 de los estrenos en España entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de este año (por los 95 filmes estrenados en 2011 que vi a lo largo de aquel año). Va aquí el pequeño resumen anual de las películas que han llegado a nuestros cines en el último año. Como todas las listas, esta es muy personal y debatible.
· La película del año: La invención de Hugo
Con demasiada frecuencia se acaba quedando con el honor de ser la mejor película del año en España un filme del año anterior estrenado en el primer cuarto del siguiente para hacerlo coincidir con los Oscars. En este caso, me quedo La invención de Hugo. Martin Scorsese dirigiendo un cuento infantil, una película para todos los públicos. El tipo que retrató el Nueva York más turbulento y decadente fue capaz de contar una fábula sobre el cine y los sueños y, al mismo tiempo, rodar con uno de los mejores 3D que se han visto en la pantalla. Una película deliciosa, formidablemente interpretada, un canto de amor al cine y a la vida, un relato hermoso y emotivo.
· Lo más destacado
El Caballero Oscuro fue la mejor película de 2008 en este mismo ranking. Su continuación, el cierre de la magnífica trilogía sobre Batman que ha construido Christopher Nolan, ha venido a confirmar las excelencias de aquel prodigioso duelo cinematográfico entre el protector de Gotham interpretado por Christian Bale y el Joker del malogrado Heath Ledger. Sin embargo, El Caballero Oscuro. La leyenda renace es una gran película épica. Está por debajo de su predecesora, pero encierra momentos de gran cine, especialmente un cierre espectacular de algo más de media hora que, por sí solo, sí habría podido ser considerado como lo mejor del año. Tiene defectos en su construcción, pero los compensan con su enorme reparto, con el añadido de Tom Hardy como un brillante Bane y Anne Hathaway como una sensual y traicionera Catwoman.

Los Vengadores, de Joss Whedon, evidenció que el cómic no tiene por qué dar lugar a un único tipo de película, colocándose en las antípodas de El Caballero Oscuro. La leyenda renace en cuanto a tono, pero en idéntico nivel de genialidad, convirtiéndose en, de momento, el superespectáculo Marvel definitivo. Hubo grandes directores que no fallaron: Steven Spielberg con su hermoso Caballo de batalla, David Fincher con su turbia Millennium. Los hombres que no amaban a las mujeres, George Clooney con su comprometida Los idus de marzo, Sam Mendes ofreciendo una intensa aproximación a James Bond en Skyfall, y un recuperado Tim Burton con la alocada Frankenweenie. Y ya podemos contar en esa lista a Ben Affleck, pedazo de director con Argo.

De entre las nominadas al Oscar de hace casi un año, también se cuela en esta categoría la espléndida Moneyball (con el mejor Brad Pitt en muchos años). Looper, de Rian Johnson, es una de las sorpresas del año y una ciencia ficción de gran imaginación. Junto a Frakenweenie, ¡Rompe Ralph! se convirtió en la mejor película de dibujos animados del año, consiguiendo así Disney superar a Pixar con su estreno anual. Y el cine europeo dejo dos joyas: la francesa En la casa y la italiana César debe morir, evidencias, como si hicieran falta, de que hay grandes películas más allá de Hollywood (y lo digo siendo un gran defensor y consumidor habitual del cine norteamericano).
· Sorpresas positivas
The Amazing Spider-Man olía a fiasco y, sin embargo, fue toda una sorpresa. Olía a fiasco porque era un reboot demasiado cercano a las películas que quería hacer olvidar, y las dos primeras, además, dejaron un gratísimo recuerdo en casi todo el mundo (y en contra de prácticamente todo el mundo a mí la tercera, con más excesos, me pareció también notable), porque su director no se había enfrentado a una película como esta, porque podía aburrir la enésima revisión del origen del personaje y porque las primeras fotos mostraban a un Spider-Man de diseño... extraño. Pero al final quedó una película completa cuyo mayor defecto es que cuenta una historia ya conocida en el cine. Le faltó un pelín de originalidad, pero como espectáculo es completo y emotivo. Y tiene una pareja protagonista sobresaliente.

