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lunes, junio 02, 2014

'Maléfica', un entretenido cuento que cambia para mayor gloria de Angelina

Puestos a ver debacles por todas partes cuando Hollywood reinterpreta, reescribe o rebootea (valga el término inventado) historias clásicas, Maléfica se sostiene bastante bien, probablemente mejor de lo que muchos esperaban. No es el cuento clásico de Disney de La Bella Durmiente ni tampoco la fábula original, sino que el filme cambia elementos a su antojo para mayor gloria de Angelina Jolie, motor, alma y aspecto de la película de principio a fin. Como en el Hollywood clásico, eso viene a implicar que el personaje, pese a la posición que ocupa en la cultura popular y a su tenebroso nombre, no puede ser malvado del todo. O, cuando lo sea, que tenga una motivación. Así, Angelina sí puede hacerlo. Eso y algunos aspectos bastante inverosímiles del guión, con personajes que desaparecen a conveniencia o a los que no se explica suficientemente bien, y algunos aspectos casi azucarados de puro edulcorados que están, forma lo más negativo. ¿Lo positivo? Un aspecto intachable, el carisma de sus dos protagonistas y un magnífico ritmo.

Y es que uno de los retos más complejos a la hora de hacer una película de este estilo es que lo que se ve en pantalla funcione. Así, una de las lecciones que deja Maléfica es que la sencillez más clásica triunfa sobre lo digital. Las imágenes generadas por ordenador, cuando se emplean para entornos tan grandilocuentes como los que aparecen aquí, no funcionan con demasiado brillantez. Cumplen y lucen, pero parecen artificiales, a veces casi de dibujos animados. Pero poned a Maléfica en pantalla, especialmente con su look más siniestro, con su simple presencia o unos modestos efectos vaporosos de color verde, y nada parece imposible. Por eso funcionan los aspectos más siniestros de la película y los planos con los que el debutante Robert Stromberg (experto creador de efectos visuales) busca con más claridad esa impresión visual instantánea. La propia Angelina Jolie, también productora de la película, colabora eficazmente para la construcción de esa espectacular imagen de la película.

Claro que también es obligado decir que su presencia condiciona el filme en todos los sentidos imaginables. Eso quiere decir que la historia tiene que ser a su medida. Y por eso la villana no puede ser tan mala. Otro reto para la película, dulcificar a una clásica villana de Disney. El guión de Linda Woolverton, con experiencia en el mundo Disney, lidia francamente bien con esa transición, mucho mejor de lo que cabía esperar, y es ahí donde consigue algunas de las escenas más emocionantes de la película, sobre todo aquellas en las que aparece Aurora, la Bella Durmiente del cuento, interpretada por una ilimitadamente encantadora Elle Fanning, cuya simple presencia basta para asumir que, efectivamente, estamos en un cuento de hadas. Sin embargo, Woolverton no sale triunfadora de todos los problemas a los que tiene que hacer frente y algunas motivaciones, algunos personajes y algunas situaciones se le escapan de las manos con bastante facilidad. Y el ejemplo perfecto está en casi todo lo que aparece relacionado con las alas de Maléfica.

La compensación a estos problemas está en el formidable ritmo que Stromberg da a la película, con unos ajustados 97 minutos, bien ayudado por elementos técnicos y artísticos (merece la pena destacar la notable banda sonora la de James Newton Howard) y sobre todo por un reparto en el que Sharlto Copley parece el menos cómodo de todos sus integrantes (en parte porque el suyo es el personaje peor perfilado en el guión). Maléfica sale relativamente airosa, incluso triunfante en algunos momentos, porque es un buen entretenimiento, con sus errores y concesiones que no son nada ajenos a las modas que imperan en Hollywood, pero con suficientes elementos de interés como para que esas cuestiones no pesen demasiado. Al fin y al cabo, los cuentos hay que disfrutarlos y esta revisión de un personaje sobradamente conocido es sincero en su homenaje. Eso sí, no creo ser el único dispuesto a entregar mi reino por haber visto a una Maléfica de carne y hueso realmente malvada. Con todo, merece la pena. Siempre merece la pena ir a mundos de fábula como éste.

