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lunes, septiembre 23, 2013

'Justin y la espada del valor', la animación española aguanta el tirón

Si cabía la posibilidad de empezar a considerar la existencia, solvencia y futuro de una industria de la animación española después del éxito de Las aventuras de Tadeo Jones, la clave tenía que ser Justin y la espada del valor. Y si aquella era un producto muy entretenido y pensado para los más pequeños, éste, apadrinado por Antonio Banderas, no se queda atrás en absoluto. Justin es una atractiva aventura medieval, quizá demasiado modernizada en cuanto actitudes y lenguaje de algunos personajes, pero muy bien animada, correcta en su desarrollo y con las clásicas lecciones de comportamiento que inevitablemente se cuelan en los productos de dibujos animados. Y como sigue una línea con muchos antecedentes, puede que le falte algo del atrevimiento que le hubiera gustado al espectador más adulto, incluso para dar algo más de protagonismo al punto de partida inicial, pero el conjunto es suficientemente satisfactorio para los niños y para los no tan niños.

¿Y cuál es ese punto de partida? Muy sencillo: los caballeros han desaparecido, han sido prohibidos por la reina y han sido sustituidos por los abogados. Sus normas agobian a la población (espectacular el gag triple de la niña en esa primera escena) y hacen de las peleas con armas algo del pasado. Quizá lo más negativo de la película, y no es en realidad un problema demasiado grande, está en que ese planteamiento no dura más allá de la escena inicial. Sí, luego queda el derivado enfrentamiento generacional entre Justin, que quiere seguir los pasos de su abuelo como caballero, y su padre, que desea que siga los suyos como abogado, pero el toque social que emana del arranque del filme no vuelve a tocarse y la película pasa a ser, sin duda de forma consciente, un divertimento infantil con los habituales toques de humor para un público más adulto. Nada que reprochar por ese lado, pero ¿para cuándo una película de dibujos animados que ahonde en temas sociales de una forma más audaz y no sólo como parte de su planteamiento?

Lo que sigue es un canon agradable en el mundo de la animación. El héroe con dudas, la chica ya nunca en apuros (Talia) que no sólo le ayudará en su misión sino que buscará su amor, el mentor (aquí mentores: Legantir el mago, Blucher el caballero y Braulio el sabio) a los que seguir y de los que aprender, el villano (Heraclio) como héroe caído y vinculado al protagonista a través de su familia y de sus sueños... El desarrollo está muy centrado en la aventura y en la comedia. Lo primero funciona a la perfección, porque las escenas están muy bien planificadas, porque la animación es espléndida y porque los personajes encajan en todo momento. Pero en la comedia no está todo tan claro. En ocasiones es difícil justificar la exageración de un personaje como Sota (aunque es cierto que hay un gran momento cómico de Talia a su costa y por este motivo) y la parte del dragón está cogida con pinzas... pese a ser una secuencia admirablemente animada. Y es que sucede a menudo en la película que sus puntos más débiles se rescatan por otros motivos, con lo que el resultado final es aún más agradecido.

Manuel Sicilia, que ya había dirigido El lince perdido (también con la supervisión de Banderas), se suma así a la lista de nombres a tener en cuenta en la animación española. Vista la película en versión doblada, y abrumado todavía por el alocado divertimento que (se) ha proporcionado el propio Banderas prestando su voz al falso caballero Sir Clorex, se agradece que la película no caiga en el recurso al famoseo no actor. Pero también hay que decir que da cierta envidia ver que en la versión en inglés participan actores como Charles Dance, Rupert Everett, Alfred Molina, Mark Strong o Saoirse Ronan. En cualquiera de las dos versiones, Justin y la espada del valor es una más que correcta aventura animada, sin nada que envidiar técnicamente a buena parte de las producciones norteamericanas que llegan a nuestros cines y con muchos elementos a disfrutar. Es lo que es, cumple con lo que promete y no engaña a nadie. ¿Se puede pedir más? Pues a disfrutar.