Otra gran sorpresa del mundo de las viñetas es Dredd. Una lástima su fracaso comercial, porque es la película que cabía esperar del violento personaje del cómic británico. El cine de animación español dio dos grandes muestras de talento muy distintas entre sí, Arrugas (un melancólico retrato sobre el alzheimer) y Las aventuras de Tadeo Jones (un muy entretenido relato infantil de aventuras). El alucinante mundo de Norman se cuela aquí por su más que interesante retrato de la muerte en clave de comedia de terror. Los Muppets supera con brillantez la impresión que algunos podían tener sobre un producto fuera de su tiempo. Y Sin frenos es una película rocambolesca que se convierte en el más desenfadado divertimento del año.

Luces rojas, del español Rodrigo Cortés, confirmó que es un cineasta interesante, a pesar del justificable temor a que el éxito de Buried se debiera a su rareza como narración o a la casualidad del cuasidebutante. Michael Fassbender convierte Shame en un relato atrevido que supera el que podría haber sido incómodo voyeurismo en que podría haber caído. Como Intocable podría haberse convertido en una película lacrimógena y aleccionadora, en lugar del hermoso canto a la vida que supone. Como Take Shelter podría haber sido un relato pretencioso en lugar del asfixiante y brutal retrato que propone. O como El irlandés podría haber caído en un humor facilón en lugar de ser una divertida sátira a medio camino entre el drama local y el spaguetti western.
· Me gustaron… como esperaba
La imagen que uno se crea de una película y la que obtiene después de verla suelen ser, para mí, bastante coincidentes. Prometheus es, quizá, el ejemplo más evidente y polémico del año. Ridley Scott regresó al universo de Alien tratando de ocultar de forma torpe que ese era su viaje y ofreció una película que ha generado muchísimo debate. Estaba convencido de que su aspecto visual taparía cualquier defecto que pudiera ofrecer la historia. Y si bien el guión es sumamente decepcionante, la maravilla de color y sonido que ofreció Scott, uno de los directores más hábiles durante un rodaje que hay en la actualidad, hizo que el resultado final se pareciera mucho a lo que imaginaba y temía.

Algo parecido sucedió con El hobbit. Un viaje inesperado, el alargadísimo pero fascinante primer acto de la trilogía con la que Peter Jackson regresa al universo de Tolkien. O lo que ofreció Sherlock Holmes. Juego de sombras, secuela de nuevo dirigida por Guy Ritchie en la que Robert Downey Jr. vuelve a salirse. John Carter es exactamente el tópico y entretenido espectáculo visual que quería ser, y no el desastre que se ha dicho. Rock of Ages es un musical amable. Golpe de efecto es el lucimiento de Clint Eastwood (y Amy Adams) que se esperaba, y J. Edgar un buen Eastwood muy lejos de sus mejores obras como director. Total Recall es un remake decente y entretenido de Desafío total. Salvajes, un Oliver Stone en estado puro, con las virtudes y los defectos que eso conlleva.

Historias de garantías son Tan fuerte, tan cerca, a pesar de las contundentes críticas que ha recibido su supuesto manipulación emocional; El ladrón de palabras, que funciona a pesar de algunos errores evidentes; la canadiense Profesor Lazhar, una bonita historia humana; o La maldición de Rookford, un buen intento de terror. En otros casos, los actores sostienen la función. Si de verdad quieres... es una película sustentada por sus dos monstruos de reparto, Meryl Streep y Tommy Lee Jones. Mi semana con Marylin un correcto apunto biográfico en el que Michelle Williams como la tentación rubia está tan impresionante como Kenneth Branagh interpretando a Laurence Olivier. Y Mel Gibson regresa por sus fueros en Vacaciones en el infierno.