lunes, febrero 16, 2009

Dos genialidades más de Clint Eastwood

Clint Eastwood siempre ha sido una de mis debilidades. Como actor, siempre me gustó. Tenía un carisma especial, aunque muchos dijeron que lo suyo era una especie de no-actuación. Era el Hombre sin Nombre. Después fue Harry el Sucio. Y después se lanzó a dirigir. Con un clasicismo no exento de fuerza, me conquistó desde el principio. Y acumula ya un puñado de obras maestras que hacen que siga viendo sus películas como director con el mismo fervor con el que acudí a una sala de cine por primera vez para verla, en un lejano 1992 y con una película titulada Sin perdón. Con los años he recuperado el resto, pero aquella fue la primera. "Vamos a ver qué tal le ha quedado su ópera prima", decía irónicamente un compañero en el pase de prensa de Gran Torino. Y es que el muchacho tiene ya 78 añitos, pero parece que cada nueva película que estrena, y en pocos meses nos ha ofrecido dos, es la de su debut. Que nos dure muchos años porque hay gente que no se va a dar cuenta de lo grande que es hasta que no se nos vaya.

El intercambio es una pelícual que, a priori, engaña. A simple vista, parece el típico vehículo para el lucimiento de una actriz. Angelina Jolie lleva años intercalando proyectos de lo más comercial con otros que le den status de intérprete seria, y el papel de una madre que denuncia que el niño que le han devuelto tras ser secuestrado no es su hijo (una historia real, lo que sobrecoge aún más) encaja a la perfección en esta categoría. Pero si alguien cree que El intercambio es sólo la interpretación (bastante correcta, todo hay que decirlo, aunque yo siga sin ver nada extraordinario en esta actriz) de Angelina Jolie, se equivoca. Y como muestra, hay que decir que en las tres escenas más impactantes y logradas de la cinta, (el interrogatorio a un niño, clave para desentrañar el misterio; la vista contra el capitán de policía que se resiste a creer a la protagonista; y la ejecución... sin más) el protagonismo no descansa en la actriz, que incluso no aparece en la primera de esas escenas.

Al margen de la valoración que pueda merecer Jolie, El intercambio es una apasionante historia sobre el reto humano que supone vivir el secuestro de un hijo, pero también es un hábil retrato sobre la brutalidad policial (que abarca mucho más que salir a las calles con las porras y las pistolas). La mezcla de ambas tramas enriquece la película hasta convertirla en una apasionante historia cruzada, magníficamente rodada y, sobre todo, magistralmente montada. Además de la interpretación simple sobre el protagonismo de Jolie, también se corre cierto peligro de pensar que la película es demasiado larga. Un ritmo (premeditadamente) pausado y muchos posibles finales pueden acentuar esa sensación. Pero Clint Eastwood se mueve con maestría en ese terreno. Cuando uno piensa que la película va a acabar, el director añade una nueva escena llena de fuerza, siempre necesaria para comprender toda la dimensión del relato.

Eastwood trata aquí de reinventarse a sí mismo en cierta medida en su forma de rodar. Y lo consigue con el magnífico uso que hace del montaje. No cuenta la historia de forma lineal. Primero abre una segunda trama cuando la película parece abocada a quedarse instalada en el seguimiento de una madre coraje. No terminan de tener una cohesión absoluta ambas líneas (al menos hasta el tramo final), pero sí suficiente para que la película funcione de maravilla. Y después con el uso de los flashbacks. Duros y violentos, magníficamente narrados y fotografiados. Si a esto añadimos una dirección clásica y eficaz y un gran trabajo de los actores secundarios, sólo se puede decir que estamos ante una muy buena película. Quizá no de las mejores de Clint Eastwood como director (el listón está alto con peliculones como Bird, Sin Perdón, Mystic River o Million dollar baby), pero muy buena al fin y al cabo. Mejor de lo esperado.