miércoles, marzo 28, 2012

'Indomable', imposible cuadratura del círculo

Steven Soderbergh es un director que siempre busca rizar el rizo. Siempre busca algo diferente, rompedor y definitivo. Da igual de qué vayan sus películas. Se le puede reconocer, pero no es necesariamente un mérito. Con Indomable da la impresión de que quiere hacer la historia definitiva del supersoldado de operaciones encubiertas traicionado, pero con la vuelta de tuerca adicional que supone que la protagonista sea una mujer. Una mujer que en la vida real es una luchadora y no una actriz, lo que destroza sus opciones dramáticas y abre campo en las peleas que Soderbergh registra con su cámara. Ambas cosas no pueden ser y, de hecho, no son. Como tampoco puede ser que en cada una de las películas de este director haya un conjunto de actores famosos que estén dispuestos a dar lo mejor de sí mismos. Tampoco es en Indomable. Y si todo eso se reúne bajo un guión inverosímil, repetitivo y hasta cierto punto absurdo, el resultado es una imposible cuadratura del círculo que deja al espectador tan frío como un cadáver.

El objetivo fundamental de Soberbergh en Indomable, el único que realmente alcanza, es crear una película de acción diferente en el que todas las peleas sean en planos largos, todo sucede en cámara y no por efecto de un bombardeo en el montaje o el trabajo de los especialistas. La primera pelea sorprende por ese motivo. Es dinámica, emocionante, sucia, real pero cargada de la irrealidad de las películas, y la figura de Gina Carano, su principal protagonista, crece en atractivo visual con una especie de ballet violento. La segunda pelea repite el esquema. La tercera ya comienza a cansar, no por falta de elementos de interés en sí misma sino por una inevitable sensación de repetición, por muy diferentes que sean el escenario, los movimientos y el rival. Y la cuarta, la que tendría que haber sido la más espectacular por tratarse del clímax de la película, directamente nos la omite Soderbergh, sabedor seguramente de que ya ha perdido el efecto de la sorpresa. Cuando acaba la película, el único motivo para la satisfacción está, de hecho, en las peleas.

Si esto es así es porque Soderbergh no se detiene en otra cosa que no sea el despliegue físico de Carano, una atleta profesional que, como decía, encandila con sus movimientos pero chirría en la película como actriz. Muchísimo. Cuando no pelea, da la sensación de estar interpretando una acotación del guión que pone "mirada intensa". Y lo peor de todo es que esa sensación no se tiene porque el reparto de caras conocidas que desfila por la película den lo mejor de sí mismos. Al contrario. Antonio Banderas y Michael Douglas son los que mejor parados salen de sus minúsculos papeles (la película no llega a 90 minutos y, como decía, tiene abundantes peleas que se llevan buena parte del metraje), más por clase que por el desarrollo de sus personajes. Pero ni Michael Fassbender ni Ewan McGregor, por supuesto no Channing Tatum a pesar de que no desencaje su aspecto en el papel que tiene, logran ser medianamente convincentes. Y así seguimos hilando con los defectos de la película para dar con el principal lastre de Indomable, un guión inane y poco convincente a pesar de la habitual estructura que quiere guardarse una sorpresa para el final (y que Soderbergh usó, sin ir más lejos, en su película más reciente, Contagio).

Es evidente que la historia, como tantas otras películas similares, requiere un esfuerzo de ingenuidad del espectador, pero aquí el exceso parece descomunal (sobre todo si hay que creerse que a la protagonista le es realmente útil contarle su historia a un ciudadano anónimo... sin que se sepa en realidad muy bien por qué o para qué). En realidad, parece que Soderbergh se ha buscado una excusa poco elaborada para colocar a Gina Carano como protagonista de su filme (¿por qué resulta tan difícil en el cine moderno crear una heroína atractiva, y no hablo del físico, en una película que funcione se tenga o no materia prima para hacerla creíble?) y para rodar en localizaciones exóticas para el espectador americano como Barcelona o Dublín, porque todo lo demás sabe a poco o directamente no sabe a nada. Soderbergh insiste en marcar distancia con los géneros que trata en busca de la película definitiva, pero a mí no consigue provocarme ninguna emoción. Y también confirma algo que deja ver incluso cuando sí consigue que una película funcione, como Traffic: que los finales no son lo suyo.