En el cine de animación, Brave y El origen de los Guardianes cumplen con lo que prometían. La primera una calidad técnica como solo Pixar puede ofrecer, aunque su historia no sea tan maravillosa como las de la mayoría de sus predecesoras. La segunda, una especie de versión animada y de cuento de Los Vengadores de gran ritmo. Cine español. Lo imposible (sí, española, aunque con actores extranjeros) es la emocional lucha por la vida que se anunciaba. Fin es un intento fallido de género pero estupendo retrato de personajes. Invasor, un efectivo thriller de premisa fácilmente desmontable. Y The Pelayos, un entretenimiento socarrón muy bien interpretado. Y cine francés, con Cuenta atrás, un thriller bien rodado, y Las chicas de la 6ª planta, una comedia amable sin más pretensiones.
· Decepciones
Las expectativas son un arma de doble filo. Y solo de pensar que Meryl Streep iba a dar vida a Margaret Thatcher en La dama de hierro convertía a esta película en clara candidata a convertirse en un clásico. La actriz no solo cumple, sino que borda el papel. Está a la altura de lo que se esperaba y de los muchos premios, Oscar incluido, que cosechó por su interpretación. Pero la película no. Phyllida Lloyd monta un pseudodocumental aburrido y sin más gancho que su protagonista, esquivando demasiados asuntos como para ser considerada la biografía definitiva a pesar de haber contado con la mejor encarnación posible del personaje histórico.

Losdescendientes decepciona porque apenas tiene historia. Albert Nobbs porque es imposible creerse la historia que cuenta con lo que se ve en la pantalla. Young Adult porque su pretendido humor salvaje no tiene gracia. Chronicle porque, como todas las películas rodadas cámara en mano, engaña más de lo que sorprende. Blancanieves porque es una comedia absurda, sin hadas y sin gracia, y Blancanieves y la leyenda del cazador porque, aún siendo algo mejor que su predecesora, no consigue acertar.
El exótico Hotel Marigold se queda en algo tan sencillo que no se queda ni en la memoria. Ira de titanes porque ni se acerca al entretenimiento de la primera e intenta copiarla descaradamente. Los juegos del hambre porque se limita a cumplir su papel de rellenar la cartelera de la siguiente saga juvenil. Men in Black 3 porque llega demasiado tarde. El enigma del cuervo porque uno siempre espera más de un relato inspirado en la figura de Edgar Allan Poe.

Sombras tenebrosas se convirtió en el segundo patinazo consecutivo de Tim Burton, aunque mucho mejor que su Alicia. Extraterrestre es una película tan alocada como rara y difícil de asimilar. Lorax es, quizá, de lo más flojo de la animación de este año. Martha Marcy May Marlene no pasa de ser el típico producto independiente, a pesar de los premios que cosechó. Los diarios del ron, un soso relato que pedía mucho más. Moonrise Kingdom es una nueva rareza de Wes Anderson. ¡Piratas! un blando Aardman en el que no hay piratas sino maestros del disfraz. Mátalos suavemente una de las peores consecuencias del éxito de Tarantino y el cine que quiere imitarle. Sin tregua, otro mareante producto cámara en mano con aires de grandes. Y El capital se queda en una escasísima crítica a los causantes de la crisis económica.
· Pasables / Olvidables
Hay películas que no se quedan en la memoria ni para bien ni para mal. Entre las pasables, entendiendo sus circunstancias, están El cuerpo (buen misterio, mala construcción), El amigo de mi hermana (apenas tiene una historia que contar), El fraude (escasa en todo lo que propone), Sinister (alguna escena espeluznante, vive del sustito y de la ingenuidad del espectador), Adam resucitado (Paul Shrader, para bien y para mal), Infierno blanco (una curiosa aventura de supervivencia, pero nada más), Grupo 7 (simplemente correcta), Contraband (pasable seguramente por sus actores), El invitado (lo mismo que la anterior), ¡Por fin solos! (de nuevo, el reparto; Lawrence Kasdan en horas bajas), Underworld. El despertar (Kate Beckinsale como gran heroína de acción y poco más), Shanghai (aburrida pero bien ambientada) y Papá, soy una zombi (buenas intenciones, pero animación sencilla e historia típica).

