La boda de mi mejor amiga fue la anterior película de Paul Feig como director. Quizá eso pueda indicar a mucha gente el tipo de amor que ofrece Cuerpos especiales. Sin embargo, también es necesario advertir de que esta buddy movie femenina con Sandra Bullock y de nuevo Melissa McCarthy como protagonistas no da la impresión de que vaya a alcanzar un nivel de fama parecido al de La boda de mi mejor amiga. Su gran problema es que pasa por ser una comedia y, en realidad, apenas hace gracia. Algún pequeño detalle, sí, pero eso no salva un filme de 117 minutos, fallido y sumamente intrascendente incluso dentro del género al que quiere representar gracias a un guión que no sabe aprovechar las tampoco demasiadas ocasiones en las que podría haberse convertido en algo más gamberro y disfrutable, y que acaba siendo una película sumamente predecible que sólo disfrutarán los fans de las dos actrices protagonistas.
Por supuesto, la apreciación que cada espectador tenga de ellas, de Sandra Bullock y de Melissa McCarthy, condicionará bastante el juicio personal sobre la película. El que esto suscribe no siente especial pasión por ninguna de las dos (aunque después de ver Cuerpos especiales procede admirar aún más el portentoso trabajo de Bullock en Gravity), por lo que falta un punto de entusiasmo que seguramente es necesario para encontrar algo más en esta película. La química entre ambas no es demasiado visible porque el guión de Katie Dipold apuesta por el antagonismo más sencillo e inverosímil. Los dos personajes protagonistas chocan absolutamente en todo (incluso en el físico) y se convierten en estereotipos imposibles que, por muchas cosas que sucedan en las dos horas de película, no puede ser tan fácil que encuentren el inevitable punto de encuentro.
Obviamente, estamos ante una buddy movie, y es cierto que no hay demasiados títulos de este subgénero con una pareja protagonista femenina, pero ese detalle, por muy agradecido que pueda ser en un guión, no hace que el resultado final sea mejor. Parte de sus premisas habituales para confrontar a los dos personajes pero esquiva el toque realista que hace funcionar a las mejores películas de este estilo. Opuestos sí, pero no caricaturas que, además, se convierten en roles demasiado repetitivos. El punto de inflexión de la trama, la escena en el bar, no termina de hilar satisfactoriamente sus dos partes, la del enfrentamiento abierto entre las formas de trabajar de la agente del FBI neoyorquina que interpreta Bullock y la agente de Policía de Boston a la que da vida McCarthy y la de la reconciliación absoluta de sus formas de ser y ver las cosas desde sus notables diferencias.
Pero el gran problema que tiene Cuerpos especiales es que, por desgracia, no es divertida. Quiere serlo, lo intenta, se nota lo que quiere explorar para serlo, pero no lo consigue prácticamente en ningún momento. No es una exageración decir que la escena más divertida es el epílogo de la película con el gato, y para entonces es bastante probable que el espectador haya renunciado a conectar con la propuesta. Y además la historia es sumamente endeble, poniendo a McCarthy en una situación de repetición casi constante y a Bullock en un escenario que está bastante lejos de dominar, aunque ya haya hecho comedias como Miss agente especial. Quizá por ahí, pensando en ese precedente de Bullock o en el buen recuerdo que tengan algunos espectadores de La boda de mi mejor amiga, se le pueda encontrar la gracia a la película, porque de otro modo se antoja francamente difícil.