Y sólo un par de meses después de El intercambio llega Gran Torino. Me he pasado meses pensando que ésta iba a ser, de entre las dos, la obra maestra de Clint Eastwood. Y no me equivoqué. Quizás menosprecie lo que iba a ser El intercambio, pero con Gran Torino las expectativas se cumplen. Eastwood ha asegurado que ésta será la última vez que aparezca en la pantalla, la última vez que actuará en una de sus películas. Y no se me ocurre mejor forma de despedirse que con un personaje ya mítico como este Walter Kowalski, un veterano de la guerra de Corea que, como dice en la película uno de sus hijos, sigue viviendo en los años 50, sin entender los muchos cambios generacionales y culturales que se han producido a su alrededor en las últimas décadas, carcomido por la culpa y solitario, muy solitario. Es, probablemente, la mejor interpretación que ha hecho nunca Clint Eastwood. Sobrio, humano y a la vez muy emocionante.
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Gran Torino (título que hace referencia al coche de 1972 que el personaje de Eastwood mima con tanto cariño, más que el que demuestra para con las personas durante buena parte del metraje) deja un puñado de escenas memorables, que se mueven entre la sonrisa y el drama, entre la tensión y casi la comedia. No oculta en ningún momento que estamos ante una película, dura, trágica incluso, pero real como la vida misma. Es curioso que Clint Eastwood, todo un mito americano y un personaje que en los 70 algunos confundieron con un neofascista, sea uno de los directores que mejor ha sabido interpretar en el cine moderno la multiculturalidad en los Estados Unidos de hoy en día (terreno que se preparó, aunque pueda no parecerlo por ser una cinta ambientada en la Segunda Guerra Mundial, con la magistral Cartas desde Iwo Jima). Porque ese es uno de los temas de esta película. Sólo uno de ellos, pues es tan rica que abarca muchos debates, desde las relaciones familiares hasta el conocimiento de uno mismo, pasando por lo que sabemos de la vida y la muerte.
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Espléndidamente filmada y narrada, Gran Torino quizá sea una película más propia de unas décadas atrás que del moderno cine que nos acecha, y por eso tiene tanto valor. Un clásico como Eastwood que rueda como lo hacían sus maestros y que sigue enganchando a las audiencias contemporáneas. Y que, además, es capaz de rodar sus películas en un espacio de tiempo muy reducido. Porque sabe lo que quiere y cómo lo quiere, y por eso, cuando su personaje llora en la pantalla (en una de las mejores escenas que ha rodado nunca Eastwood), el espectador se siente arrastrado a llorar con él. Quizá aquí tenga alguna laguna en el guión más acentuada que en El intercambio y quizá la sencillez con la que rueda este genio haga pensar a algunos que se trata de un filme demasiado simple. Quizá. Para mí, Gran Torino es una joya. Una más de Clint Eastwood. Larga vida para él...

viernes, marzo 09, 2007

Clint EEastwood dirigirá a Angelina Jolie en su próxima película

Clint Eastwood ya tiene nuevo proyecto. Se trata de The Changeling, una película basada en sucesos reales acontecidos en Los Ángeles en los años 20. Y el nombre que se da ya por seguro para encabezar el reparto es el de Angelina Jolie. La actriz daría vida a una mujer que ve como secuestran a su hijo y se lo devuelven al poco tiempo. Pero ella comienza a sospechar que el pequeño que tiene ahora en sus manos no es su hijo. Se habla de una trama de corrupción en la Policía de Los Ángeles, pero habrá que esperar para conocer más detalles sobre la película.

Tras el díptico sobre la Segunda Guerra Mundial que ha hecho Eastwood con Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, y esas dos obras maestras que fueron Million Dollar Baby y Mystic River, da la sensación de que el viejo Clint ha decidido darse un respiro y volver a una clase de película que sea más entretenimiento que otra cosa, del tipo de Deuda de sangre o Poder absoluto. Aunque, ¿quién sabe? Con Clint Eastwood uno puede esperarse una maravilla más sea cual sea el proyecto...
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Para Jolie, trabajar con Eastwood es una gran oportunidad y como tal debiera tomárselo. No porque necesite hacerse un hueco en Hollywood, que ya lo tiene y no sólo por haberse convertido en la mujer de Brad Pitt. Pero sí para demostrar que es una actriz. No recuerdo una sola película de Angelina Jolie que me haya entusiasmado, a pesar de que ya tiene incluso un Oscar (como secundaria en Inocencia interrumpida), y aunque tendría que revisar mi videoteca creo que no tengo ni una sola de sus películas. A ver si Eastwood es capaz de sacar las dotes interpretativas de la Jolie.