Entre las directamente olvidables, Al borde del abismo (desperdicia un buen escenario por no encontrar fórmulas para hacerlo creíble), Bunraku (un galimatías de originalidad visual), Bajo amenaza (una buena idea que se hunde poco a poco... como en tantas películas de Nicolas Cage), La mujer de negro (un olvidable intento de madurar a cargo del actor de Harry Potter), La sombra de la traición (un thriller muy blando), Acto de valor (militarismo puro y duro que se olvida si no se tienen aspiraciones similares en la vida), Sácame del paraíso (una comedia que empeora poco a poco), Carmina o revienta (humor a lo Paco León), El pacto (Nicolas Cage de nuevo en una película fallida), Indomable, Magic Mike (las dos de Steven Soderbergh, perdido en su búsqueda de cambiar siempre de registro sin preguntarse si sabe hacerlo), Bel Ami: historia de un seductor (aburrido fresco de época), Iron Sky (la mayor paranoia psicodélica que ha llegado a un cine en mucho tiempo) y Cosmópolis (un bajón considerable con respecto a lo que Cronenberg ofreció con Viggo Mortensen como protagonista).

· Muy malas
Battleship es la típica película que reúne todas las cualidades negativas que uno puede esperar de un filme norteamericano de gran presupuesto: una historia inexistente, una copia descarada (a la ya no demasiado brillante Transformers), unos actores carentes de carisma, unos diálogos risibles y mucho efecto digital sin ton ni son. Para encabezar esta sección tuvo una dura competencia en La fría luz del día, que tiene como grandes características un mal guión (indispensable para arruinar cualquier aspecto positivo que tenga un filme), la sensación constante de no saber qué hacen actores como Bruce Willis y Sigourney Weaver en algo así, un título que no tiene ninguna relación con la película... y un curioso callejero de Madrid, ciudad en la que se ubica la película que, al menos, garantiza algunas sonrisas.

No fue Battleship el único espectáculo hollywoodiense de medio pelo. Ghost Rider 2 superó incluso los nulos logros de su predecesora, Abraham Lincoln. Cazador de vampiros es un galimatías sin pies ni cabeza. Los mercenarios 2 mostró que la nostalgia puede sostener (a duras penas) una película, pero no dos. Ted fracasa en todas sus pretensiones y lo soez arrolla a lo divertido. La hora más oscura y Atrapados en Chernóbil evidencian el agotamiento del modelo de actores jóvenes y semidesconocidos en un thriller en el que van cayendo uno a uno sin que importe demasiado quién ni cómo. La sombra de los otros, Atraco por duplicado y Sin rastro tienen guiones tan deficientes, inexplicables y fallidos que no pueden sustentarse con rostros conocidos. Y En la mente del asesino tiene tantos errores que acaba haciéndose divertida.

En 2012 llegó finalmente a los cines, de aquella manera, el desaguisado que supuso Manolete. Afamados directores en otros tiempos como Kevin Smith y Dario Argento mostraron filme muy malos, Red State el primero y Dracula 3D el segundo. Aceptando todo lo que le ofrecen, es raro que Nicolas Cage no aparezca todos los años en esta sección, esta vez con la imposible Contrarreloj y su vergonzoso final. Igualmente imposible y llena de agujeros es la española Vulnerables. MS1: Máxima seguridad desaprovecha los elementos que tiene para ser una serie B entretenida y acaba siendo una mala experiencia. Dylan Dog es insulsa por los cuatro costados, y es que no todo el cómic de este año merece destacarse.
· La peor película del año: El hombre de los puños de hierro
Hubiera apostado por Battleship y casi todo el año pensé que este honor se lo llevaría en este blog La fría luz del día, pero El hombre de los puños de hierro es aún peor que aquellas dos. RZA, cantante de hip-hop dentro de sus múltiples ocupaciones en la vida, es el responsable (director y coguionista) de una historia de artes marciales y otras frikadas, pasadas por la batidora de la influencia del cine de Quentin Tarantino (que pone su nombre en el cartel) y convertidas en un extrañísimo conglomerado en el que lo único que sucede son una sucesión interminable de peleas absurdas que esconden un nulo desarrollo de historia o personajes. El filme parece apto solo para quienes quieran ver saltos, patadas, piruetas y escenarios orientales durante poco más de hora y media. Comprender qué hace Russell Crowe en este naufragio es algo realmente complicado.
· Ningún interés por verlas
Amanecer. Parte 2 pone punto final a una de las sagas modernas más rentables del cine, en una fórmula que no cesa de repetirse y reiniciarse. Los estudios buscan novelas de cierto éxito para lanzar franquicias cinematográficas juveniles, que incluso alargan más de la cuenta dividiendo libros en dos partes. Crepúsculo nunca me ha llamado la atención, a pesar de su indudable éxito. Curiosamente, la primera parte de este filme ya encabezó este apartado en el resumen de 2011. No es la única saga de este año que no ha logrado mi atención. Resident Evil. La venganza, American Pie. El reencuentro o Viaje al centro de la Tierra 2 tampoco lo consiguieron. Las animadas Ice Age 4 y Madagascar 3 completan esta nómina.

