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jueves, marzo 11, 2010

'Shutter Island': Scorsese en plena forma busca guión a la altura

Martin Scorsese lleva ya unos años en plena forma como cineasta. Siempre ha sido muy grande, con pequeñas excepciones como Kundun (a la que, francamente, no le encuentro más punto de interés que sus hermosas localizaciones), pero en este momento de su carrera maneja la cámara y todo lo que se mueve por delante del objetivo con una madurez espectacular. No tiene ya, obviamente, la capacidad de sorpresa de sus grandes obras, Taxi Driver y Toro salvaje en sus primeros años o Casino y Uno de los nuestros un tiempo más tarde. Pero a Scorsese se le ve en condiciones de mostrarnos algo así, una obra maestra que haga Historia. La lástima es que lleva tiempo sin encontrar una historia y un guión que le permita demostrar toda la genialidad que lleva dentro y toda la madurez como cineasta que es capaz de mostrar. Se intuye grandeza, pero no termina de llegar plenamente. No estuvo lejos en Infiltrados, pero Shutter Island, con todo lo bueno que encierra, es un pequeño paso atrás no en la carrera de Scorsese porque la película vale, pero sí en esa carrera por volver a ver al mejor Scorsese.

La culpa es del guión de su última película, que no está a la altura de su prodigioso arranque, de las expectactivas que genera y del genio tras la cámara. Lamentablemente, y a poco que el espectador sea algo observador, el único reto que ofrece el guión es cuánto se va a tardar en desentrañar el misterio que sirve de base a la película. Pistas hay desde la primera secuencia (insisto, brillante, tensa y magnífica secuencia, llena de detalles, información y sutilezas visuales y sonoras). El guión, por tanto, no sólo no es un reto sino que se convierte en todo lo contrario. Es una invitación a presenciar durante dos horas una historia que es fácil saber en qué desemboca. Y como la principal arma que utiliza es el suspense, la película queda algo desvirtuada. Pero ahí aparece Scorsese al rescate. Como decía, su dominio de la cámara y del montaje es impresionante. Suele serlo, pero aquí incluso por encima de la media que viene marcando en trayectoria que ya abarca cinco décadas.

Es esa maestría del director lo que hace que el mejor personaje de la película sea el escenario de la misma: una isla alejada del mundo real que esconde un peculiar hospital psiquiátrico. A él llegan dos agentes judiciales que tienen como misión encontrar a una reclusa que ha desaparecido sin que nadie sepa muy bien cómo. No conviene contar mucho más de la trama, porque a partir de ahí se corre el riesgo de revelar demasiado o de apuntar pistas que permitan resolver el misterio (fácil de resolver, insisto, e incluso con alguna que otra torpeza difícil de explicar una vez llegados al final de la historia). Pero sí es importante destacar la importancia de las localizaciones en el prodigioso ambiente de misterio que crea Shutter Island. Y no sólo la isla, sino también el resto de escenarios que se usan en la película a través de los sueños y recuerdos de protagonista, un Leonardo DiCaprio que, probablemente gracias a Scorsese, ha adquitido oficio como actor en los últimos años (pero que, también es cierto, se ha encasillado en un tipo de papel muy definido).

Y quizá esa sensación de que ya le hemos visto en papeles similares hace que su personaje pierda algo de fuerza y la mirada del espectador se vea obligada a buscar otros puntos de interés. Y los hay. El primero, como decía, es la isla, es el psiquiátrico, es el conjunto de los pabellones y pasillos, los acantilados y el faro. En su conjunto, un personaje más. Pero después uno mira a dos grandes actores con papeles algo irregulares, Max von Sydow y Ben Kingsley (no acaban de funcionar los cambios de orientación en sus acciones y motivaciones, pero ambos tienen muy buenas escenas). Incluso a Mark Ruffalo, que aporta más de lo que parece en un buen papel, alejado de registros como el que mostró en Zodiac (una referencia más que oportuna, pues Shutter Island estuvo a punto de ser una película del director de aquella, David Fincher). Incluso Michelle Williams (que interpreta a la mujer del personaje interpretado por Leonardo DiCaprio) aporta buenas dosis de misterio y tensión desde los recuerdos del agente protagonista. Y la música, que engancha desde el principio y encaja a la perfección en las imágenes a pesar de no tratarse de composiciones no escritas para la película.

La valoración que se pueda hacer del resto de elementos de la película y de la película en sí misma, en realidad, dependerá mucho de lo que uno sienta en su interior tras descubrir lo que, teóricamente, tendría que dar sentido al desarrollo de la película. Cabe la posibilidad de que, conocida la resolución, el espectador piense que no ha merecido la pena estar dos horas delante de la pantalla. Incluso puede sentirse engañado. Yo no soy de esos. Yo vi una película fascinante realizada por un espléndido director. Con sus peros, desde luego, pero interesante de principio a fin. Hipnótica por momentos y demasiado transparente en otros. Pero Scorsese siempre merece la pena. A ver si encuentra el guión que le devuelva al Olimpo del cine, porque él ya lo está poniendo todo de su parte.