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viernes, agosto 21, 2015

'Cut Bank', lo predecible no quita lo valiente

Buceando entre la filmografía televisiva de Matt Shakman, que debuta en el mundo del largometraje con Cut Bank, no sorprende en absoluto que haya dos episodios de la versión de Fargo para la pequeña pantalla. Aunque sea desde un estilo diferente, la película de los hermanos Coen viene a ser un referente para Shakman a la hora de construir el universo de este su primer filme, un thriller que tiene su mayor defecto en que es bastante predecible, en que se puede anticipar buena parte de su desarrollo después de que se hayan puesto sobre la mesa todos los elementos y personajes, y en que estos son algo tópicos. Pero el caso es que la película se salva y consigue interesar porque el final es una vuelta de tuerca acertada y compensa lo previsible de la hora anterior, pero sobre todo porque el reparto está espléndido, sobre todo por sus nombres más veteranos, los de John Malkovich y Bruce Dern.

En realidad, no hay nada nuevo bajo el sol de Cut Bank. Su historia, que gira en torno a un asesinato (¿por qué añadir nada más si la propia película va desvelando información a partir del misterio?), involucra a una joven pareja (Liam Hemsworth y Teresa Palmer), al padre de ella (Billy Bob Thornton), al sheriff del pueblo (Malkovich), a su cartero (Bruce Dern) y a un extraño vecino que no se relaciona con nadie (Michael Stuhlbarg). Una vez planteado el misterio, no hay que ser demasiado avispado para saber cómo va a terminar. Falta por aclaraer un pequeño detalle, un mcguffin sugerente que Shakman emplea con bastante habilidad, y un epílogo igualmente atractivo, pero el resto se ve venir a la legua. Dado el gran número de elementos tópicos que introduce la película, es difícil que su recorrido no vaya exactamente por donde lo hace. Ese es, con diferencia, el mayor lastre del filme.

Pero se puede olvidar porque los actores van consiguiendo que cada escena funcione por separado, dando una a ratos brillante cohesión a la historia, haciendo que se pase por alto que, en realidad, esto nos lo han contado una y mil veces. No importa que Malkovich sea el arquetípico sheriff de pueblo americano que en su vida ha visto un asesinato, que Stuhlbarg busque los caminos más habituales para generar inquietud con su presencia o que Hemsworth y Palmer cumplan con el arquetipo de pareja joven y guapa, en el fondo se siente que los actores están disfrutando con los personajes y eso eleva el nivel del resultado global. De esta forma, y aún con pleno conocimiento de que no hay nada verdaderamente original, la película se ve con bastante agrado, e incluso se admiten sus puntos más débiles y sus escenas más inverosímiles como algo razonable. Dern, Malkovic y Oliver Platt, en un pequeño papel, hacen además que los diálogos destaquen.

Quizá el problema es que, pensando en esa referencia de Fargo, Shakman no ha terminado de encontrar su propio camino. A veces da la impresión de que quiere buscar un reverso más explícitamente violento pero al momento siguiente soluciona una escena de ese tipo con una elipsis. A veces parece que quiere explorar la faceta más absurda y casi onírica, pero de repente cae en lo más costumbrista y predecible. Cut Bank es una película que no termina de romper pero que tampoco aburre. No le da tiempo a caer en la monotonía en sus 93 minutos, una duración correcta para un filme que al menos sabe contar una historia de una forma adecuada, manejando bien a sus personajes y prestando atención al detalle. Y sí, es bastante previsible, pero sin tomar el pelo a nadie. Malkovich, Dern y Platt son la mejor muestra de que la película es honesta y de que tiene puntos de interés.

viernes, febrero 07, 2014

'Nebraska', el mismo Alexander Payne de siempre

Alexander Payne es uno de los niños mimados de Hollywood. Película que hace, película por la que se vuelve loca la Academia. Nebraska no ha sido una excepción y sigue el camino que han venido marcado las películas que antes de ésta ya le habían reportado dos Oscars como guionista y otras tantas nominaciones como director. Al margen de premios y reconocimientos, Nebraska es puro Alexander Payne, con obsesiones y temas ya vistos en sus anteriores trabajos y cuya principal novedad es que está rodada en blanco y negro. Que sea el mismo Alexander Payne de siempre se puede interpretar de muchas maneras. El suyo es un cine humano pero que, a fuerza de buscar un significado mayor a lo cotidiano, acaba resultando algo insuficiente. Agradable, sin duda, porque construye sus personajes con habilidad, recurriendo al humor, pero no tan profundo como parece ser a simple vista. Lo mismo que, en realidad, le pasó a su alabada Los descendientes.

Payne vuelve a acercarse a la familia, como ya hiciera por ejemplo en Los descendientes, y a la vejez, como en A propósito de Schmidt. Y hay que reconocerle que sus aproximaciones a temas cotidianos son amables, entretenidas y realistas. Pero también que sus logros enmascaran una falta de fuerza y de ritmo, que rebajan bastante unas pretensiones que se antojan elevadas en la concepción de sus películas. Nebraska quiere ser una historia trascendente y casi siempre da la impresión de estar lejos de lograrlo. Nunca es molesta, no parece mal construida o mal llevada en ninguna escena, es una cinta agradable incluso en su retrato de la amargura, pero es menos de lo que quiere ser y, sobre todo, de lo que aparenta ser. Porque la piel de película independiente de trasfondo importante se le ha pegado a Payne desde hace muchos años, curiosamente desde la misma industria de la que él marca distancias con su cine, pero cabría preguntarse si realmente es tan trascendente como ansía ser.

Al final, las películas de Payne quedan fundamentalmente en manos de sus actores, y hay que reconocerle un buen ojo espléndido en este terreno, porque sus elecciones no suelen partir (George Clooney aparte) de la primera fila del estrellato hollywoodiense. En este caso, Bruce Dern es su protagonista y está brillante. Da vida a Woody Grant, un anciano que se ha empeñado en un propósito que le saque de su rutina, ir a Nebraska a reclamar un premio de un millón de dólares. Él ve como real lo que todo el mundo a su alrededor, desde su mujer hasta sus hijos, saben que es un engaño para que se suscriba a alguna revista. Pero aún así, su hijo menor, David (Will Forte), le acompañará en ese loco viaje que, finalmente, se convertirá en un exorcismo del pasado no sólo para Woody sino para toda su familia. Dern aporta humor, ternura, amargura y un amplio espectro de emociones. Y todos los que aparecen junto a él en pantalla se amoldan a su supremacía, incuestionable durante las dos horas que dura el filme.

El problema que algunos espectadores pueden tener con Nebraska, el que tiene el que esto suscribe, es que es fácil no encontrar la sustancia de lo que cuenta Payne. Es algo extensible a casi todas sus películas, que siempre dejan momentos impagables, escenas divertidas y grandes momentos dramáticos, pero que en conjunto saben a poco y adolecen de un objetivo claro. No creo que haya una respuesta sencilla para la pregunta de qué cuenta realmente Nebraska. Sin duda, quienes conecten con la historia podrán ofrecer una contestación y lo más probable es que esté realmente bien argumentada. Pero como el cine es una cuestión de sensibilidades y de la forma en que cada película llega al corazón de cada espectador, no todo el mundo llegará al mismo tiempo. Y desde este punto de vista, Nebraska entretiene pero no perdura, incluso disfrutando del enorme trabajo de Bruce Dern.