Hay mucho cine español que no me ha interesado demasiado. Por encima de todo, destaca La chispa de la vida, pero tampoco he encontrado muchos argumentos para ver Promoción fantasma (no me va el género), Holmes & Watson: Madrid Days (no me va el director, José Luis Garci), Lo mejor de Eva (simplemente no me va) o REC 3: Génesis (no me va la saga ni su forma de rodarla) no figuraron entre las películas que me apetece ver. Como tampoco otros productos ya americanos como La cazarrecompensas (Katherine Heigl, actriz cómica de moda dando el salto al cine), Safe (¿más Jason Statham?), Infiltrados en clase (no me convencen estas comedias), Project X (no soporto las películas rodadas con cámaras digitales caseras) o El dictador (lástima que nadie le diga a Sacha Baron Coen que es mejor actor cuando hace películas buenas).
· Lo que me queda por ver
De entre lo que no he podido ver en este 2012 destacan dos de los últimos estrenos, de los que tanto se ha hablado en los listados de premios y nominables, La vida de Pi y Los miserables. Si bien la primera entra en esta lista precisamente por esa expectación (Ang Lee no se encuentra entre mis preferencias), a Los miserables le tengo ganas desde hace tiempo. La historia es de sobra conocida y eficaz y el musical que lleva años paseándose por las salas de todo el mundo es una auténtica maravilla. Y su reparto es absolutamente de campanillas.

Hay más películas que se han quedado en el tintero en estos últimos doce meses, títulos como Elefante blanco (escuché buenas cosas sobre ella), La delicadeza (recomendada por amistades), El legado de Bourne (porque, aún sin haber visto más que la primera de la saga, siempre puede ser interesante una reinvención), Amor bajo el espino blanco (casi la veo, y después nuevamente me hablaron de ella), A Roma con amor (Woody Allen me despierta la misma pereza todos los años pero casi siempre acabo viendo su película anual), El artista y la modelo (simple curiosidad), Blancanieves (es la más rara de las tres versiones estrenadas), Venganza 2: Conexión Estambul (no me entusiasmó la primera, pero Liam Neeson siempre es estimulante), Hotel Transilvania (sí, pero nunca en versión doblada) y Holy Motors (de la que se comentan valoraciones de lo más variopinto).

viernes, enero 29, 2010

Recuperando 2009

Buena parte del poco cine de 2009 que me faltaba por ver ya está recuperado. Aquí va el balance.

· THE VISITOR
Por mucho y muy bueno que hubiera escuchado de la interpretación de Richard Jenkins, poco era lo que me esperaba en general de esta película. Y resulta que es una historia maravillosa, preciosa, entrañable y emotiva, magníficamente escrita y deliciosamente interpretada. Es una película sobre el conocimiento que tenemos de nosotros mismos. Es un filme sobre la soledad, sobre la amistad y también sobre el amor, de cómo podemos encontrarlas en las personas y en los lugares más insospechados y de lo fácil que es perderlos, por muy bien que hagamos las cosas. Cuando te das cuenta de que tus manos están moviéndose como las del protagonista cuando le enseñan a tocar el tambor, te das cuenta de lo mucho que estás disfrutando con esta película. Toda una sorpresa.