jueves, noviembre 24, 2011

'El Gato con Botas', una reunión de viejos amigos


Va una de esas afirmaciones que necesitan de una explicación posterior. Quizá la mala fama que en algunos círculos tiene el cine de animación procede de películas como El Gato con Botas. Que nadie se asuste, que no estamos ante una mala película ni un desastre insalvable, ni mucho menos. Cumple, entretiene, a veces divierte. Pero es que su fórmula es la misma que llevamos viendo muchos años en el cine de animación. Exactamente la misma. Y, siendo esto un spin-off de la saga de Shreck, el agotamiento es mucho mayor, porque acarrera con el lastre de las dos últimas entregas de la saga del ogro verde, emblema de la animación de Dreamworks, y que comenzaron a hacerse ya pesadas. El Gato con Botas es mejor que aquellas dos, pero no tiene la capacidad de sorpresa del primer Shrek. Antonio Banderas disfruta dando vida al gato protagonista, y parece haberse tomado la película como una reunión de viejos amigos que se lo pasan bomba haciendo una película. Se reúne, de hecho, con Salma Hayek. Y con el Gato. Y con el mismo público de siempre. Porque El Gato con Botas tendrá público, ese que simplemente disfruta de hora y media entretenida sin pedirle nada más a lo que ve.

Las sospechas sobre lo que podía deparar esta película son legítimas desde el principio. El Gato con Botas, como personaje, era de lo mejor que había en las tres secuelas de Shrek (puede que lo mejor de la cuarta a pesar de su reducidísimo papel en ésta), por lo que las noticias sobre este spin-off eran la evidencia de que, agotadísima la vía del ogro, había que seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro (ironías de la vida, algo de eso hay en la historia de este filme). Su responsable es Chris Miller, quien debuta en la dirección en solitario después de haber sido codirector de Shrek Tercero, precisamente el título en el que se empezó a notar un bajón tremendo en la saga. Otro viejo amigo con el que reunise, en todo caso. Y a la tarea se suma Guillermo del Toro como productor (¡incluso reservándose dos personajes a los que poner voz en la versión original de la película!). Si a eso unimos que la pareja protagonista es la que hizo Desperado haya por el lejano 1995 bajo las órdenes de Robert Rodríguez (y El mexicano en 2003), se acentúa la sensación previa de que vamos a ver un producto más divertido para quienes lo han realizado que para quienes lo ven desde ua sala de cine. Eso se cumple en buena medida, aunque, insisto, El Gato con Botas es un entretenimiento decente.

La historia bebe de lo previsible en una película de dibujos animados. Un viejo amigo traicionado, una mujer (o gata, que para el caso es lo mismo en una película de animación infantil, la que coge prestada la voz de Salma Hayek) que no es lo que parece, luchas y persecuciones trepidantes, final feliz... En fin, lo esperado. Después de un prólogo más o menos esperable, entramos en la historia: lo que el Gato con Botas y sus compañeros de viaje van a buscar son las judías mágicas que permiten llegar hasta el castillo en las nubes para así robar al ganso de los huevos de oro. Es decir, el mismo entorno mágico de cuento que planteaba Shrek, pero visto desde una óptica ligeramente diferente. Y aquí es donde Antonio Banderas se reencuentra con otro viejo amigo, porque casi da la sensación de que lo que se pretende hacer es una película más del Zorro: el ambiente del oeste más mexicano, la música de Henry Jackman influenciadísima por la banda sonora de James Horner para La máscara del Zorro... Lo malo es que, siendo como parece una derivación del Zorro, falta lo que más ganas hay de ver: un buen combate de espadas. Combates hay de todo tipo (¡incluso de baile!), pero falta éste.

Pero, como decía, la historia entretiene. Y sabemos que funciona, porque es el esquema mil veces visto, pero está bien ejecutado, con un buen acabado de animación (no hay que esperar menos de uno de los estudios punteros en este mundo... por muy lejos que esté de Pixar) y con algún momento muy divertido (hay un gato en segundo plano, que cierra además la película, y que es lo más divertido que tiene el filme en sus contadas apariciones sin necesidad de pronunciar una sola palabra) y alguna idea muy salvaje (jabalíes demoníacos tirando de un carruaje o un claro homenaje final a las películas de monstruos de los años 50 y 60). En definitiva, El Gato con Botas es una entretenida película de animación, que seguro hará las delicias de los más pequeños (aunque el 3D, una vez más, me vuelve a parecer superfluo), en la que merece la pena escuchar la voz de un Antonio Banderas divertido y juguetón (mejor en la versión original, que hay juegos de palabras en castellano francamente divertidos) y en el que, sin demasiadas exigencias, se pueden echar unas pocas risas. No es en absoluto un paso adelante de la animación, ni una película que se gane al pase al olimpo de los dibujos animados. Pero, sí, entretiene, si se ve con los ojos adecuados.