· PLANET 51
La película más cara del cine español y uno de sus productos mejor vendidos es exactamente eso: un producto. Funciona para los más pequeños y en la medida en que uno esté dispuesto a asumir que no hay nada nuevo, nada original, nada especialmente emocionante y nada que te llegue al alma. Esta historieta de ciencia ficción está más pendiente de los homenajes a títulos clásicos del género que consigan enganchar a los adultos que de desarrollar una historia propiamente dicha, que es lo que en realidad podría engancharlos de verdad. Para los niños no me cabe duda de que funciona, porque presenta todos los arquetipos posibles. Técnicamente, una gozada. Y más teniendo en cuenta su procedencia. Chapeau a su falta de complejos. Pero le falta algo de espíritu para poder ser algo más que un entretenimiento infantil pasajero. Pero eso lo es y muy dignamente, lo que también tiene su mérito.

· 2012
Roland Emmerich destrozando el mundo. Eso ya lo había hecho, pensaréis. Pues lo vuelve a hacer. Y aunque de vez en cuando no viene mal un ejercicio de sana destrucción, ésta vez hay un inconveniente más: dura 158 minutos. Más de dos horas y media. Si fuera un divertimento de hora y media, indudablemente sería mucho mejor. Cuando ves otra vez una escena con un perro salvándose por los pelos de la destrucción, concluyes que, como era de esperar, es mejor ver de nuevo Independence Day que perder el tiempo con este episodio de la destrucción planetaria. Porque la destrucción más interesante ya la hemos visto en el trailer y la película sólo añade chlicés, chistes malos, personajes y situaciones de lo más inverosímil y a veces incluso repetitivas y una supuesta diversión que está vacía de contenido y de ideas. Sorprende ver a actores de reputación por aquí, pero supongo que de algo hay que comer. Y que tiemble Obama: otra vez el planeta se hunde con un presidente negro en la Casa Blanca.

· EL IMAGINARIO DEL DOCTOR PARNASSUS
Dos eran las razones para ver esta película, un Terry Gilliam desatado en uno de sus universos de fantasía y la última actuación del fallecido Heath Ledger, después de que el mundo entero se asombrara con su Joker en El Caballero Oscuro. Y uno se queda con una sensación extraña. ¿El motivo? Que lo que mejor funciona es lo que no estaba previsto, la argucia argumental con la que Gilliam completa los pasajes que Ledger no pudo rodar por su muerte (le sustituyen, con más o menos acierto pero con bastante interés, Johnny Depp, Jude Law y Collin Farrell; el mejor, como era de esperar, el primero). La parte de fantasía funciona mucho mejor que la parte del mundo real, y esa es justo en la que apenas interviene el desaparecido actor. Eso no es culpa suya, por supuesto. Un peldaño más en el imaginario de Gilliam que sabe a poco pero que gustará a sus incondicionales. Pero se le podía haber sacado más jugo a la apuesta del Doctor Parnassus y a ese mundo dentro del espejo.

· DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS
Spike Jonze no es precisamente un director que haga películas fáciles y Donde viven los monstruos no lo es. Una buena historia a medio camino entre el cuento infantil y un cine con moral consigue el objetivo a medias. Entretiene y puede hacer que el espectador piense (si pone bastante de su parte), pero visualmente no me acaba de llegar. Quizá Jonze usa una paleta de colores demasiado oscura para un mundo en el que el chaval protagonista tiene que ser un rey feliz. Quizá era lo que buscaba su director y es una interpretación equivocada de este espectador. Quizá hubiera funcionado mejor de otra forma. O con otro director más habituado a trabajar en mundos tan explícitamente fantasiosos (Cómo ser John Malkovich tenía elementos así, pero estaba anclada en el mundo real). Y mientras tanto la película se ha pasado. Y no se ha pasado mal, pero deja menos poso del que me hubiera gustado.